Testigos de la acción de Dios

Mons. Eusebio Hernández            Queridos hermanos y amigos: En las lecturas de la Misa de este domingo debemos subrayar el aspecto de agradecimiento y alabanza a Dios por su acción en nosotros. Lo vemos en la primera lectura (Segundo libro de los Reyes 5,14-17) y se vuelve a repetir en el Evangelio (Lucas 17,11-19)

Frente a esta actitud de alabanza nos choca la ingratitud de aquellos que habiendo sido curados por el Señor de la lepra, no vuelven a darle gracias: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios.

La acción milagrosa de Jesús ha sido la misma en los diez leprosos, ya que todos ellos han sido curados de la terrible enfermedad. Jesús ha escuchado y acogido la súplica que le han dirigido: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

El texto del Evangelio señala que aquel que vuelve agradecido a Jesús era unsamaritano, es decir uno que no pertenecía al pueblo de Israel. Lo mismo que en la primera lectura, Naamán que es de Siria, por lo tano paganos.

En ambos dos se da, junto al milagro físico de ser curados de la enfermedad de la lepra, un milagro que podemos llamar espiritual; pues, no sólo se benefician siendo librados de su grave enfermedad, sino que reconocen la acción de Dios. Naamán confiesa después de ser curado: Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel; y el leproso samaritano agradecido vuelve a Jesús: viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

Nosotros muchas veces también dirigimos nuestras súplicas a Jesús por tantas cosas, le pedimos incluso con fe pero, quizás, después no tenemos el corazón agradecido de quien reconoce que todo es puro don de Dios. En el momento de la angustia o de la preocupación gritamos a Jesús como los leprosos: ten compasión de nosotros; y podemos decir que Él nos ha escuchado y ayudado, pero la rutina no nos hace abrir los ojos para agradecer de corazón y para descubrir que lo que el Señor quiere es cambiar nuestro corazón, darnos unos nuevos ojos que reconocen su obra y, sobre todo, su presencia que nos acompaña siempre.

Quien ante la acción de Dios en su vida tiene estos nuevos ojos se convierte en un evangelizador ya que, tener este corazón agradecido significa también dar testimonio público de los dones recibidos. El que se siente beneficiado por el Señor sabe que el don recibido no es sólo para él, sabe que lo recibido es untesoro para la comunidad a la que debe comunicar la gracia recibida.

Más aún, un corazón agradecido por la obra de Dios, desea que su amor sea conocido por todos para que todos puedan participar de la acción del Señor en el corazón de todo ser humano.

En este año, en el que todos estamos trabajando juntos por un nuevo impuso evangelizador en nuestra Iglesia diocesana, es ésta una dimensión que no podemos olvidar. La evangelización no sólo consiste en métodos y programaciones, que son necesarios; la evangelización consiste sobre todo en transformar nuestro corazón, crear unos nuevos ojos en nuestro espíritu para testimoniar lo que Dios ha hecho en nosotros.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.