Corregir al que yerra

PujolBalcellsJaumeMons. Jaume Pujol         Hay un hecho en la vida de la primitiva Iglesia que puede sorprender a quienes no lo conocen, pero que está recogido en el Nuevo Testamento y se cita como un ejemplo clásico de la pastoral. Técnicamente se le llama «el incidente de Antioquía», y recoge una reprensión que San Pablo le hizo a San Pedro. La sorpresa puede estar en que un apóstol, por grande que sea, se atreva a corregir al primer Papa, al que Jesucristo mismo escogió como piedra angular de la Iglesia.

El Concilio de Jerusalén había definido que la salvación viene por la fe en Jesucristo y no por las muchas prácticas de la Ley judaica. Sin embargo, pasado el tiempo, San Pedro, en la práctica condesciende con los judaizantes. Así narra el incidente San Pablo en su Carta a los Gálatas (2, 11-12):

«Mas cuando Cefas [San Pedro] vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con gentiles; más cuando llegaron aquellos se retraía y se apartaba, por temor de los que eran de la circuncisión.»

La actitud del apóstol Pablo respondía a un mandato de Jesucristo, quien dijo: «Si tu hermano peca contra ti, vete y corrígele a solas, tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt 18-15). Esta práctica, la corrección fraterna, tiene una honda raíz evangélica, pero no siempre se aplica incluso en la Iglesia.

El Papa Francisco ha llamado varias veces la atención sobre las murmuraciones, y ha pedido que las rechacemos. No hemos de hablar mal de nadie, pero menos aún de los que se encuentran investidos de algún tipo de autoridad, como los padres de familia, los maestros, los sacerdotes… Las críticas nacen a veces de la envidia y cuanto menos de la incomprensión y la falta de caridad. Corregir al que yerra es una obra de misericordia. Quien hace algo mal, tiene derecho a que se le corrija, no a que se escampe su error.

Como arzobispo estoy convencido de que puedo equivocarme en algunas decisiones que tomo, o por las que no tomo. ¡Cómo no va a ser así si incluso un Papa, como es el caso de San Pedro, se equivocaba! Agradezco en estos casos que se me diga confiadamente. Y pido que entre todos reine la caridad, el mutuo aprecio. Cuando éste existe la corrección cuesta menos de hacer y de aceptar.

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
Acerca de Mons. Jaume Pujol 324 Articles
Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.CARGOS PASTORALESFue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad.Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión.Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc.El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004.Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.