Una mujer que quería saciar la sed de Jesús en la cruz

PerezGonzalezFranciscoMons. Francisco Pérez          Estamos emocionados al comprobar que una sencilla mujer ha revolucionado al mundo y de modo especial a la Iglesia. Lo pude palpar el día de su canonización en Roma a principios de este mes de septiembre. Nadie puede mostrar mejor el rostro de Dios que los sencillos y humildes. Santa Teresa de Calcuta fue arrebatada por Cristo y él la llevó a los pobres para llevarles su consuelo. En una carta del año 1990 decía: “Acabo de regresar de Europa del Este, donde he inaugurado varias casas. En todas estas casas las personas tienen hambre de Dios. Espero que la presencia de nuestras Hermanas les ayude…”. Ella sentía en lo más profundo de su alma el grito de Cristo en la Cruz: “Tengo sed” (Jn 19, 29). Es el lema de toda su vida.

Tal vez hemos pensado que ir al encuentro de los pobres, es ir a los que me necesitan materialmente o ir para consolar humanamente. Y esto es verdad, pero no toda la verdad. La pobreza mayor es la sed o hambre de amor de Dios. Madre Teresa de Calcuta no abrazaba por abrazar o simplemente por ternura sensitiva, sino porque en el abrazo abrazaba a Cristo.

Así escribía Madre Teresa a una niña enferma: “Mi querida niña Jacqueline. Estoy muy contenta de que estés dispuesta a unirte al sufrimiento de las Misioneras de la Caridad. El objetivo de nuestra congregación es saciar la sed de Jesús en la Cruz al trabajar para la salvación y santificación de los pobres en los suburbios. Quién podría hacerlo mejor que tú y todos aquellos que sufren. Para saciar esta sed debemos tener un cáliz, y tú y los demás, hombres, mujeres, niños, viejos y jóvenes, pobres y ricos, sois bienvenidos para hacer ese cáliz. En realidad, puedes hacer mucho más en tu lecho de dolor de lo que yo hago corriendo con mis pies. Pero tú y yo juntas podemos hacer todo en Él para fortalecernos” (Calcuta, 13 de enero 1953).

Es sintomático que quien quiere darse a los demás comienza por algo afectivo y sensitivo. Se emociona de sí mismo. Pero esto no es el amor que quiere Dios de nosotros porque en el momento que pasa lo sensible y lo emotivo se desmorona todo y viene la tristeza. Sin embargo cuando uno ama por Dios, la vida cambia y la alegría desborda el corazón. Es el síntoma de la presencia de Dios.

Con esta sencillez cuenta Madre Teresa lo que le ocurrió a una joven: “Nunca olvidaré a una chica que vino de Francia, de la Universidad de París. Estaba preparando su tesis doctoral y les había dicho a sus padres: ‘Antes de presentarme al examen final, me gustaría pasar dos semanas junto a la Madre Teresa de Calcuta’. Al llegar parecía preocupada, pero al cabo de unos días vino a verme, me abrazó y dijo: ’He encontrado a Jesús’. Y yo dije: ‘¿Dónde has encontrado a Jesús?’. Me respondió que le había encontrado en Kalighat (lugar dónde muchos morían por enfermedades de desnutrición). Y le pregunté: ‘¿Qué has hecho con Jesús al encontrarle?’. ‘Fui a confesarme y a comulgar después de quince años’, me respondió. Y Hermanas, no puedo expresaros la alegría que había en su rostro por haber encontrado a Jesús en su corazón, por ser capaz de recibir a Jesús con una alegría real y radiante. Luego le pregunté: ‘¿Qué más hiciste cuando hallaste a Jesús?’. ‘Mandé un telegrama a mis padres contándoselo’, respondió. ¿Lo veis, Hermanas? Encontró a Jesús en una labor humilde. (…) Hay tantos jóvenes que van a confesarse y a la Adoración porque encontraron a Jesús en una labor humilde, y que le han tocado en su angustioso disfraz…” (Donde hay Amor, está Dios, Booket, Barcelona 2014).

Hace pocos días estuve en Roma con motivo de la canonización de Madre Teresa de Calcuta. Era impresionante ver las caras de miles de personas que se han sentido tocadas por el testimonio de esta religiosa. La impresión que yo tenía era muy sencilla: “Si esta mujer vivió por amor y se entregó a los demás era porque veía a Cristo en cada uno. ¿No será el momento de vivir con más intensidad el amor a los demás y hacerlo como si al mismo Cristo se lo hiciera? Me invito y os invito a ello. ¡Adelante!”

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).