Santa María Magdalena (y II)

benaventvidalenriqueMons. Enrique Benavent          El momento en el que María Magdalena adquiere un mayor protagonismo lo encontramos en los relatos pascuales. Mateo, Marcos y Lucas la nombra en primer lugar en la lista de mujeres que fueron al sepulcro en la mañana del Domingo de Pascua y lo hallaron vacío (Mt 28, 1; Mc 16, 1; Lc 24, 10). Mateo menciona una aparición a Maria Magdalena y a “la otra María”, que habían ido al sepulcro (Mt 28, 9) y Marcos indica que fue la primera persona a la que se le apareció el Señor y la que fue a anunciar la noticia pascual a “sus compañeros, que estaban de duelo y llorando” (Mc 16, 9-10). En algún caso los evangelistas no disimulan el contraste entre la actitud de estas mujeres y la dureza de corazón de los apóstoles que se resistían a creer (Mc 16, 13; 24, 11).

Pero donde María Magdalena se convierte en un personaje central de la Pascua es en el evangelio de San Juan, en el que todos los acontecimientos aparecen narrados con más detalle. María encuentra el sepulcro vacío y avisa a los discípulos de que “se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20, 2). Pedro y el Discípulo amado van a ver lo sucedido y entran en el sepulcro. La reacción de estos dos apóstoles es distinta: mientras que Pedro se admiró (Lc 24, 12), el Discípulo Amado “vio y creyó” (Jn 20, 8). Sin embargo, los dos “se volvieron a casa” (Jn 20, 10).

La reacción de María Magdalena fue distinta. Ella no puede regresar tranquilamente a casa sin encontrar al Señor: quiere saber qué ha pasado y buscar el cuerpo de Jesús. Por eso se queda junto al sepulcro “llorando” (Jn 20, 11), vuelve a entrar y, en este momento, comienzan a sucederse los acontecimientos: dos ángeles le preguntan por qué llora, a lo que ella responde suponiendo que se han llevado el cadáver a otro lugar. Después ve a Jesús y no lo reconoce. Confundiéndolo con el hortelano y pensando que ha sido él quien ha llevado el cuerpo, le pide que le diga dónde lo ha puesto para ir a recogerlo (Jn 20, 15). Únicamente cuando el Señor la llama por su nombre lo reconoce, lo adora y recibe de Cristo la misión de ir a anunciar a los “hermanos” la noticia de la Pascua. Ella “fue y anunció a los discípulos: <<He visto al Señor y ha dicho esto>>” (Jn 20, 18). Sin pertenecer al grupo de los apóstoles tuvo el privilegio de ser la primera en ver al Señor resucitado, y se convirtió en la primera en dar testimonio de la resurrección. Fue una evangelizadora de los discípulos.

¿Por qué el Señor le concedió este privilegio y esta misión tan singular de levantar el ánimo e invitar a la fe a unos discípulos que estaban tristes y llorosos? Muchos padres de la Iglesia han dicho que por su constancia en el amor. Pedro y Juan, después de ver el sepulcro vacío se vuelven tranquilamente a casa y no manifiestan ninún interés en saber qué ha ocurrido. María, en cambio, movida por su amor a Cristo, permaneció junto al sepulcro y su constancia fue premiada. También aquí se insinúa la primacía del amor sobre el lugar que se ocupa en la Iglesia. Lo decisivo en la vida es llegar a encontrar al Señor y el camino para ello es perseverar en el amor.

Que el testimonio de María Magdalena anime a todos los que se encuentran cansados y desanimados en su búsqueda del Señor.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España.CARGOS PASTORALESEn su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana.Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral.Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004.El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.