Sal de tu tierra

Mons. Enrique Benavent          El próximo domingo celebraremos en toda la Iglesia el día del Domund. Esta jornada fue instituida por el Papa Pío XI en el año 1926, con el fin de sensibilizar a todos los católicos en la necesidad de apoyar el anuncio del Evangelio entre aquellos que no conocen a Jesucristo, de ayudar a las nuevas iglesias que iban surgiendo en los países de misión y de despertar la conciencia misionera en todo el Pueblo de Dios.

Después de 90 años de celebración hemos de agradecer a Dios los frutos que ha producido esta jornada anual: un mayor conocimiento de la actividad de los misioneros; la convicción de que la misión no es algo que afecte únicamente a los religiosos, religiosas o sacerdotes, sino a todos los bautizados; la presencia cada vez más numerosa de los laicos en las misiones; la cooperación económica y espiritual de los católicos con los misioneros, etc…

La celebración del Domund ha tenido también un efecto positivo no sólo dentro de la Iglesia, sino también en la sociedad europea: gracias al conocimiento del trabajo de los misioneros y misioneras Europa se ha sensibilizado ante los problemas y situaciones de muchos pueblos que antes nos quedaban muy lejanos. Estoy convencido de que la Iglesia Católica ha abierto los ojos del viejo continente a las necesidades de los países más pobres, que generalmente coinciden con aquellos en los que el Evangelio todavía no se había anunciado. El Domund está en el origen del sentimiento de solidaridad con los pueblos más pobres del mundo, que hoy está presente en amplios sectores de nuestra sociedad.

El lema de este año (Sal de tu tierra) está en sintonía con la insistencia del Papa Francisco en que seamos una Iglesia en salida. La misión implica salir de la propia tierra para abrirse al ancho horizonte de nuestro mundo con el fin de anunciar el Evangelio. Se trata de un salir, es decir, de un dejar todo aquello que nos da confianza y seguridad, para ir a anunciar el Evangelio y ayudar a otras iglesias y comunidades cristianas más necesitadas que las nuestras. Ese salir de la propia tierra implica sacrificar las comodidades, renunciar a muchas de las cosas que hacen confortable nuestra vida, alejarse de las personas a las que nos sentimos unidos por vínculos de amistad y afecto.

Quien sale arriesga. Cuando hemos conocido a algún misionero, hemos podido constatar que no van a lugares donde se vive mejor a aquí. Su vocación les lleva a vivir pobremente entre los pobres, a asumir ciertos hábitos de vida que en nuestros países están superados, a abrirse a nuevas culturas y costumbres que no son las nuestras. Y todo ello lo hacen no por sí mismos, sino por el deseo de anunciar a Jesucristo y ponerse al servicio de los hermanos. Cualquier persona de buena voluntad no puede más que admirarse ante el testimonio de tantos cristianos y cristianas que con generosidad han entregado su vida en tierras lejanas al servicio del Evangelio y de los más pobres.

La misión es una obra de todos los bautizados en comunión con el Papa. Por ello, os pido que seamos generosos en nuestro apoyo económico a la actividad misionera de la Iglesia, coordinada por el Santo Padre a través de las Obras Misionales Pontificas, y que en la catequesis y en nuestras parroquias fomentemos el sentido misionero.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.