El reto de la educación de los hijos

Mons. Carlos Escribano            La vuelta al colegio de nuestros pequeños y jóvenes, acaecida las pasadas semanas, vuelve a introducir a nuestras familias en la rutina propia que viene marcada por el curso escolar.

Seguro que los padres y los abuelos estáis en muchas ocasiones disfrutando del arranque del curso, pasado el susto inicial no solo para los más pequeños, viendo las inquietudes de los chavales y la ilusión que es bueno que pongan, en la aventura de este nuevo curso que comienzan.

Vuestros hijos e hijas van creciendo, sin casi daros cuenta. Estoy convencido que como familia cristiana también os estáis marcando retos para conseguir que su educación sea realmente adecuada y les ayude a construir un proyecto de vida que les haga ciertamente felices.

Iluminar ese gran reto es tarea de todos. Principalmente vuestro, queridos padres y madres. Pero la Iglesia también quiere estar cerca de vosotros y acompañaros en esa apasionante labor educativa. Por eso, es de agradecer la preocupación del Papa Francisco por la educación de los más jóvenes de nuestra sociedad y de nuestras familias. Como muchos de vosotros sabéis, el día de San José de este año, el Papa Francisco regaló a la Iglesia su segunda Exhortación Apostólica postsinodal “Amoris Laetitia”, después de la “Evangelii Gaudium”. Es un escrito largamente esperado después de la celebración, en dos años consecutivos, de sendos Sínodos de los Obispos sobre la familia. Es un documento largo, rico, llenos de matices y de propuestas pastorales, cargado de ternura y misericordia y, como el mismo afirma, con los pies en el suelo (Cfr. Amoris Laetitia (AL 6). En él, el Papa nos recuerda algo que quizá nuestra propia experiencia personal nos ha permitido constatar y que es bueno no dejarlo caer en saco roto: “La familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que se aprende el buen uso de la libertad. Hay inclinaciones desarrolladas en la niñez, que impregnan la intimidad de una persona y permanecen toda la vida como una emotividad favorable hacia un valor o como un rechazo espontáneo de determinados comportamientos. Muchas personas actúan toda la vida de una determinada manera porque consideran valioso ese modo de actuar que se incorporó en ellos desde la infancia, como por ósmosis: «A mí me enseñaron así»; «eso es lo que me inculcaron»”. (AL 274).

El capítulo 7 de este documento trata especialmente sobre la educación de los hijos como gran tarea de la familia cristiana. Es curioso ver que comienza el desarrollo con unas preguntas muy incisivas a las familias de hoy: “Entonces la gran cuestión no es dónde está el hijo físicamente, con quién está en este momento, sino dónde está en un sentido existencial, dónde está posicionado desde el punto de vista de sus convicciones, de sus objetivos, de sus deseos, de su proyecto de vida. Por eso, las preguntas que hago a los padres son: «¿Intentamos comprender “dónde” están los hijos realmente en su camino? ¿Dónde está realmente su alma, lo sabemos? Y, sobre todo, ¿queremos saberlo?»”.

Contestar a esas preguntas conlleva cuidar aspectos fundamentales en el proceso educativo de nuestros hijos, que para la familia cristiana se convierte en una rica y compleja tarea. La atención a la formación ética de las nuevas generaciones, el cuidado de la vida familiar como contexto educativo, el valor de la sanción como estímulo a la hora de forjar la personalidad de nuestros chavales, el paciente realismo, la educación al amor o la trasmisión de la fe en la familia, son aspectos que el Papa propone para llevar adelante esta preciosa tarea (cfr. AL 259-290).

En este comienzo de curso os animo queridas familias a cuidar, con ilusión renovada, la educación de vuestros hijos e hijas. Que la Sagrada Familia de Nazaret os ayude en esta preciosa tarea.

+ Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.