Los mártires de Nembra, cuatro nuevo beatos para la Iglesia en Asturias

Este sábado 8 de octubre la diócesis de Oviedo acogerá la primera beatificación de su historia. No serán los primeros mártires beatos asturianos, pero sí los primeros cuyo rito de beatificación tendrá lugar en la Catedral de Oviedo.

A las 11 de la mañana, y en el transcurso de una eucaristía, el Cardenal Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. Angelo Amato, leerá el texto papal por el cual los Siervos de Dios Genaro Fueyo, Antonio González, Isidro Fernández y Segundo Alonso, pasarán a formar parte del nomenclátor de los beatos. A partir de entonces, la diócesis pasará a tener una fiesta más, la del 21 de octubre, memoria litúrgica de los mártires de Nembra. A la ceremonia acudirán los Obispos de la Provincia Eclesiástica y los asturianos, los familiares de los mártires –sólo queda un hijo de Isidro–, y los representantes mundiales, nacionales y diocesanos de la Adoración Nocturna, a la que pertenecían los cuatro. El domingo el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz presidirá en Covadonga una misa de Acción de Gracias a las 12:00 h.

En el año 1991, Luis Fernández acudió a la sede del Arzobispado de Oviedo. Quería contar la historia de su padre, Segundo, de un amigo de éste, Isidro, y de un sacerdote, Genaro Fueyo, que habían sido asesinados en la iglesia de su pueblo, Nembra, el 21 de octubre de 1936. Habían muerto con fama de mártires, y así lo había asumido su familia, amigos y tantos conocidos, a través de los años. Era un tema complejo, delicado, y durante mucho tiempo silenciado para no reabrir heridas. Sin embargo, pasados casi sesenta años, dieron un paso al frente y probaron la posibilidad de que su caso fuera estudiado a fondo, y saber definitivamente si, tal y como tantas personas recordaban, los tres habían muerto por causas exclusivamente religiosas, como mártires, es decir, por odio a la fe.

Los documentos y los testimonios que se aportaron en un primer momento fueron aprobados, y la diócesis dió su visto bueno. Sin embargo, no se trataba de una causa promovida por la Iglesia, sino por los propios familiares. Así, en el año 1997 dio comienzo lo que se conoce como “fase diocesana” de la causa, en la que se recopilaron testimonios y documentación suficiente como para poder probar que realmente su muerte no obedeció a causas políticas o ideológicas, sino exclusivamente religiosas, y que, además, fallecieron perdonando a sus verdugos. En el año 2000 finalizó la fase diocesana, y la causa pasó a Roma. Dieciséis años más tarde,  concretamente el pasado mes de enero, el Papa Francisco aprobaba el Decreto de Martirio de los mártires de Nembra. En el camino se jubiló el postulador, fallecieron la mayoría de los descendientes directos de los mártires, pero permaneció la persona que más a fondo estudió esta causa –y otras muchas acerca de la persecución religiosa del clero en Asturias– y que creyó, en el año 2000, recién depositada la Causa en Roma, que no llegaría vivo para ver beatos a los de Nembra. Se trata del sacerdote diocesano Ángel Garralda –de 92 años de edad–.

Él había sido nombrado Vicepostulador de la causa, y en el año 1995 publicó el libro “Los mártires de Nembra” –del que se está preparando la segunda edición–, resultado de un laborioso proceso de investigación. “Me dijeron que lo primero que tenía que hacer era una biografía, y así lo hice”, afirma.

Nembra era, en aquellos tiempos de los años 30, un pueblo de unos mil habitantes. De todos ellos, alrededor de un centenar llegaron a ser religiosos, eran muy frecuentes las familias donde había algún miembro fraile, sacerdote o monja. La Adoración Nocturna se encontraba especialmente arraigada, así como el Sindicato Católico, fundado al abrigo de la Hullera Española.
Segundo Alonso e Isidro Fernández, así como Antonio González estaban especialmente comprometidos con la Adoración Nocturna, siendo uno el presidente, otro el tesorero y el último el responsable de los Tarsicios, o sección infantil, respectivamente.

