‘Los otros nueve, ¿dónde están?

Mons. Juan José Asenjo            El Evangelio de este domingo nos narra la curación de los diez leprosos en los compases finales de la vida pública de Jesús. De ellos, sólo uno vuelve a dar gracias a Jesús después de su curación.

En esta, como en otras muchas ocasiones, en las que Jesús aparece curando a los enfermos, librando a los endemoniados o resucitando a los muertos, se nos muestra como una persona cercana a los dolores y sufrimientos de sus semejantes. No sólo se conmueve, sino que actúa eficazmente, en este caso, curando a los diez leprosos apenas conoce su situación.

Como a Jesús, también a nosotros nos salen al encuentro cada día muchos hermanos que sufren enfermedades físicas o psíquicas, hambre, soledad, paro, carencia de un hogar y tantas situaciones de sufrimiento que todos conocemos.

El Evangelio de este domingo nos dice que no basta la compasión. El ejemplo de Jesús nos pide no pasar de largo ante las necesidades de nuestro prójimo. La generosidad con los pobres, la disponibilidad para compartir nuestros bienes y brindar consuelo y esperanza a los que sufren, es algo exigido por nuestra común filiación: todos somos hijos de Dios y, en consecuencia, hermanos. Es algo exigido también por nuestra participación en la Eucaristía, sacramento de unidad y exigencia firmísima de fraternidad.

En la primera lectura de este domingo se narra la curación de la lepra de Naamán el sirio por el profeta Eliseo y, en el Evangelio, la curación de los diez leprosos por la palabra y el poder de Jesús. Cuando los Santos Padres interpretan estos pasajes, ven en ellos una alusión simbólica al pecado y al sacramento de la penitencia y nos vienen a decir que lo que la lepra es para el cuerpo, eso mismo es el pecado para el alma.

El pecado es siempre una ofensa a Dios, un envilecimiento propio y supone siempre una merma de la vitalidad y del dinamismo del Cuerpo Místico de Jesucristo. De ahí que tengamos que luchar contra el pecado y contra el oscurecimiento de los valores morales, que es uno de los dramas más grandes de nuestro tiempo.

En la curación de Naamán y de los diez leprosos, ven los Santos Padres el anuncio del sacramento de la penitencia, que Jesús instituirá después de su resurrección, un sacramento tan hermoso, como poco apreciado hoy por muchos cristianos.

Se ha dicho muchas veces en los últimos años que hoy los cristianos comulgan más, pero confiesan menos. Las razones de esta actitud son la pérdida de la conciencia de pecado, que lleva a muchas personas a decir que no se confiesan porque ellos no pecan. Otros afirman que no necesitan confesarse con el sacerdote porque se confiesan con Dios, actitud que es contraria a la voluntad de Jesús.

Las dos posturas son equivocadas. Todos efectivamente somos pecadores. Todos nos equivocamos muchas veces y todos tenemos que entonar cada día el “Yo pecador”. Y es verdad que es Dios quien perdona, porque Él es el ofendido. Por ello, es necesario el arrepentimiento y la contricción. Pero es necesario declarar nuestras faltas al sacerdote, porque ésta es la voluntad de Jesús, quien en la tarde de su resurrección dice a los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdóneis los pecados, les quedan perdonados y a quienes se los retuviéreis le quedan retenidos”.

Las lecturas de este domingo nos invitan a valorar el sacramento del perdón, de la paz, de la alegría y del reencuentro con Dios. La confesión frecuente, bien preparada, con verdadero arrepentimiento de nuestras faltas, es un medio extraordinario para crecer en fidelidad al Señor.

Las lecturas de este domingo destacan además otro aspecto básico en nuestra vida cristiana: el agradecimiento a Dios, de quien hemos recibido todo lo que somos y tenemos y de quien recibimos cada día todos los dones naturales y sobrenaturales. El sirio Naamán da gracias a Eliseo y al Dios de Israel por su curación. En el Evangelio, Jesús contrapone la actitud de los nueve leprosos judíos, que se olvidan de darle gracias por su curación, y la actitud del samaritano, que “volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús dándole gracias”.

Dar gracias a Dios cada día debe ser una actitud elemental del cristiano, pues nada de lo que somos y tenemos es nuestro, sino que es pura gracia de Dios. Nuestra familia, nuestros amigos,, nuestros talentos y capacidades, el hecho de haber nacido en un país cristiano y en una familia cristiana, que a los pocos días de nuestro nacimiento pidió para nosotros a la Iglesia el bautismo, el hecho de perseverar en la fe y en la fidelidad al Señor, todo ello es puro don de Dios. Por ello, la expresión “gracias a Dios” debería estar siempre en nuestra boca, porque cada paso que damos en nuestra vida es con la ayuda de la gracia de Dios.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

 

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".