Clausura diocesana del Proceso de Beatificación de los sacerdotes mártires de Urgell, Mn. Josep Moles y 74 compañeros sacerdotes, y del laico Lluís Farré

Urgell causa beatificaciónEn un acto sobrio pero emocionante el viernes día 15 de julio, en la iglesia del Seminario diocesano de Urgell en La Seu d’Urgell, tuvo lugar la sesión de clausura de la fase diocesana del proceso de beatificación de los Siervos de Dios Mn . Josep Moles Torrents, presbítero diocesano de Urgell, y de 74 compañeros sus sacerdotes, así como del laico Lluís Farré Trilla.

El acto fue presidido por el Arzobispo de Urgell y Copríncipe de Andorra, Mons. Joan-Enric Vives, acompañado por los miembros del tribunal que han instruido la causa: Mn. Jaume Vila, Juez delegado; Mn. Joan Pujol, Promotor de justicia; el P. Josep María Blanquet Gas, S.F, Postulador diocesano y el Josep Rábade, actuando como Notario. Asistieron algunos familiares de los Siervos de Dios así como muchos de los sacerdotes residentes en el Seminario diocesano.

El Notario presentó las actas originales así como dos ejemplares auténticos del proceso sobre la vida, virtudes y fama de santidad de estos siervos de Dios. El Arzobispo de Urgell, después de preguntar al Juez delegado y al Promotor de Justicia, si consideraban íntegras y auténticas, tanto las actas originales como las copias, declaró la integridad y autenticidad de los actos del proceso y declaró que el proceso instructor había clausurado definitivamente. A continuación se cerraron y lacraron las 36 cajas que contienen los más de 27.000 folios con las pruebas documentales y testificales reunidas por el Tribunal y que ahora serán enviadas a Roma, a la Congregación para las Causas de los Santos.

El presbítero que encabeza la Causa es Mn. Josep Moles y Torrents que nació en La Seu d’Urgell el 25 de junio de 1882. Cursó estudios de Bachillerato y luego fue admitido en el Seminario diocesano de Urgell. Tras doctorarse en teología en Tarragona fue ordenado sacerdote en La Seu d’Urgell el 22 de septiembre de 1906. Cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona. En el año 1913 fue nombrado Canónigo Penitenciario de la S.E. Catedral de Urgell y en 1920 fue nombrado Rector del Seminario y profesor de derecho canónico. Fue un sacerdote ejemplar por su rectitud moral. Cuidó con dedicación y amor a sus padres y en 1936 decidió no huir de la ciudad para no abandonar sus padres. En agosto de 1936 fue detenido por unos milicianos anarquistas y encarcelado. El 25 de agosto de 1936, junto con otro sacerdote, Mn. Pere Travé Cirici, fue asesinado en la carretera que va de La Seu d’Urgell a Andorra: atados de espaldas, rociados con gasolina y quemados vivos. Se dice que el siervo de Dios pronunció las siguientes palabras “Perdóname Señor y perdónalos”. Finalmente los rasgos de los milicianos acabaron con el horroroso sufrimiento de los dos sacerdotes. Unos vecinos enterraron los dos cadáveres al lado de la carretera. Más tarde, en junio de 1937, los cuerpos fueron exhumados y enterrados en el cementerio de La Seu d’Urgell.

Se cierra así la Causa que en 1995 había iniciado Mons. Joan Martí Alanis, y en la que colaboraron varios sacerdotes y laicos, orientados por el P. Romualdo Rodríguez OSA, además de los ya mencionados anteriormente: Francesc Badia,  Daniel Betriu, y Mn. Pere Cañada, con las Comisiones histórica, con Mn. Josep M. Mauri, Mn. Ramon Porredón (+), Mn. Benigne Marquès y Mn. Antoni Elvira, y la Comisión teológica, con Mn. Manuel Pal, Mn. Ramon Sàrries y Mn. Joan A. Mateo.

La Causa de Mn. Josep Tàpies y seis compañeros mártires, desglosada de la misma, ya había terminado con anterioridad y fueron declarados mártires y beatos por el Papa Benedicto XVI en 2005. Su fiesta como memoria en la Diócesis, se celebra el 13 de agosto.

