La Religión es el “opio” del pueblo

lemosmontanetjoseleonardoMons. J. Leonardo Lemos             Es bien conocida esta frase que Marx popularizó para señalar el carácter sedante de la religión sobre la conciencia de las personas, generándoles una felicidad ilusoria que los evadiese de la realidad social y de la lucha por un mundo más justo. En una visión confusa y en una versión degradada de la fe cristiana quizás cupiese ese “descalificativo”, pero desde una verdadera experiencia religiosa, concebida como encuentro que conmueve y fascina a las personas, el “opio” pierde sus cualidades y se transforma en un estimulante de las conciencias, que despierta los corazones, no hacia evanescentes cielos, sino hacia el compromiso con el rostro concreto del hermano, porque el cristiano descubre y vive desde el don de ser hijo de un Dios al que llama Padre.

Esta experiencia se vive y se comparte porque el cristiano no vive su fe de modo intimista o recluido en su casa: la comparte, la celebra en comunidad, es parte de cada uno de los momentos de su vida. Nuestra tierra ourensana está sembrada de una presencia notable de lugares y espacios religiosos, de bellos templos y santuarios, monasterios y casas parroquiales que hablan, desde el arte y la historia, de la multisecular vivencia de la fe. De modo habitual cada domingo, puntual en las fiestas y romerías que pueblan la geografía diocesana, o desde el inicio hasta el final de la vida, la fe acompaña y expresa las más hondas vivencias del creyente.

Como una casa entre las casas de los hombres, cada iglesia parroquial o capilla se convierte en la morada del mejor amigo de los hombres, Jesucristo. Por eso la parroquia, que literalmente significa “junto a las casas”, aglutina, especialmente en verano y en nuestros pueblos, la vida de las familias y de los amigos que, con motivo de sus vacaciones, se reencuentran. Con ocasión de las fiestas patronales de la parroquia natal, o de las romerías de sus zonas de origen, regresan a sus raíces, se refuerzan los lazos de convivencia y de solidaridad, y se revitalizan las parroquias que durante el invierno viven una especie de letargo pastoral. Y así, en todos nosotros se desarrolla, como dice el papa Francisco, “el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente” (EG 268).

Somos, de este modo, un pueblo, convocado por el Señor e invitado a dar razón de su esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan, sino como creyentes que proponen y “con dulzura y respeto” (1 Pe 3,16), y “en lo posible y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres” (Rm 12,18). Tenemos que vencer “el mal con el bien” (Rm 12,21), sin cansarnos “de hacer el bien» (Ga 6,9) y sin pretender aparecer como superiores, sino “considerando a los demás como superiores a uno mismo” (Flp 2,3) (cf. EG 271). La fe cristiana es como un acicate que nos estimula a construir un mundo mejor, a purificar la conciencia propia y ajena, de odios y de fanatismos, de rivalidades y de enfrentamientos. No nos lleva a clavar la mirada en el cielo esperando que venga una fuerza de lo alto y solucione, mágicamente, cualquier tipo de maldad. El cristianismo, cuando es auténtico, nos lleva a anegar el mal en abundancia de bien.

Y una exhortación final: os ruego que ayudéis a vuestros sacerdotes durante el verano, en primer lugar con vuestra comprensión, porque a las numerosas parroquias que atienden ordinariamente, se le añaden otras tareas pastorales, a causa del aumento poblacional que experimentan sus comunidades, de tal modo que les impide poder atender todas las solicitudes de los diferentes pueblos. Todos somos Iglesia, pueblo de Dios. Colaboremos en las diferentes actividades parroquiales a lo largo del año, “caminemos juntos” en la audaz y hermosa tarea de ser creyentes y ciudadanos coherentes y comprometidos en las iglesias y en las plazas, en el templo y en la calle, allí donde estemos. ¡¡Feliz verano a todos!!

Os bendice con afecto.

+ J. Leonardo Lemos Montanet

Obispo de Orense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
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Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.