60 aniversario de la asociacion de Maestros Católicos Santa María

oviedo-maestras_2La asociacion de Maestros Católicos Santa María, nacida en Oviedo de mano del sacerdote Demetrio Cabo y la maestra Amadita Ordóñez Novalín cumplirá este próximo mes de diciembre 60 años de vida.

Nació con la intención de ser una institución eclesial, de carácter laical y con una fuerte inspiración mariana, y quería agrupar dentro de ella a todas aquellas mujeres –porque en sus inicios fue exclusivamente femenina– que se dedicaban a la enseñanza, tanto en el ámbito urbano, como en el rural. Hoy la institución ha ido creciendo y se han ido modificando sus estatutos a medida que la sociedad iba evolucionando, pero los pilares con los que nació permanecen intactos.

El próximo día 3 de diciembre la institución celebrará en la iglesia de San Isidoro una Eucaristía de celebración de sus seis décadas de historia, a las cinco de la tarde, y posteriormente tendrá lugar un concierto de la Banda de la Unión Musical del Principado, como actividad especial. Cinco días más tarde, el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, sus miembros se darán cita, como cada año, en la Catedral de Oviedo, para celebrar a su patrona, la Inmaculada Concepción. Así lo llevan haciendo sesenta años, y así lo seguirán haciendo el más del centenar de maestros y maestras que componen la asociación.

Los comienzos  de muchas maestras, hace sesenta años en una zona como Asturias era, en muchas ocasiones, una auténtica inmersión en el mundo rural, sin anestesia. Salían de la facultad y era frecuente comenzar en una zona sin agua corriente, luz eléctrica intermitente –a veces sí, a veces no–, sin carreteras y sin comercios cercanos. Así le pasó, por ejemplo, a la actual administradora de la asociación Maestros Católicos Santa María, Manoli Iglesias, cuyo primer destino fue Berodia (Cabrales). Manoli se jubiló en el año 2011, pero recuerda como si fuera ayer sus primeros años como maestra en diferentes pueblos asturianos. En Berodia, recuerda “pasé mucho frío. No había agua en las casas, casi no había luz, y tenía que ir a lavar la ropa a un pozo”. A pesar de los contratiempos, recuerda aquella etapa de su vida con cariño, y sobre todo tiene presente el testimonio de las inspectoras de educación, que manifestaban a menudo “que llegaban a un pueblo y reconocían en seguida que en la escuela había una maestra de la asociación. Te decían que se notaba que había una maestra católica, porque la educación era diferente, llevaba su sello”.

La actual presidenta de los Maestros Católicos, Elena García Fueyo, explica que los objetivos de la asociación son los mismos que en sus inicios: “Contribuir a la realización plena de la vocación cristiana, bautismal y laical, mediante distintas iniciativas y obras apostólicas, tanto en el ámbito educativo, como en el parroquial y diocesano”. Y es que, más allá de su compromiso como educadores de inspiración mariana, los miembros colaboran personalmente, cada uno en la medida de sus posibilidades, con sus parroquias.

Son conscientes, además, de que su labor como educadores les lleva a tener la responsabilidad de “sembrar generosamente las semillas que mañana, otros puedan recoger como espiga crecida”, afirma la presidenta.

Formación permanente

Los maestros que forman parte de esta asociación –hoy en día alrededor de ciento diez–, provienen en su mayor parte de centros públicos, aunque también, en menor número, se encuentran profesores de la escuela concertada. Son profesores en diferentes niveles, desde Educación Infantil hasta Secundaria, y también se encuentran profesores de Religión, con quienes la asociación, por cierto, se encuentra especialmente preocupada, “por su problemática, y por la importancia que tienen, ya que gracias a ellos los alumnos reciben una formación religiosa y cultural imprescindible”, reconoce su presidenta.

Entre las actividades que llevan a cabo, un puesto privilegiado lo ocupa la formación permanente. “Bien sea un pequeño retiro, cada vez con un ponente y un tema distinto –señala Elena García Fueyo–. Y luego tenemos la celebración de la eucaristía, en la Casa sacerdotal, o en la Catedral”. “Además –añade– también hacemos actividades culturales y viajes. El mes que viene, concretamente el 15 y 16 de octubre, iremos a ver la exposición de las Edades del Hombre, que este año se encuentra en Toro. Es una cita que procuramos no perdernos. También es tradición visitar cada año un belén de un lugar de Asturias, pero este año, con motivo de nuestro 60 aniversario, tenemos previsto ir a Burgos, donde dicen que se encuentra el mayor belén del mundo. Cada verano tenemos una convivencia, y solemos hacer algún viaje. Estos tres últimos años hemos estado en Portugal. Asímismo, en el mes de mayo siempre visitamos un santuario mariano. Y todo esto nunca está cerrado exclusivamente a los miembros de la asociación, sino que son actividades abiertas, de hecho, acude con frecuencia gente que es afín a nosotros, y que  quieren estar presentes”.

Y es que desde que cambiaron los estatutos, la asociación ha ido abriendo sus puertas,  no sólo a los maestros, sino a todas aquellas personas que, sin compartir profesión, se sienten identificados con su carisma.

“Ser como tú, Madre, Evangelio” es el lema de la asociación, que se encuentra reflejado en una de las paredes de la sede, en la Casa de la Iglesia, en Oviedo, junto con  una imagen de su patrona, la Inmaculada. Así lo instituyeron los fundadores, don Demetrio y doña Amadita, y así continuó a través de los años con sus sucesores,  Ramón García López, José Antonio González Montoto, y finalmente el actual consiliario, el sacerdote diocesano Marcelino Garay. Elena García Fueyo, la presidenta hoy en día, es la tercera que ostenta este cargo, después de doña Amadita, que permaneció casi cuarenta años, y de su sucesora por un período de unos ocho años, Elena Díaz.

Testimonio coherente

Un carisma que los propios miembros reconocen que con el tiempo se hace más complejo de trasladar en el trabajo y la vida cotidiana, pero que intensifican a través del testimonio de su propia vida. “No es fácil ser un maestro católico en un centro público hoy en día”, reconocen en la asociación, “nada que suene a Religión está bien visto ni tiene las puertas abiertas, pero sí lo tienen los valores como el respeto, la tolerancia o el compromiso. Por ello, trabajamos buscando puntos de encuentro, y procuramos llevar el mensaje de Jesús a través de estos valores y siendo coherentes”.

Para la presidenta, Elena García Fueyo, “lo más importante es intentar vivir aquello que predicas, porque los alumnos en seguida se dan cuenta y te preguntan si realmente vives y sientes todo lo que dices”, reconoce esta profesora de Religión jubilada. “Me he dado cuenta a través de los años de que los alumnos te exigen esa coherencia, y no sólo ellos, también los familiares te hacen preguntas, te observan, por lo que el testimonio es lo más importante”.

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