Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios

SaizMenesesJosepAngelMons. Àngel Saiz Meneses          El Concilio Vaticano II, que es la brújula segura para orientarse para los cristianos en el camino del siglo XXI en expresión de San Juan Pablo II, explicaba que la Iglesia no se identifica con ninguna comunidad política ni está ligada a ningún sistema político. Asimismo, tanto la comunidad política como la Iglesia sirven a las necesidades de las mismas personas y este servicio se llevará a cabo de manera más efectiva si hay cooperación entre ambas instituciones. La Iglesia apoya el principio de laicidad según el cual hay separación entre la Iglesia y el Estado, siguiendo la prescripción de Cristo, «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20, 25).

Ahora bien, de vez en cuando, escuchamos opiniones de personas o de grupos concretos que se manifiestan en contra de que los cargos públicos se hagan presentes en los actos religiosos. El argumento principal se apoya en el laicismo del Estado, que supuestamente impide a estos cargos participar en los actos de las confesiones religiosas. Permítanme decir que siempre hemos visto la presencia de alcaldes y concejales en las Misas de los patrones de las poblaciones o en las procesiones en honor a los santos o la Virgen. Y en la actualidad, esta presencia sigue siendo habitual en la mayor parte de poblaciones de nuestra tierra.

Ahora bien, cabe preguntarse si los poderes públicos deben ser neutrales ante las diferentes tradiciones religiosas. Y mi respuesta es clara: claro que sí, por supuesto. Deben ser neutrales, deben ser justos, sin caer en ningún tipo de discriminación, ni positiva ni negativa. Y con la misma rotundidad debemos afirmar que si un alcalde asiste a una misa patronal ejerciendo sus funciones y su representación de la ciudadanía como alcalde, en modo rompe con su presencia la neutralidad de su cargo. Y lo mismo afirmo si asiste a las fiestas de otras tradiciones religiosas. Porque una cosa es la neutralidad y otra bien distinta es ignorar y no tener en cuenta el elemento religioso, con todo lo que supone en la vida de las personas y de los pueblos, más aún cuando este elemento religioso se encuentra en la raíz de las fiestas de nuestros pueblos y ciudades.

Ciertamente, los poderes públicos han de mantener su neutralidad ante las diferentes tradiciones religiosas, pero esta neutralidad de ninguna manera significa que los representantes de las diferentes administraciones no puedan participar a título institucional en las celebraciones y manifestaciones religiosas. Y el motivo es que cuando se celebra una fiesta religiosa, hay un grupo numeroso de ciudadanos que está en la celebración. