El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas            El capítulo noveno de la Exhortación Apostólica Postsinodal La alegría del amor, último de este documento, es el más breve de todos, pero es igualmente rico de contenido y de sugerencias prácticas. Está dedicado a tratar de la espiritualidad propia de la vida matrimonial y familiar.

Se ocupa, pues, de algunas características propias de la vida cristiana de los esposos y de los miembros de una familia: su modo de vivir la fe cristiana, común a todo bautizado, presenta unas notas particulares, que permiten al Papa hablar de “espiritualidad matrimonial y familiar”

El discurso sobre esta peculiar espiritualidad se abre con dos afirmaciones rotundas, fundamentales que constituyen el inicio y el final del número 316: el matrimonio es un auténtico camino de santificación para los esposos; en él los esposos pueden alcanzar la plenitud de la vida cristiana. El número citado inicia así: “Una comunión familiar bien vivida es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la comunión íntima con Dios”; y termina con estas otras: “Quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística”. La importancia de una y otra afirmación del Papa no puede pasarse por alto. El matrimonio y la vida familiar constituyen un verdadero camino de santidad. De hecho están abiertos varios procesos de canonización de esposos cristianos poniendo de relieve, ya desde el inicio, su condición de tales, de esposos, como queriendo subrayar que se trata de personas cuya condición eclesial es justamente la de ser “esposo/a”, “padres de familia”, perfectamente equiparable, en cuanto condición eclesial, a la de sacerdote, misionero, religioso o virgen.

La afirmación conclusiva del citado número de la Exhortación destaca que por ese camino de santificación que es el matrimonio y la vida familiar se puede alcanzar la cumbre de la “unión mística”, una “unión íntima con Dios”. Lejos de ser obstáculos para una vida santa, el matrimonio y la familia son camino de vida cristiana que puede llevar a la plenitud de la misma, a alcanzar un grado de perfección eximia, a la santidad, para decirlo con un sola palabra. Son afirmaciones que, seguramente, llenarán de alegría y esperanza el corazón de los esposos.

Si la espiritualidad de los laicos reviste notas que derivan precisamente de su concreta situación o condición en el mundo y en la Iglesia, no pocas de esas notas o características brotan de su estado matrimonial, del hecho de existir en la Iglesia como esposo/a, miembro integrante de una familia. Como dice el Papa, las preocupaciones familiares no son “algo ajeno a su estilo de vida espiritual” (n. 313)

La posibilidad de la santidad en el matrimonio radica en el hecho de que la Ssma. Trinidad no sólo habita en el corazón de la persona singular en gracia, sino que también “está  presente en el templo de la comunión matrimonial”, “vive íntimamente en el amor conyugal que le da gloria”. El amor matrimonial genuino es manifestación o revelación del amor intratrinitario y así rinde gloria a Dios (n. 314).

El amor de los esposos, la comunión estrechísima que instaura entre ellos, el vínculo que los une, debe constituir la atmosfera en que vive el matrimonio y la familia. La espiritualidad propia de uno y otro se alimenta de los gestos reales y concretos en los que toma cuerpo el amor matrimonial y familiar. No sólo; esos gestos, concreción del amor, hacen posible que ese amor vaya creciendo y madurando;  logra que esos gestos se multipliquen y, sobre todo, que ganen en calidad humana y sobrenatural. Concluyo con unas palabras del Pontífice que resumen lo que llevamos dicho hasta ahora: “la espiritualidad matrimonial, dice, es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino”, del amor humano poseído, de algún modo por el amor de Dios.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
Acerca de Mons. José María Yanguas 173 Articles
Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).