Algunas reflexiones

RodriguezPlazaBraulioMons. Braulio Rodríguez             Después de haber vivido en las pasadas semanas acontecimientos importantes para nuestra sociedad, y en nuestra Iglesia toledana la alegría de la ordenación de nuevos sacerdotes y diáconos, pienso que es importante reflexionar sobre dichos acontecimientos. Las elecciones generales del 26 de junio, a tan solo 6 meses de las últimas que celebró nuestro país, tenían un cierto aire de incertidumbre ante el fracaso de no haber podido ninguna formación política crear un gobierno. Yo no soy nadie para enjuiciar los resultados de estas elecciones generales. Únicamente diré que no hay ni podrá haber política y profesionales políticos honestos sin personas honestas que la ejerzan. La democracia solo es sostenible, si la cultura fomenta personas veraces, justas, solidarias, abiertas, participativas, y con sentido del bien común.

La ordenación de nuevos presbíteros y diáconos en la Catedral de Toledo el pasado día 3 de julio es sin duda una buena noticia, una alegría para toda la Diócesis. De ese acontecimiento quisiera expresar un pensamiento que, como Obispo diocesano con el Obispo auxiliar, me parece útil para todos los que formamos de Iglesia de Toledo. Desde hace más de 50 años el Concilio Vaticano II viene enseñándonos a ver la Iglesia como una comunidad de hermanos, como el Pueblo de Dios, redimido y guiado por Jesucristo, animado y enriquecido con el don del Espíritu Santo. En este marco ha de interpretarse la necesidad del ministerio sacerdotal como ministerio ordenado.

Sí, la Iglesia es la comunidad de los discípulos de Jesús. En esta comunidad todos somos básicamente iguales, todos vivimos del perdón del Señor y de los dones de su gracia, todos recibimos el don del Espíritu Santo en los sacramentos de Iniciación Cristiana, que nos santifica y nos prepara para vivir eternamente con los santos y los ángeles en la morada del Padre celestial, cuyo Reino ha comenzado ya en este mundo. La Iglesia, pueblo de Dios y cuerpo de Cristo, está presidida por Jesús, el Señor resucitado y glorioso. Él es la cabeza de este pueblo santo, Señor y fuente de vida. Es también sacerdote y pastor de la humanidad entera. Pastor porque nos guía y nos defiende; sacerdote porque nos libera de nuestros pecados, nos reconcilia con el Padre y nos conduce a la gloria de su Reino.

¿Cómo se realiza este precioso proyecto salvador de Dios? No seamos espiritualista, pues la Escritura nos indica que Dios en la revelación de su designio salvador cuenta con la “carne”: la carne de Hijo Unigénito, que elige hombres que mantuvieran encendida la luz de su Palabra y de su testimonio en todos los lugares de la historia. Jesús vive hoy en la historia y dentro de ella sigue realizando su obra de salvación por medio de su Iglesia. Los Apóstoles en su tiempo, y luego los Obispos con la ayuda de los presbíteros y de los diáconos, son llamados de entre los discípulos para recibir una misión singular, la de mantener viva y actuante en el mundo la memoria y la presencia permanente de Jesús. Él sigue siendo el que habla, el que perdona, el que santifica, el que preside y dirige la vida de su Pueblo. Todo ello lo hace visiblemente por medio de estos discípulos escogidos, consagrados y enviados que fueron los Apóstoles, y son ahora los Obispos, junto con los presbíteros y diáconos, todos unidos con el Papa Francisco, en quien hoy vive Pedro, que nos preside a todos en la caridad.

Pero nosotros, los pastores, no somos los que hacemos todo en la Iglesia; es más, hemos de ser los más humildes y nada orgullosos, ninguna casta, que no sirviéramos a la vocación común de todos los demás miembros del Pueblo de Dios, para que sean cristianos creyentes convencidos, practicantes y participantes del misterio y misión de la Iglesia. Hemos de dar cada día más “cancha” a los fieles laicos y que ellos sean responsables y activos, orantes y profesantes, vivos en la vida pública de nuestra sociedad. Son nuestros hermanos, con los que nosotros, los pastores, somos también ovejas que escuchan lo que dice Jesús por su Espíritu a esta Iglesia de Toledo.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Todelo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.