«Los otros nueve, ¿dónde están?»

Mons. César Franco           El evangelio de hoy narra la curación de diez leprosos. Es una escena que describe muy bien la situación de los leprosos en tiempo de Jesús.

No podían entrar en ciudades y pueblos, debían mantenerse a distancia de las personas, gritando fuertemente «impuro, impuro» para hacer notar su presencia. Por supuesto, estaban separados del culto sinagogal y quien se atreviera a tocar a un leproso se hacía igualmente impuro y no podía asistir al culto sin purificarse. Cuando un leproso se sanaba, debía acudir a los sacerdotes que verificaban la curación y le declaraban «puro» para poder reanudar la vida social y religiosa.

Cuando los diez leprosos ven a Jesús, que tenía fama de taumaturgo, se pararon a lo lejos y le gritaron: «Maestro, ten compasión de nosotros». Jesús no les cura de inmediato sino que les envía a los sacerdotes. Por el camino quedaron limpios de la lepra y sólo uno de ellos, al verse curado, se volvió hacia Jesús alabando a Dios con grandes gritos, según dice el evangelio. Había entendido que Jesús le había curado y su respuesta fue el agradecimiento. El evangelista subraya que era un samaritano, dando así a entender que los demás eran judíos. Este dato no es mera anécdota, pues es sabido que judíos y samaritanos eran enemigos irreconciliables. Al destacar este dato, el evangelista, que se dirige a cristianos procedentes de la gentilidad, critica indirectamente a los otros nueve leprosos que, olvidándose del milagro, siguen su camino para presentarse a los sacerdotes. Las palabras de Jesús son muy expresivas: «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».

Dar gloria a Dios y agradecer sus dones son las actitudes más espontáneas de quienes han obtenido su favor. El leproso curado se arroja a los pies de Cristo, rostro en tierra, para agradecerle la curación. Es la imagen viva de la gratitud. También la Magdalena besó sus pies y los ungió con perfume, urgida por la gratitud. Y tantos hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, se han postrado a los pies de Cristo para darle gracias por su compasión.

Los cristianos, como los judíos de tiempo de Jesús, estamos tan acostumbrados a sentirnos pueblo de Dios, que, con mucha frecuencia, olvidamos la acción de gracias. Somos como los amantes atrapados por la rutina que en raras ocasiones se dan las gracias por el amor recibido. Creen que todo se les debe. Incluso el amor, que es la mayor gracia que se nos puede conceder. Olvidamos que todos hemos sido curados de una lepra mortal, el pecado. Y hemos sido curados porque uno de nosotros, Cristo, el Hijo de Dios, ha asumido todas nuestras dolencias y enfermedades. En un musical sobre Cristo, hay una escena conmovedora, en la que se acercan a Jesús todo tipo de enfermos, pobres y excluidos, y se abalanzan sobre él para tocarlo y abrazarlo hasta que Cristo desaparece mezclado entre los que representan la miseria humana. La compasión de Cristo, según el profeta Isaías, consiste en haberse echado a sus espaldas todo el mal del mundo, los innombrables pecados de la humanidad para compadecernos y sanarnos. Nos hemos acostumbrado a esta compasión de Cristo y llegamos a pensar que se nos debía, que teníamos derecho a ser curados. No volvemos atrás, como el samaritano, dando gritos de alegría, para agradecer a Cristo su amor libre y gratuito. La queja de Jesús nos interpela con todo el dolor que reflejan sus palabras a causa de la ingratitud, pues la Iglesia se convierte, quizás sin advertirlo, en una comunidad de desagradecidos: «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?»

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).