Enseñar al que no sabe

PujolBalcellsJaumeMons. Jaume Pujol           Hace más de 50 años, cuando había todavía bastantes personas que no sabían leer ni escribir, una sirvienta acudía algunos días de la semana a una casa de un pueblo no lejano a realizar las tareas de limpieza doméstica, sobre todo quitar el polvo, entonces abundante, y fregar el suelo. El dueño de la casa, ya jubilado, al advertir que no sabía leer ni escribir, se ofreció a enseñarle, pero no al terminar de limpiar, sino en la última media hora de su trabajo. Dejaba entonces su escoba y su bayeta y tomaba el lápiz y la libreta. Pasado medio siglo, recuerda agradecida aquella iniciativa que le resultó tan provechosa.

Hace unas semanas leí que un periodista del Wall Street Journal, abandonó su codiciado puesto en el prestigioso periódico neoyorquino para dedicarse a educar a jóvenes del Bronx, el barrio de la ciudad en el que la criminalidad, la pobreza y las drogas se dan la mano.

Son dos hechos distintos en la geografía y en el tiempo, pero con un denominador común: enseñar al que no sabe, que es una de las obras de misericordia espirituales. Enseñar cultura general y actitudes ante la vida, en una mezcla maravillosa de gramática y honestidad, matemáticas y sinceridad… formación humana y espiritual.

La Iglesia, a lo largo de la historia, ha puesto en marcha miles de centros educativos y de acogida, desde orfanatos a universidades, y lo ha hecho sin tratar los campos educativos como si fueran incompatibles. La instrucción técnica y la educación en valores son dos caras de una misma moneda.

Cuando San José de Calasanz, el santo de Peralta de la Sal (Huesca), llegó a Roma y vio a tantos niños pobres vagando por las calle, se conmovió y se puso a trabajar para crear escuelas en las que pudieran formarse y salir de su situación. Escuelas gratuitas, desde luego, que fueron el origen de las Escuelas Pías. Y cito este ejemplo, entre muchísimos, que da testimonio de una tarea educativa desinteresada que procura remediar la ignorancia más primitiva y la ignorancia espiritual.

Los cristianos sabemos que dar a conocer a Dios, el sentido de la vida, las virtudes, el Evangelio, representa una formidable ayuda para quienes quizá no han tenido la oportunidad de saborear estas realidades. Y esto es tarea de todos, aunque de modo específico de los profesores de centros, públicos o privados –esto es lo de menos– a quienes debemos gratitud por su trabajo vocacional impagable.

 

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.CARGOS PASTORALESFue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad.Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión.Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc.El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004.Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.