Don Genaro, el párroco, es descrito por Ángel Garralda como un hombre “de cierta talla física y de rostro amable, que llevaba más de treinta años en Nembra. Un hombre amigo siempre de los pobres y propulsor de muchas vocaciones religiosas, porque muchos de los consagrados a Dios que tenía Nembra repartidos por el mundo eran obra conseguida gracias a este párroco, y también gracias a un hermano suyo, maestro en el pueblo, y que daba clase a los hijos de los mineros en el Sindicato Católico”.
El autor del libro “Los mártires de Nembra” ha afirmado siempre que encuentra similitudes entre el martirio que sufrió San Melchor de Quirós y el que padecieron los mártires de Nembra, dándose la casualidad de que Segundo Alonso tenía hermanos dominicos precisamente en las tierras en las que fue apresado San Melchor –Tonkín, hoy, norte de Vietnam–,  teniendo en cuenta que el santo de Quirós fue martirizado en presencia de sus dos mejores discípulos, exhortándoles a que mantuvieran la fortaleza y la fe, y al mismo tiempo, el párroco de Nembra pidió ser asesinado el último para poder acompañar a dos de sus mejores colaboradores, Segundo e Isidro, en la misma iglesia en la que durante tantos años había bautizado, casado y ayudado a crecer en la fe a varias generaciones.

El rito de beatificación

El próximo sábado tendrá lugar la beatificación de los Mártires de Nembra en la Catedral de Oviedo, a las 11:00 horas de la mañana, con la presencia del Cardenal Mons. Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Será la primera vez en nuestra diócesis que tenga lugar una celebración de este tipo, que históricamente tenían lugar en Roma. En el año 2005, siendo Papa Benedicto XVI, la citada Congregación hizo público un comunicado en el que se disponía que los ritos de beatificación, por norma general, se celebrarían en las diócesis que promovieran la Causa, o en la que se considerara más conveniente en cada caso. Roma, por tanto, quedaría reservada para las canonizaciones, en ceremonias presididas por el Pontífice.

La de este sábado, en la Catedral de Oviedo, será una ceremonia que transcurrirá dentro de la celebración de la Eucaristía. Al comienzo de la misma, tendrá lugar la lectura, por parte del representante del Papa –el Cardenal Angelo Amato– la carta papal en la que se dispone que sean llamados beatos los que hasta ese momento eran los Siervos de Dios Genaro, Isidro, Segundo y Antonio.

“El rito de beatificación propiamente –explica el sacerdote José Luis González, Delegado episcopal de Liturgia–, comienza cuando el Arzobispo pide al representante del Papa que se incorporen los Siervos de Dios al nomenclátor de los beatos, y seguidamente se hace una sucinta narración de cómo fue el martirio de los cuatro”. “Una vez finalizado esto –prosigue– uno de los diáconos anuncia que el señor cardenal va a leer la carta papal; después, se descubre el cuadro –estará presente el lienzo pintado por Juan Luis Valera– y se introducen las reliquias de los mártires, que serán portadas en la Caja de las Ágatas, al pie del cuadro, sobre unos soportes construidos ex profeso. Las reliquias las portará un diácono, que irá acompañado por ocho seminaristas con cuatro ramas de laurel y cuatro lámparas, como símbolos de luz y de victoria”.

A la ceremonia acudirán los familiares, entre los que se encuentra el único descendiente directo de los cuatro, Enrique Fernández, hijo de Isidro. A sus 85 años, Enrique se emociona pensando en el momento que vivirá el próximo sábado, recordando también a su madre, que se quedó viuda con siete hijos –el mayor de 11 años–, y especialmente a sus tres hermanos religiosos, entre ellos, M.ª Luisa, religiosa del Santo Ángel que apoyó intensamente la Causa de Martirio de su padre. El sábado se recordarán las palabras de su padre a sus hermanos Darío y Luis, en la cárcel, poco antes de morir: “Habréis de perdonar como yo les perdono, de todo corazón”.

(Arzobispado de Oviedo)

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