Las virtudes son la savia que alimentan los valores

Mons. Francisco Pérez              Hay toda una tendencia actual en la que se habla de valores. Es muy común escuchar: “Se han perdido los valores o en tal familia se cuida el valor de la honradez…”

Y así sucesivamente vamos observando que un ambiente, una sociedad, avanza o retrocede en la medida que se vivan o se devalúen los valores. Creo que la definición mejor de valor es la palabra virtud. La virtud tiene como disposición permanente y fundamental el poder realizar el bien. Evitar el mal y realizar el bien es la esencia y el cimiento de la auténtica moral. La familia bien concienciada y atenta a los valores que debe inculcar, es una familia excelente. El bien se ha de hacer pero con humildad.

Hay un principio espiritual que nos ayudará a construir relaciones humanas y sacaremos provecho de ello: “No te enorgullezcas de tus buenas obras, porque los juicios de Dios difieren mucho de los juicios humanos; muchas veces lo que es grato a los hombres disgusta a Dios… Aunque haya en ti cosas buenas, piensa que puede haberlas mejores en los demás: así mantendrás tu humildad” (T.H. Kempis, Libro I, cap.7, n.9 y 10). La carrera del humanismo/espiritual camina con estas experiencias tan esenciales. Los valores se pueden convertir en una hermosa pintura externa si no tienen como sustento las virtudes que vienen a ser como la savia en las plantas.

Fundamentalmente cuatro son las virtudes, que como el gozne que sostiene la puerta o la ventana, así ellas sostienen el movimiento humano y lo ennoblecen. Se denominan las virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. La Sagrada Escritura elogia y habla de ellas en muchos momentos. Posteriormente las ciencias filosóficas y las teológicas van profundizando en estas virtudes que dinamizan la madurez humana. La educación humana y cristiana sostienen, con estas virtudes, los puntos claves que orientan los pasos tanto personales como sociales hacia una mayor realización de la experiencia relacional.

La prudencia es la “regla recta de la acción” (Santo Tomás, s. th. 2-2, 47,2). También se la llama la auriga de las virtudes como quien las conduce indicándoles el camino a recorrer para no desviarse. La prudencia no quiere decir timidez y doblez, más bien es saber actuar con la sabiduría de quien sabe estar en la verdad y actúa responsablemente. Hay un proverbio que dice: “Nadie prueba la profundidad del río con ambos píes”. Todo en la vida requiere reposo, reflexión y cordura de la mente. Actuar sin criterio puede convertirse en una hoja que está al socaire de todos los vientos. Por eso los grandes sabios dirán que la prudencia no hace nada si no conviene y no dice nada si no es verdad.

La justicia, dice el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 1807), es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le es debido. La justicia para con Dios es llamada la virtud de la religión. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común.

La fortaleza es otra virtud que ayuda a estar firme ante las dificultades. Me hace pensar en los misioneros cuando se encuentran en ámbitos de miseria, de guerra y de contrariedades. Bien viven lo que decía Jesucristo: “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Es significativa la experiencia de Santa Teresa de Calcuta: “Cuando el sufrimiento se abate sobre nuestras vidas, deberíamos aceptarlo con una sonrisa. Este es el don más grande de Dios: tener el coraje de aceptar todo lo que nos manda y pide con una sonrisa” (La alegría de darse a los demás, Ediciones Paulinas, Madrid, 1980).

La templanza es muy importante para quien desea ser equilibrado. Cuando el hierro se mete en la fragua necesita templarse para ser más fuerte, por el contrario si no se templa se rompe y no resiste. La resistencia espiritual tiene el nombre de templanza. Cuando se ama de verdad se entrega con un amor entero, total y firme. Se doblega pero no se rompe. Solemos decir qué persona más templada. Es auténtica y no se vende por nada, ni por nadie.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).