Nueva evangelización y caridad

Mons. Atilano Rodríguez           El amor cristiano no consiste solamente en la respuesta al mandamiento del amor, sino en la acogida del amor gratuito y apasionado que Dios tiene hacia cada ser humano y que se manifiesta plenamente en la vida y en la actuación de Jesucristo.

Esta experiencia del amor de Dios es imposible percibirla y mantenerla viva en el tiempo, si no se cuida especialmente la oración y la contemplación del misterio trinitario.

La acogida y la contemplación del amor de Dios, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, hace posible que los cristianos podamos anunciarlo y mostrarlo con verdad a nuestros semejantes. Por eso, para ser auténticos evangelizadores, además de anunciar y celebrar el amor divino en la liturgia, tenemos que concretarlo en la relación con los hermanos. La caridad se convierte así en un ámbito privilegiado de encuentro con los creyentes y con quienes no han tenido la dicha de conocer a Jesucristo.

Ahora bien, para ser auténticos evangelizadores, tampoco podemos conformarnos con la práctica de las obras de caridad y con la celebración del amor de Dios en la liturgia. Quien experimenta el amor de Dios en las celebraciones litúrgicas ha de anunciarlo con la palabra y con las obras a los demás. La caridad auténtica, además de manifestarse en nuestros gestos de amor a los hermanos, nos impulsa siempre a compartir con ellos el pan de la Palabra para hacerles partícipes de la misma y para ayudarles a establecer una relación directa con Dios.

En la práctica de la caridad, es preciso que todos asumamos que la evangelización es el mejor medio para la promoción más alta e integral de la persona. El anuncio y el testimonio de Jesucristo es el principal factor de desarrollo humano, puesto que la acogida y la puesta en práctica del amor de Dios hacen posible el desarrollo integral de todo ser humano. Si esto es así, en el impulso de la nueva evangelización, los sacerdotes, religiosos y cristianos laicos hemos de cuidar especialmente la actividad caritativa para traducir en gestos concretos la Palabra de Dios y para hacerla creíble.

Por supuesto, este modo de actuar no se improvisa ni surge espontáneamente, pues la  práctica del amor cristiano requiere siempre la formación integral de todos los bautizados. La formación hace posible cultivar no sólo los aspectos humanos y técnicos en la práctica de la caridad, sino los aspectos espirituales y pastorales. De un modo especial, los “agentes de caridad” han de cuidar la “formación del corazón”, que nace del encuentro frecuente con Jesucristo y que nos permite conocer con ojos de fe las necesidades de los hermanos y poner los medios adecuados para solucionarlas.

Esta “formación del corazón” hace posible que el amor de Dios, reglado por el Espíritu Santo, transforme nuestro corazón para ayudarnos a actuar siempre en sintonía con los sentimientos del corazón misericordioso y compasivo del Padre celestial. La compasión y la misericordia tienen que presidir y orientar siempre las relaciones y los comportamientos de quienes nos confesamos seguidores de Jesucristo con nuestros semejantes, especialmente en los momentos de dolor y sufrimiento.

Con mi sincero afecto, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
Acerca de Mons. Atilano Rodríguez 343 Articles
Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.