Actitudes del evangelizador (I)

benaventvidalenriqueMons. Enrique Benavent            Durante el mes de septiembre recuperamos poco a poco el ritmo ordinario propio del año. Quienes han podido disfrutar de un tiempo de descanso vuelven al trabajo, los niños y jóvenes retoman sus estudios y en las parroquias y grupos cristianos se reinician las actividades catequéticas y formativas. En las instituciones diocesanas programamos los encuentros y actos que realizaremos durante el curso.

Para mí será el cuarto año como obispo de Tortosa. A lo largo de este tiempo he procurado conocer las realidades que existen en nuestra diócesis. Me está ayudando mucho la visita pastoral que estoy realizando a todas y cada una de las parroquias. En cada comunidad puedo constatar que se vive la inquietud por seguir anunciando el Evangelio; que hay siempre un grupo de cristianos comprometidos en la catequesis y en el servicio a los más necesitados; que muchos cristianos mantienen una fe viva y alegre muchas veces en medio del dolor y de la enfermedad; que los sacerdotes se esfuerzan de verdad por cuidar la fe de sus comunidades, a pesar de la edad avanzada de algunos de ellos y de que cada vez deben asumir más tareas; que muchos padres piden los sacramentos de la iniciación cristiana para sus hijos; que también muchos jóvenes se acercan a recibir el sacramento de la Confirmación, etc. Gracias a Dios, hay muchas realidades esperanzadoras en nuestros pueblos y ciudades.

No debemos cerrar los ojos ante los problemas que tenemos en el momento actual: la sensación de que el trabajo y el esfuerzo que hacemos no produce los frutos esperados; desearíamos también una mayor implicación de los padres en la educación cristiana de sus hijos y en la vida parroquial; nos gustaría que el compromiso que los jóvenes manifiestan al recibir el sacramento de la Confirmación fuera más firme; nos preocupa la debilidad de la institución familiar y el miedo que la mayoría de los jóvenes de hoy siente ante el matrimonio; pensamos que si más cristianos se comprometieran en la vida de la Iglesia nuestras comunidades serían más vivas; nos puede invadir en algunos momentos la sensación de que la vida de nuestras parroquias se está empobreciendo y de que siempre son las mismas personas las que se comprometen en los diversos ámbitos eclesiales, etc.

Las dificultades pueden ser afrontadas con actitudes distintas: en algún caso pueden ser un motivo para el desánimo y acabar abandonando su compromiso; algunos pueden caer en la actitud de vivir la misión sin esperanza o de la añoranza de tiempos pasados que aparentemente eran mejores.

En cambio, para quien cree en la fuerza transformadora del Evangelio, una dificultad es vista como un reto; no se acobarda ni se deja vencer por ella; vive su compromiso con la humildad de saber que su misión es sembrar y no recoger los frutos de su trabajo; no pierde la alegría a pesar de las pobrezas que cada día experimentamos en la Iglesia; incluso puede llegar a vivir estas pobrezas como un don porque nos pueden hacer más humildes en el anuncio del mensaje cristiano, y llegar a amarlas porque pueden ser una ocasión para una renovación interior de la vida eclesial. ¿Cómo vivimos cada uno de nosotros esta situación eclesial?

Que el Señor nos conceda la gracia de reemprender este curso con esperanza.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España.CARGOS PASTORALESEn su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana.Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral.Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004.El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.