La solidaridad con las almas

PujolBalcellsJaumeMons. Jaume Pujol            La última de las obras de misericordia espirituales no es la más pequeña: rezar por los vivos y los difuntos. Es la solidaridad de las almas, mediante la oración de intercesión por la que unos rezamos por los otros.

El Papa Francisco acostumbra a decir: «Recen por mí». No es una frase hecha, sino una necesidad que tiene de ser acompañado espiritualmente por el pueblo cristiano. Y a la vez comenta muchas veces: «Te encomendaré en mi oración.»

Esta donación, a veces intercambio, se basa en que formamos parte, de modo inefable, de este cuerpo de Cristo que es la Iglesia en el que no rige la ley del «sálvese quien pueda», sino la ley del amor.

Benedicto XVI señaló: “El hombre no dialoga en solitario con Dios; el diálogo cristiano pasa precisamente por los hombres, se da en el cuerpo de Cristo”.

Reflexionemos sobre lo que supone esta obra de misericordia. La caridad con el prójimo, que es el gran mandamiento que la Nueva Ley equipara al primero de «amar a Dios sobre todas las cosas», no se agota en dar comida, o ropa usada o dinero al necesitado; tiene también otra forma de solidaridad todavía más elevada: rezar a Dios por los demás.

Estas oraciones no van destinadas, como podría parecer, a ablandar el corazón de Dios, como si su amor necesitara de nuestro concurso para ser operativo, sino que en primer lugar ensanchan nuestro propio corazón, librándolo de las tentaciones de egoísmo; pero son además expresión de amor hacia las demás personas. ¿Qué mejor regalo podemos hacerles que tenerles en nuestra mente y hacer nuestras sus preocupaciones y necesidades?

¡Cuántas personas se han conmovido, y muchas se han convertido, al saber que otras rezan asiduamente por ellas, incluso que ofrecen sacrificios para su bien espiritual, y que, si es el caso, ofrecen sus enfermedades u otras penalidades para que otros sean felices en esta tierra y en el cielo.

La oración podemos ofrecerla también por los difuntos. El amor es más fuerte que la muerte, y la barrera del sepulcro no interrumpe la comunión de los santos. ¡Qué consuelo ofrece esta creencia basada en palabras del mismo Jesucristo! Cuando asistimos a una misa de funeral, el oficiante suele poner la resurrección de Cristo como prenda y garantía de nuestra propia resurrección. No son palabras de consuelo simplemente, sino expresión de fe en el poder de la oración y seguridad en la promesa de Jesucristo que para quienes aman a Dios la vida no termina, sino que se transforma.

 

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.CARGOS PASTORALESFue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad.Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión.Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc.El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004.Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.