«Sólo Dios sacia»

OmellaOmellaJoseMons. Juan José Omella               Hace unos años tuvo lugar en Roma el Sínodo de los Obispos de Asia y recuerdo que causó una fuerte impresión la advertencia que hizo uno de los participantes: “Resulta triste y preocupante que los asiáticos acuden a centros cristianos cuando necesitan especialistas o técnicos en el campo de la educación o de la salud, pero se dirigen a centros hinduistas o budistas cuando buscan experiencia espiritual o satisfacción de las cuestiones espirituales del hombre” (cf. Eloy Bueno, La Iglesia Local. Edit. San Pablo, año 2000, pág. 256). ¿No se podría decir algo parecido de Europa y, en concreto, de nuestra tierra?

El ser humano, sea del continente que sea, desea cubrir sus necesidades básicas como son el hambre, la sed… pero desea también penetrar los secretos de la vida y encontrar la luz que le ayude a responder a las preguntas básicas como: “¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?”; desea encontrar la felicidad y la paz. El ser humano, para serlo verdaderamente, necesita cubrir sus necesidades espirituales, hallar el sentido de la vida; y esto no lo dan ni el cine, ni los famosos, ni los poderosos, ni las sectas… La respuesta solamente es Jesucristo. Jesús de Nazaret, el eterno de Dios Padre, con su Palabra, en el Espíritu Santo, responde plenamente a esos deseos profundos del corazón del hombre. Así lo expresaba San Agustín: “¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti” (Catecismo de la Iglesia Católica, año 1718). Y Santo Tomás añadirá: “Sólo Dios sacia”. Tanto la familia, como la parroquia y la comunidad diocesana deben estar dispuestas a ayudar a cada persona a encontrar a Cristo, “camino, verdad y vida” (Jn 14,6). Sólo en Él descansa el corazón humano: “¿No ardía nuestro corazón, dentro de nosotros, cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32), decían los discípulos de Emaús.

Padres de familia, catequistas, miembros de los Consejos Parroquiales de Pastoral, sacerdotes… seamos todos audaces para dar respuesta a la necesidad del corazón humano. Decía el padre Y. Congar, dominico francés y gran teólogo del siglo XX: “Yo debo a la liturgia la mitad de la teología que sé” (cf. Olegario González de Cardenal, Cristología, Edit. BAC, pág.16). Ojalá que cada persona adulta o joven que se acerque a las celebraciones litúrgicas, a los sacramentos, a la oración comunitaria, descubra que Dios salva y libera; que Dios llena de paz el corazón de quien acoge su presencia salvadora.

Ojalá que todos podamos experimentar que Dios nos libra de la necesidad desmesurada de los bienes materiales; que la comunidad cristiana se interesa por el desarrollo integral del ser humano desde el servicio de la caridad; pero que experimentemos también lo hermoso que es ser hijo de Dios. “Gustad y apreciad qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él”. (Sl 34 [33]).

Que a lo largo de este curso pastoral que acabamos de iniciar, a través de la oración, de las celebraciones litúrgicas, de la relación fraterna, de la acogida cordial y comprometida con el hermano, profundicemos en el misterio del amor misericordioso de Dios.

Que Dios os bendiga a todos.

+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 357 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.