El rezo del rosario

Mons. Francesc Pardo i Artigas          El próximo día 7 celebramos la fiesta de la Virgen del Rosario. He reflexionado sobre el rezo del rosario. En ciertos ambientes cristianos se piensa que es un rezo del pasado y que hoy pueden ser otros, como por ejemplo el de vísperas.

Ciertamente que el rezo de vísperas, la plegaria litúrgica de toda la Iglesia, es muy importante para los monjes, cristianos de vida consagrada, sacerdotes, diáconos y para todo cristiano. Pero no es bueno contraponerlas menospreciando el rezo del rosario, que ha acompañado a tantas generaciones y que todavía bastantes de nosotros desgranamos muchos días.

En el siglo XII se difundió de manera particular entre los monjes cistercienses y cartujanos, dado que los llamados “conversos” no participaban en la liturgia de las horas, que se rezaba en latín, considerando el rosario una forma de rezo, que algunos llamaban “salterio de María”.

Permitidme algunos recuerdos personales:

–  En mis años de monaguillo el párroco nos hacía rezar el rosario, que yo encontraba muy largo, y por eso no rezaba las diez avemarías, sino que siempre me dejaba alguna. Las mujeres que seguían el rezo me señalaban sus rosarios para indicarme que faltaban avemarías. Entonces se me ocurrió modificar las cuentas del rosario. Eliminé algunas, y quedaron en siete u ocho. Así, cuando las mujeres me mostraban sus rosarios, para indicarme que faltaban avemarías, yo les enseñaba el mío señalando que en el mío no. Hasta que un día el párroco intervino para recordarme amablemente que diez son diez y no siete u ocho… y que María, la madre, bien se merecía  un poco más de tiempo.

–   Mi abuela y mi madre acostumbraban a rezar el rosario cada día.

–  En muchas parroquias, todavía hoy, hay grupos de personas que antes de la celebración de la tarde o en otros momentos, rezan el rosario.

–  Durante la Jornada Mundial de la Juventud, en Cracovia, muchos grupos de jóvenes de distintos países recorrían largos caminos con el rosario en la mano, rezando.  Y lo mismo en las iglesias y santuarios.

–  En los encuentros y reuniones de obispos, tras la cena, mientras paseamos, se reza con el rosario.

–  En nuestras residencies sacerdotales se reza cada día con el rosario. Muchos sacerdotes también lo hacen. En Montserrat, en santuarios…

– Y muchos de vosotros también en silencio lo desgranáis.

–  Yo, sinceramente, durante un tiempo no lo acostumbraba a rezar, hasta que un día encontré a mi madre, ya muy enferma, rezándolo, y me dijo: “Cuando yo ya no lo rece por todos vosotros, ¿quién lo hará?”. Aquella preocupación y aquel “por todos vosotros” fue una invitación a asumir el relevo.

 

He recordado un escrito del papa san Juan Pablo II, que me pareció genial, y lo he hecho mío. Lo reproduzco según mi versión:

“El rosario es un rezo maravilloso por su simplicidad y su profundidad. Sobre el fondo de las palabras “Dios te salve, María” pasan ante nuestros ojos los principales hechos de la vida de Jesucristo, al tiempo que los misterios nos recuerdan hechos y personas que forman parte de nuestra vida: familia, parroquia, amigos, enfermos, pueblo, ciudad, país, la humanidad. Al mismo tempo resuenan los acontecimientos personales y los del prójimo que laten en nuestro corazón. Así, el rezo del rosario recoge el ritmo de nuestra vida”.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 396 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.