“Diada” Nacional de Cataluña: Fiesta, reflexión, identidad y plegaria

PardoArtigasFrancescMons. Francesc Pardo i Artigas         Este domingo, 11 de septiembre, celebramos la “Diada” Nacional de Cataluña. La celebración me ha impulsado a reflexionar y a orar; y al mismo tiempo me anima a compartir con vosotros algunas de estas reflexiones.

Ya sé que, escriba lo que escriba, puede ser interpretado ideológicamente  desde un extremo o desde el contrario. Desearía situarme en la “sabiduría de la Iglesia” no tanto para ofrecer propuestas políticas explícitas, que no me corresponden, sino para recordar que “los gozos y las esperanzas, los sufrimientos y los dolores de las personas son los de la Iglesia”, tal como afirma el Concilio Vaticano II. También conviene recordar y valorar el documento de 1985 “Raíces cristianas de Cataluña”, que mereció, junto a las resoluciones del Concilio Tarraconense, “el reconocimiento de la Santa Sede”, y tener presente “Al servicio de nuestro pueblo”, el documento de los obispos de Cataluña del año 2011.

Dos indicaciones del papa Francisco me han ayudado a la reflexión. La primera surgió en el curso de la visita ad limina de los obispos de Cataluña: “Estad junto al pueblo”. La segunda, hace pocas semanas, cuando, con motivo de Brexit, invitaba a la reflexión en referencia también a Cataluña.

En la publicación de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, de noviembre de 2013, como plan pastoral de su pontificado, en el capítulo sobre el bien común y la paz social, el papa Francisco escribe: “La unidad prevalece sobre el conflicto” y “la realidad es más importante que la idea” (números del 226 al 233).

Una reflexión serena es imprescindible en momentos de tanta complejidad como los que vivimos. Complejidad provocada por la crisis económica, que amenaza el futuro de muchos, y a la cual se añaden la tensión que genera el deseo y el derecho de buena parte de los ciudadanos a ser consultados. Los compromisos por haber aceptado una Constitución y formar parte de un Estado español; la lista de reivindicaciones pensando en el bien del pueblo que no han obtenido las respuestas esperadas, las diversas propuestas políticas que se ofrecen y las dificultades que comporta un camino de esta naturaleza.

¿Independencia o no? ¿Estado propio o no? Pero ¿en qué tipo de Estado se piensa? ¿Qué configuración y qué valores tendría dicho Estado? ¿Qué relaciones con el actual Estado, y en qué marco de derechos y deberes? ¿Propuesta de un estado federado? ¿Seguir formando un solo estado con los cambios imprescindibles y necesarios para fortalecer la identidad de forma real y efectiva? ¿Viabilidad de las propuestas en el contexto actual de Europa y de las naciones?

Por ello, entre otras, pueden ser de gran ayuda estas reflexiones del Papa en la exhortación apostólica Evangelii Guadium:

“El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad.

Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. « ¡Felices los que trabajan por la paz! » (Mt 5,9).

De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda. Por eso hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”.

Los cristianos oramos y procuramos hacer nuestro  el aforismo de san Agustín: “Unidad en lo esencial, libertad en lo opinable, y siempre caridad”.

Tampoco podemos olvidar el momento difícil por el que atraviesa Europa, sacudida con frecuencia por la violencia que amenaza los valores de la libertad y la democracia. También aquí hemos de vencer el desconcierto y aportar lo mejor que tenemos como sociedad y como Iglesia.

Que la inquietud no impida la necesidad de reflexión, ni la información bien contrastada, ni el desconocimiento de las consecuencias de las decisiones, ni la pedagogía del convencimiento, y menos aún la convivencia ciudadana.

¡Buena “Diada”!

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 356 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.