El verano: un tiempo para escuchar a Dios

hernandezsolaeusebioignacioMons. Eusebio Hernández         Queridos hermanos y amigos:

En este domingo hemos proclamado un Evangelio conocido por todos (Lucas 10, 38-42). Jesús es recibido en casa de sus amigos: Lázaro, Marta y María. Marta se afana y preocupa de que no falte ningún detalle para agasajar al huésped mientras que María no  hace otra cosa que escuchar al Maestro: sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Las dos actitudes de las hermanas son importantes, acoger con todo amor al invitado y escuchar al Maestro. Santa Teresa de Jesús nos dice que las dos actitudes son complementarias en la vida cristiana (Moradas séptimas, capítulo IV): Acoger y escuchar.

Quiero centrarme en la actitud contemplativa de María ya que en este tiempo de verano, puede ser más fácil, ya que para muchos hay más tiempo de descanso.

Durante nuestras actividades a lo largo del año estamos ocupados en muchas cosas, quizás este tiempo más relajado nos ayuda a tener una actitud de escucha. De ponernos a los pies de Jesús para acoger a quien nos habla a lo más profundo de nuestro corazón.

Hay una diferencia entre oír y escuchar. Aunque oír y escuchar parecen ser lo mismo, no lo son en lo absoluto ya que uno puede oír sin escuchar. Oír quiere decir que percibimos los sonidos a través de los oídos, sin necesariamente entender lo que estamos oyendo. Por el contrario, para escuchar algo, debemos tener activados otros sentidos para entender lo que estamos oyendo.

De hecho, en nuestro lenguaje coloquial, decimos que, cuando alguien no presta atención a lo que hablamos, me ha oído como el oye llover; es decir, no ha dado importancia a lo que nosotros queríamos transmitir.

Al oír sólo tenemos activado nuestro sistema auditivo, mientras que cuando escuchamos también debemos prestar atención, concentrarnos, pensar y razonar. Oír es un acto involuntario, mientras que el escuchar es un acto intencionado. Es decir, yo te puedo estar oyendo, pero si no te pongo atención no voy a entender lo que me estás diciendo, por lo tanto, te oí pero no te escuché. Esto mismo nos puede pasar con el Señor.

Este tiempo de verano puede ser una oportunidad para escuchar a aquel que nos habla al corazón y puede transformar tantas cosas en nuestra vida. Es la experiencia de Abraham, como hemos escuchado en la primera lectura de hoy (Génesis 18,1-10a) Cuando el Señor lo visita le ruega: Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo.

Aprovechemos, pues, este tiempo para elegir la mejor parte, y con sosiego acoger y escuchar a Dios que no se cansa nunca de hablarnos al corazón.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 202 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.