Las Agustinas Recoletas de Gijón inauguran su capilla restaurada

Oviedo Gijón Agustinas_2_copiaEl próximo viernes, día 22, a las seis de la tarde, el Arzobispo de Oviedo inaugurará la iglesia del monasterio de las Agustinas Recoletas de Gijón, tras el proceso de restauración a la que ha sido sometida. La suya fue la primera congregación de religiosas de vida contemplativa que se asentó en la ciudad, concretamente en el edificio que hoy se conoce como La Tabacalera. Llevan en la villa desde el año 1670, y desde los años 40 del pasado siglo, en Somió. Hoy las religiosas forman una pequeña comunidad, conocidas y queridas por los vecinos del barrio.

Todavía hay gente que recuerda una profecía atribuida al beato Diego José de Cádiz, un fraile franciscano del siglo XVIII conocido en su época como el “gran apóstol de España”, ya que recorrió el país entero predicando en lo que se conocían como las misiones populares. La profecía afirmaba que “Si las Agustinas faltan de Gijón, el mar se tragará la ciudad”.

En el convento de las Agustinas Recoletas de Gijón, situado en el barrio de Somió desde los años 40 del siglo XX, también la recuerdan. Y llevan a gala y con orgullo ser el primer monasterio que se asentó en la ciudad, en el año 1670, en el edificio que hoy se conoce como La Tabacalera. Fue iniciativa de la madre María de Santo Tomé, y funcionó también como escuela para niñas. Las religiosas permanecieron allí hasta la desamortización, cuando se convirtió, en 1842, en fábrica de tabacos, una importante industria de Gijón, con una plantilla integrada por mujeres.

Las religiosas se instalaron entonces en la manzana que hoy ocupa el Centro Comercial San Agustín, lugar del que tuvieron que volver a salir obligadas, cuando estalló la Guerra Civil. “Decían que los cacos salían del tejado de las monjas y entonces las echaron del lugar”, explica la superiora, Sor Gloria Vigón –Madre Asunción, como todo el mundo la conoce–. Mientras duró el conflicto, las religiosas se dispersaron entre las familias y los amigos, y al finalizar, ya en el año 1947, se instalaron en el actual convento, anexo a una iglesia que pertenecía al Obispado.
Hoy, en la comunidad viven tan sólo cuatro religiosas: la mayor, de 92 años, que no puede asistir a esta entrevista; la más joven, tiene 56. La superiora de la comunidad –”una monja más”, dice ella de sí misma– tiene 82 años. Lleva “la friolera” de 63 años en el convento, pues ingresó a la edad de 19 años.  Sin embargo, nadie podría revelar su edad, por su actitud vital, su carácter jovial y su amena conversación, repleta de citas y recuerdos que convierten la entrevista en un momento entrañable.

Cuando la Madre Asunción ingresó en las Agustinas Recoletas, la comunidad estaba formada por unas 25 religiosas. “Había que tener una gran vocación para entrar en el convento –afirma–, porque entonces la vida sí que era dura y austera. Comparándolo con ahora, esto es coser y cantar”, afirma riéndose. “Todo era muy rígido, por poner un ejemplo –añade–, en el locutorio teníamos no una, como ahora, sino tres rejas. Una de hierro con pinchos que miraban para fuera, que cuando la gente venía lo veía, nos preguntaba que por qué no poníamos los pinchos mirando para nosotras. Otra reja de madera, y después unas mamparas de tela. Los agujeros que tenía la reja de hierro eran de grandes como una moneda de 50 céntimos. Además, nada más ingresar, yo, por ejemplo, recuerdo que estuve seis meses sin poder ver a mi familia”, recuerda.

A pesar de la dureza de aquella vida, Sor Gloria afirma que no eran muchas las jóvenes que se acercaran hasta el convento para profesar como religiosas y después se echaran atrás. “No era común, las que venían parece que sabían lo que hacían. Tan sólo recuerdo el caso de una joven, que era muy maja y luego nos venía a ver, que la pobre ingresó, pero acabó diciéndonos que no iba a continuar, porque ella no tenía vocación, el que la tenía era su padre”, recuerda la superiora entre risas.

Las religiosas llevan una vida intensa de oración y trabajo, como es habitual en la vida consagrada. Sus rutinas se han visto últimamente alteradas con motivo de las obras de rehabilitación de la iglesia anexa al convento, del siglo XIX, que se han prolongado durante siete meses. Hasta hace bien poco, estuvieron confeccionando mermelada para un conocido, que les traía grandes cantidades de fruta. Durante muchos años llevaron a cabo trabajos de lo más variado: “hicimos de todo lo que nos presentasen”, explica Madre Asunción. “Desde envolver chocolatinas para una fábrica, hacer paraguas para otra, alpargatas de esparto, y durante mucho tiempo, hicimos sillas para los discapacitados del Sanatorio Marítimo”.

Hace algo más de dos años que no trabajan. Tampoco la edad acompaña para seguir el ritmo que han llevado hasta el momento, aunque en la comunidad esperan con ilusión la llegada de algunas hermanas jóvenes que les han prometido desde Méjico.

Mientras tanto, la vida continua en el monasterio, con su eucaristía a diario, abierta al público y celebrada por el párroco de San Julián de Somió Luis Muiña, a las ocho y media de la mañana, y a las nueve todos los domingos y festivos. “Participa gente del barrio, que nos conoce y nos visita”, destaca la Superiora.

La obra no ha sido fácil. “Nos decidimos a hacerla porque teníamos el tejado muy deteriorado –explica–. Nos llovía dentro de la iglesia, y tuvimos que arreglar todo; también pintamos toda la iglesia y se arregló el suelo.”

El actual capellán de las Agustinas es el párroco de San Julián de Somió, Luis Muiña. Él cogió el testigo de los Agustinos que las atendían hasta hace unos diez años. “Ellas llevan toda una vida en Somió –afirma–, y son muy queridas y conocidas por la gente del barrio”.
Este sacerdote estará también presente el próximo viernes 22, a las seis de la tarde, cuando inauguren la iglesia tras la finalización de las obras, en una eucaristía que estará presidida por el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes.

(Arzobispado de Oviedo)

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37369 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).