Las palabras del Arzobispo Mons. Joan-Enric Vives en la Clausura de la Causa de los sacerdotes mártires fueron:

“Con este acto austero en la Capilla del Seminario diocesano, con juramento, actos y firmas, cerramos a la Diócesis de Urgell un proceso que iniciamos en el Nombre del Señor. Han sido años de recibir testigos, reunir documentación, visitar las zonas donde fureon enterrados, etc. Nosotros ahora no juzgamos sobre Mn. Josep Moles y sus compañeros. Ofrecemos sencillamente nuestro juicio ante Dios y la Iglesia, y pedimos el discernimiento acertado, para que lo avale la asistencia del Espíritu Santo. No olvidemos hoy nuestros queridos Mn. Josep Tàpies y seis compañeros de La Pobla de Segur, ya beatificados en 2005, y la memoria obligatoria de los que la celebramos el 13 de agosto.

Hemos cumplido un deber. Se trataba de recoger con cuidado y extraordinaria responsabilidad la vida y los detalles de la muerte sangrienta de unos hermanos sacerdotes y un laico bien nuestros, conocidos por muchos testigos como buenos sacerdotes, buenos cristianos y buenas personas. Fueron un total de 111 los sacerdotes sacrificados por la ira de la persecución religiosa en la guerra civil (1936-39) ahora hará 80 años. Y clamamos por la libertad religiosa respetada y promovida. Actualmente vivimos tiempos de nueva fragilidad… El atentado de ayer noche en Niza lo testimonia, y hoy rezaremos por las víctimas de Niza y los heridos y familiares, en solidaridad con el pueblo francés. Nuestro deber era que nada se perdiera, como encargó el Señor, después de la multiplicación de los panes y los peces. Y así fue para estos sacerdotes, vidas entregadas y multiplicadas por la gracia de Dios.
 
Estas cajas, lacradas ante vosotros, las presentamos al Santo Padre Francisco. Nos alegra presentarle un fruto, a nuestro juicio, maduro de la vida eclesial de Urgell. Son fruto de esta tierra fecundada por el Espíritu Santo que hace fuertes ante la persecución y la muerte. Ahora esperemos confiados el juicio de la Madre Iglesia. Además de cumplir un deber, este hecho de clausurar hoy el proceso diocesano de canonización de los sacerdotes diocesanos mártires de Urgell, nos recuerda con claridad que la santidad es nuestra vocación. «Para que seamos santos e irreprochables a sus ojos». Todos estamos llamados a la santidad, dice el Vaticano II.
 
Quiero subrayar además la huella impresionante que dejan siempre en la comunidad los sacerdotes valientes y santos. Pasan los años y el recuerdo revive con gozo y eficacia. Su vida nos emplaza a los sacerdotes y a todos a abrazar el testimonio de nuestra fe, con ardor renovado. Ser pastor tiene una manera honesta de serlo: darlo todo, hasta la vida, y darla con alegría y perdonando. Por eso aquí le confiamos nuestro presbiterio y nuestro Seminario diocesano, las vocaciones de especial consagración y todos los laicos y las familias de la Diócesis. Especialmente nuestro Seminario diocesano, que estos mártires bien conocen. Aquí fueron ordenados muchos de ellos.

Cerramos el proceso y pedimos que lo abra en Roma el Papa. Me queda dar gracias a los miembros del tribunal: el postulador, el juez delegado, el Promotor de Justicia, los Notarios. Con las Comisiones histórica y la de los teólogos. Muchas gracias por su trabajo tan responsable. Han sido viajes, horas, escucha atenta, fidelidad al encargo que se le confió. Y a todos los testigos. Y en especial hoy recordamos al estimado predecesor nuestro Mons. Joan Martí Alanis, que tanto quiso incoar esta Causa, y la beatificación de nuestros sacerdotes mártires.

Finalmente debo felicitar de corazón nuestra Iglesia Diocesana. Ha sido buena madre, fecunda, que da a luz a estos hijos. Os invito a amarla de todo corazón, y ofrecerle la alegría de nuestra santidad y vida apostólica.

Con estas palabras cierro a la Diócesis el proceso de canonización de Mn. Josep Moles y setenta y cinco compañeros mártires de Cristo. Y lo cerramos como empezó: En el Nombre del Señor y para gloria de la Santísima Trinidad.”

Al inicio del Acto se cantó el Veni Creator y la Clausura la Salve Regina, con contenida emoción.

(Diócesis de Urgell)

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