Cardenal Sistach: «Cuantas más pegas pone el Estado a la libertad religiosa, más conflictos se dan en la sociedad»

El Aula Magna del Seminario Metropolitano de Oviedo acogió, el pasado 26 de septiembre, el acto de inauguración del Curso Académico 2016-2107 para los centros de formación teológica de la diócesis, que estuvo presidido por nuestro Arzobispo, Mons. Jesús Sanz, y que contó con la presencia del Arzobispo emérito de Barcelona, Cardenal Luis Martínez Sistach.

La celebración comenzó con una eucaristía en la Capilla Mayor del Seminario. En el transcurso de la misma, Mons. Sanz habló sobre la misericordia y su relación con el estudio de la teología. “El misterio de Dios tiene que ver con el misterio del hombre –dijo- y en su encrucijada podemos aprender la entraña de ese Dios de corazón tierno y compasivo, y podemos aprender también la correspondencia que hay entre Él y la situación de dureza y violencia que vive la humanidad en cada generación”.

Al finalizar la misa, los participantes se dirigieron al Aula Magna del Seminario, donde tuvo lugar, en un primer momento, la lectura de la Memoria del pasado año académico. Posteriormente, el Delegado episcopal de Cultura y Nueva Evangelización, Fernando Llenín, dio paso a la conferencia del invitado, Mons. Martínez Sistach, quien habló sobre “La laicidad positiva del Estado al servicio de la sociedad multirreligiosa”. Un tema, según el cardenal, “muy actual, especialmente en Europa occidental pero presente también, de una forma u otra, en el resto del mundo”.

“Hoy en día se dan muchas manifestaciones concretas –apuntó– que señalan el paso de la laicidad al laicismo: reducir la presencia de la religión en los templos, impedir que los creyentes puedan manifestarse, sacar del ámbito público y social los signos religiosos, o reducir la presencia de las religiones bajo el pretexto de mantener una paz social”. “La Iglesia –afirmó– necesita y pide un régimen político de auténtica libertad religiosa: no solicita ninguna otra cosa cuando esto es auténticamente real”.

Centrándose en nuestro país,  afirmó que el Concilio Vaticano II ayudó mucho a nuestra transición política, y en este sentido “la Constitución española de 1978 no apostó ni por una España católica  ni laica, sino por un estado aconfesional”, una “solución innovadora”. Así, según la Constitución “el Estado comprende que la presencia y la potenciación de los valores religiosos son beneficiosos para el bien común de la sociedad española”. El Estado “no está obligado a asumir la fe de la mayoría sociológica del pueblo español. Pero sí debe tenerlo en cuenta, y reconocer que la gran mayoría de los españoles profesa la religión católica”. “Además –dijo– es importante reconocer que la Iglesia presta un servicio muy importante a la sociedad. Y para percatarse de ello bastaría pensar qué sería de nuestras ciudades sin la presencia de las iglesias, las congregaciones, la atención a los ancianos, a los enfermos, a la enseñanza, la cultura. Serían en general unas ciudades muy pobres, deshumanizadas y con graves problemas sociales”.

“La sociedad española –recordó el cardenal– no es laica, ya que en ella conviven ciudadanos de diferentes confesiones religiosas. Los acuerdos entre Santa Sede y el Estado español, así como las leyes que hay entre judíos, musulmanes y protestantes no son privilegios, sino un instrumento jurídico que armoniza con la libertad religiosa  y –advirtió– el problema fundamental del laicismo consiste en que piensa y quiere organizar una sociedad que no existe, que no es la real”. “Muchos de nuestros contemporáneos no quieren que las religiones expresen con convicción sus creencias. El proselitismo, efectivamente, debe ser rechazado, pero no debe ser identificado con la posibilidad de expresar las propias creencias y proponerlas, lo cual pertenece al ámbito de la libertad de expresión”.

Finalmente, el cardenal recordó que “entre libertad religiosa y paz social existe una correlación muy estrecha. Se ha demostrado que cuantas más pegas pone el Estado a la libertad religiosa, más conflictos se dan en la sociedad”.

(Arzobispado de Oviedo)

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