La pastoral penitenciaria en el Jubileo de la Misericordia

escribanosubiascarlosmanuelMons. Carlos Escribano        El 24 de Septiembre irrumpe en el calendario litúrgico la fiesta de la Nuestra Señora de la Merced. Desde el siglo XIII, en el que San Pedro Nolasco fundo la Orden de la Merced (Mercedarios) para redimir cautivos, esta advocación mariana tiene una estrecha relación con el mundo de las prisiones.

En este Jubileo de la Misericordia cobra singular relevancia esta fi esta mariana. De todos es sabido que una de las obras de Misericordia corporales, que el Papa Francisco nos invita a cuidar y potenciar en este Jubileo, es el visitar a los presos. El Papa en su viaje apostólico a Méjico, visito la cárcel de Ciudad Juárez. Quiso allí invitar a los reclusos a ganar el Jubileo de la misericordia. En sus palabras allí pronunciadas (17- 2-2016) nos recordaba: “La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos en la sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios, de omisiones que han provocado una cultura del descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que poco a poco ha ido abandonando a sus hijos”.

El Papa nos enseña a confiar en la grandeza del corazón del hombre, capaz de la misericordia de Dios, y a apostar por ellos y por una esperanza comprometida en su reinserción. Es la concreción del don de la Misericordia de Dios que el Papa quiso que llegase a todas las cárceles del mundo. En la Carta para la concesión de las indulgencias en ocasión del Jubileo, Francisco exhortó a que en las capillas de las cárceles pudieran obtener la indulgencia, cada vez que pasarán por la puerta de su celda, dirigiendo el pensamiento y la oración al Padre. Se trata de que “este gesto pueda significar para ellos el pasaje de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de transformar los corazones, es también capaz de transformar los barrotes en experiencia de libertad”.

La Iglesia, desde sus inicios, ha mirado con especial sensibilidad a los hombres y mujeres en prisión. La Pastoral Penitenciaria de España y en nuestra diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, es el compromiso de la Iglesia con las personas que están en nuestras cárceles. Una presencia que se hace caricia de Dios y que atiende a todos los que demandan su atención.

Quiero agradecer, desde estas líneas, el trabajo que realiza nuestro Secretariado diocesano de Pastoral Penitenciaria en la cárcel de Logroño y en nuestra diócesis. A través del compromiso generoso y constante de los voluntarios y de los responsables del Secretariado, ayudan a los presos a que conciban su paso por la cárcel como una nueva oportunidad para superarse como personas y poder reintegrase en la sociedad. Son muchas las tareas que realizan de cercanía, acompañamiento y formación de los reclusos dentro de los centros penitenciarios, de celebración de la fe, de cuidar la prevención dirigida a los más jóvenes de nuestra sociedad en centros educativos, de ayudar a las familias y a ellos cuando dejan la prisión.

Gracias también a Cáritas y a su Centro Educativo de Orientación y Seguimiento para la Inclusión Comunitaria (CEOSIC), en el que se acoge a reclusos que salen de la cárcel facilitando la “inclusión” de nuevo en la sociedad.

Que Nuestra Señora de la Merced bendiga vuestro trabajo, a los presos, a sus familias y a todo el personal que trabaja en las cárceles. Y que a todos nosotros nos haga vivir con corazón solidario esta preciosa obra de misericordia.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.