Necesitados de la experiencia y la caricia de los mayores

OsoroSierraCarlosMons. Carlos Osoro       Queridos y estimados mayores:

Siempre sentí una predilección por vuestra misión en la familia, y haber vivido en una residencia de mayores durante los ocho primeros meses de mi estancia como arzobispo Madrid, me han permitido ver que sois una gracia para la humanidad. No penséis que sois un peso inútil, todo lo contrario: sois testigos del pasado y sois inspiradores de sabiduría para el presente y el futuro. Sin vosotros, a nuestra sociedad le falta algo fundamental. De ahí la importancia que tiene vuestra presencia y el que os vean y traten los niños y los jóvenes. ¡Qué importante sería el que todos escuchásemos! Es verdad que, en nuestra sociedad, un desarrollo desordenado ha llevado a que tengáis que asumir formas que son inaceptables de marginación, que son fuentes de sufrimiento para vosotros, pero sobre todo para la sociedad que se empobrece sin vuestra presencia. Pero os aseguro que sois una riqueza insustituible. Ojalá todos descubramos vuestros cometidos en la sociedad civil y eclesial y, muy especialmente, en la familia. Dar cauce a vuestra tarea en estos momentos que vive la humanidad es de especial importancia, pues no sois sobrantes que arrinconar, sino protagonistas para construir.

Me han impresionado de una manera especial unas palabras de san Agustín porque las veo realizadas en los mayores. Y como yo lo veo, admiro a los hijos que así lo ven en sus padres cuando van siendo mayores y lo mismo en los nietos con sus abuelos. ¡De qué manera describía un hijo que su padre le había enseñado a no detenerse nunca en la vida en su vejez e incluso en su enfermedad! ¡Con qué alegría me contaba un nieto que su abuelo, de 73 años, le había dicho que le acompañaba a hacer el Camino de Santiago para enseñarle a estar avanzando siempre! Hablando del seguimiento de Cristo, san Agustín tiene unas palabras muy bellas, que se pueden aplicar a la vida de nuestros mayores que han acogido a Jesucristo como Camino, Verdad y Vida: «Vosotros veis que somos viandantes. Y os preguntáis: ¿Qué es caminar? Lo digo con una palabra: avanzar, ya que temo que no comprendáis bien y acabéis teniendo pereza para caminar. Avanzad hermanos. Examinaos a vosotros mismos, sin engañaros, sin adularos, sin acariciaros […], donde te encuentres satisfecho contigo mismo, allí te quedarás. El día en el que digas: Ya está bien, ese día estarás incluso muerto. Añade siempre algo, camina siempre, avanza siempre. No te quedes en el camino, no vayas para atrás, no te desvíes. Quien no avanza, se queda detenido» (San Agustín, Serm. 169, 18; P.L. 38, 926).

Os voy a confesar algo que creo que en los mayores tiene una fuerza especial. ¿Por qué su experiencia es tan importante para nosotros? ¿Por qué nunca debemos olvidar su gran sabiduría? Ellos son conocedores de la realidad y de los demás y, muy en concreto, de su familia, porque los aman. Aman la vida. Aman a los suyos. Saben que es lo único que queda y les queda. ¡Qué sabiduría! Solo en el amor la persona se confía plenamente. Es un principio fundamental. ¿Por qué se confían los hijos con los padres y, de un modo especial, con los abuelos? Porque saben hacer experimentar a los suyos que la persona es sobre todo acogida de su revelación. Es necesario estar en el amor para poder ser capaz de tal acogida. Y cuanto más claro y más grande es ese amor, más experiencia de acogida. El amor es la verdadera inteligencia que penetra toda la persona y abraza su realidad, nada omite de ella y nunca produce violencias. Ya los Padres decían que el principio del conocimiento es el amor. ¡Qué fuerza y qué belleza tiene esta afirmación: el conocimiento empieza con la caridad! Quien ama, conoce. ¿Y dónde aprender mejor esa manera de amar que en quien es fuente y origen del amor verdadero? ¿Cómo comienza la caridad? Con la experiencia del amor de Dios que se confía a nosotros. Al amor se responde con amor. Por eso tienen tanta importancia los padres y los abuelos en nuestras vidas.

Nuestros mayores mejor que nadie saben tocar, acariciar y curar las heridas de Jesús que encuentran en los que les rodean. Dejemos que estén a nuestro lado, no los retiremos. Urge tener especialistas en tocar, acariciar y curar las heridas profundas del hombre; los mayores son especialistas en esta tarea, pues ellos:

  • 1. Son testigos del pasado.
  • 2. Son maestros de sabiduría para el presente.
  • 3. Son cimientos fuertes del futuro.
  • 4. Nos ayudan a clarificar la escala de valores humanos.
  • 5. Nos hacen ver la continuidad de las generaciones y la interdependencia.
  • 6. Rompen barreras de las generaciones y crean puentes.
  • 7. Regalan cariño, comprensión, amor con sus ojos, palabras y caricias.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco.El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal.Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente.Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas.El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014.Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea.El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario.El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano.En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid.Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.