La libertad como compañera de viaje

lorcaplanesjosemanuelMons. José Manuel Lorca            Leeremos en la primera lectura de este domingo, en el libro de la Sabiduría, que “los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos; porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa”. La Palabra nos está preparando para comprender de verdad que tenemos que “soltar amarras”, que nuestra realidad humana tiende a que nos apeguemos a la tierra y nos alejemos de las cosas de Dios. No nos resulta extraño cuando se nos dice que nos cuesta fiarnos de Dios, sin embargo, no tenemos ningún reparo en ir cargados de cosas, de lo que vemos y tocamos, pensando que eso es lo que nos da la seguridad: el tener dinero, posesiones, estar a la moda, gastar lo indecible por aparentar, en fin… Pero, ¿estas son nuestras seguridades? Lamentablemente, para muchos sí lo son, aunque no reparen en que lo que tienen por seguridad sea una esclavitud mayor. De esto nos advierte el Señor, por eso la insistencia en llamarnos al desprendimiento. ¡Menudo disparate!, pensarán algunos, ¡venga ya, eso es imposible!, dirán otros. Ante esto, antes de precipitarnos, convendría serenarse, escuchar y revisarse un poco.

Las lecturas, especialmente el Evangelio, apuntan a una dirección: Jesús debe ocupar el primer puesto en nuestro corazón. El Hijo de Dios, enviado para nuestra salvación y liberación, tiene que estar en el centro de nuestra vida y, para ello, se nos piden oídos grandes para escuchar, una entrega total, una generosa confianza, fiarse un poco y saber permanecer en Él. Aparentemente no es sencillo, ¿verdad? No es sencillo, porque es exigente, pero no hay que tener miedo a dar el paso, porque las fuerzas nos vienen de Dios. Aunque parezca extraño, se nos ofrece un método para conseguirlo: tomar la cruz y seguir a Cristo. La cruz que Él nos pide consiste en vivir desprendidos de todo lo que nos esclaviza, de lo que nos entretiene, pero no nos salva ni sirve para nada, de lo que nos tiene apegados a la tierra. Lo más difícil no son las condiciones que nos pide el Señor, sino que seamos capaces de aceptar la libertad como compañera de viaje. Seamos sinceros y reconozcamos cómo el apego desordenado a las cosas nos genera angustia, desazón, inseguridad y temores. Cuando uno ha dado el paso para vivir desprendido de las cosas está en condiciones de poder alcanzar la felicidad, la paz.

Nuestro Señor Jesucristo es la fuente de la que nos viene la felicidad, la paz y la salvación, porque Él es la Puerta, el Camino, la Vida. El Señor mismo -como con los discípulos en el camino de Emaús- se hace nuestro compañero de viaje, nos da su Espíritu, reconstruye nuestra confianza y la historia de la salvación planteada por Dios con una paciencia infinita y con un gran amor misericordioso. Hoy, Jesús se pone a tu lado, ¿no crees que Él puede avivar tu fe por medio de su Palabra y la Eucaristía? Desde luego que sí, pues abre los ojos con sencillez, que Nuestro Señor está siempre presente en su Palabra y en los Sacramentos y de manera especial en la Eucaristía. Vive en su Iglesia, en la comunidad de los que están unidos en su nombre, está delante de nosotros en cada persona, identificándose de modo particular con los pequeños, con los pobres, con el que sufre, con los más necesitados. Viene a nuestro encuentro en cada acontecimiento gozoso o triste, en la prueba y en la alegría, en el dolor y en la enfermedad. Dale una oportunidad.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

Mons. José Manuel Lorca
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Mons. D. José Manuel Lorca Planes nació en la localidad murciana de Espinardo, diócesis de Cartagena, el 18 de octubre de 1949. Curso los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor "San Fulgencio“ de Murcia. Es licenciado en Teología Bíblica por la Facultad de Teología de Granada. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1975. Recibió la ordenación episcopal en Teruel el 6 de marzo de 2004. Nombrado Obispo de Cartagena el 18 de julio de 2009, tomó posesión el 1 de agosto de ese mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades.