El verano: un tiempo para la oración

hernandezsolaeusebioignacioMons.  Eusebio Hernández             Queridos hermanos y amigos:

El domingo pasado os proponía aprovechar este tiempo de verano para abrir nuestro espíritu y escuchar a Dios. Hoy impulsados por las lecturas que escuchamos en la Misa somos también invitados a hacer más intensa nuestra oración. Escucha y oración son como dos caras de una misma moneda, ambas son necesarias.

Nuestro modelo y maestro de oración es Cristo, precisamente su testimonio de oración es lo que hace que los discípulos le pidan que les enseñe a orar: Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Así comienza el Evangelio de este domingo (Lucas 11,1-13)

El Señor enseña a sus discípulos el Padre Nuestro, la oración característica de los cristianos como hijos de Dios. Oración que llenos de confianza, tantas veces elevamos a nuestro Padre y que, como decía San Agustín es como un resumen de todo el Evangelio, podemos recorrer todas las oraciones que hay en la Sagrada Escritura y no encontraremos algo que no esté incluido en el Padre Nuestro. Es, pues, la oración por excelencia que fue enseñada por el mismo Jesús y contiene las siete peticiones más importantes que existen.

Jesús mismo nos propone en el Evangelio que nuestra oración sea inoportuna e insistente, el ejemplo que nos da es bien claro: Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite”. Es decir, Dios mismo nos propone que le molestemos, más aún que le importunemos con nuestra oración.

Un aspecto importante de esta oración inoportuna e insistente es la oración de intercesión, como hemos escuchado en la primera lectura (Génesis 18,20-32). Abraham casi negocia con Dios sobre la destrucción de Sodoma, él también pide con insistencia y lo hace en favor de otros.

La oración de intercesión es importante en la vida del cristiano y Dios quiere que pidamos por los otros. Sabemos que de una forma misteriosa la oración todo lo puede, quizás una de las carencias de los cristianos de hoy sea ésta, haber olvidado la fuerza y la importancia de la oración.

En las celebraciones de cada día se eleva nuestra oración, en la Misa y en la Liturgia de las Horas. Pedimos por todos y de un modo especial por aquellos que más lo necesitan, los enfermos, los necesitados, los que sufren violencia, los perseguidos…

Pidamos, pues, los unos por los otros y por toda la humanidad, pidamos por la Iglesia y por nuestra diócesis.

Cuando se saluda al papa Francisco sus últimas palabras son siempre éstas: sobre todo no te olvides de rezar por mí. Es lo que también nosotros tendríamos que pedir y hacer, rezar los unos de los otros.

Lo debemos hacer llenos de confianza en Aquel que nos ha dicho: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 202 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.