¡Gracias, voluntarios!

PardoArtigasFrancescMons. Francesc Pardo i Artigas          Vosotros, voluntarios, sois servidores del todo necesarios para la Iglesia y para la sociedad.

Durante estos últimos días he pensado con frecuencia en vosotros. Primero, en Cracovia, durante la Jornada Mundial de la Juventud, cuando el papa Francisco se dirigió a los miles de voluntarios de todo el mundo que colaboraron en la Jornada. Sus palabras me hicieron pensar en vuestro trabajo, que he vivido y conocido durante el pasado curso. También en la visita pastoral me han recordado expresiones que algunos de vosotros habéis escuchado: “Y tú, ¿cuánto cobras por hacer de catequista, o por trabajar en Caritas, o por limpiar la iglesia o por hacer de monitor/a en colonias?”. Y últimamente, preparando las prioridades pastorales para este curso he pensado y me he dado cuenta de que sin los voluntarios nuestra misión al servicio de las parroquias, de pueblos y ciudades sería imposible.

En relación a la pregunta sobre el cobro por vuestros servicios, siempre debe responderse con humildad y buen humor: “Si la Iglesia, las parroquias, tuvieran que pagarnos, ya haría tiempo que habrían bajado las persianas por suspensión de pagos”.

He leído el discurso que el papa dirigió a los voluntarios de la Jornada Mundial, y me ha parecido oportuno recordar algunas de las afirmaciones porque os pueden ayudar y animar en vuestra misión.

En la escena de la visitación de María a su prima Isabel se ofrece un icono del voluntariado cristiano. Destaquemos tres actitudes de María que pueden ayudaros en vuestro servicio: escuchar, decidir y actuar.

– Escuchar. Ciertamente debemos escuchar a Jesucristo cuando nos dice: “Tengo hambre, sed, estoy enfermo, no tengo trabajo, ni vivienda, ni formación; estoy abandonado… y también no tienen quien les hable de mí y de mi propuesta de Vida y de los dones que ofrezco. ¿Quién los acogerá, amará, hablará, curará, visitará, animará en mi nombre?”. Pero, al mismo tiempo, hay que escuchar a cada persona y  los hechos concretos de la vida, captando su significado más profundo. Son una invitación.

– Decidir. Debemos escuchar, reflexionar y dar un paso al frente, es decir, decidir. Hay que hacerlo ante las decisiones más importantes de la vida, pero también ante las más sencillas de cada día, que son las que hacen posibles las decisiones más fundamentales. Con frecuencia es difícil tomar decisiones, y a menudo las retrasamos o dejamos que sean los demás quienes las tomen por nosotros. Pese a que ya sabemos que debemos decidir, tenemos un cierto temor a ir contracorriente, a complicarnos la vida, al que dirán. Debemos decidir asumiendo el riesgo, sabiendo que no estamos solos, dado que Jesús está con nosotros.

– Actuar. Recordemos que María se pone en camino para ayudar a Isabel, no para que le digan que es una buena persona, sino para ser útil, para servir.  Cuando servimos, cuando actuamos realizando obras de misericordia, no lo hacemos para conseguir honores y reconocimientos, para ser bien considerados, sino porque las personas lo necesitan, porque las queremos, porque Jesús se identifica y porque servir nos realiza.

Recordemos que todo servicio es necesario, desde el más sencillo “ofrecer un vaso de agua” al más importante… Y hacerlo siempre con sencillez y humildad.

Siempre hemos de actuar con convencimiento, ya que, tal como dijo el Papa: “quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Voluntarios: ¡Servid para vivir y para ofrecer vida!”.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 396 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.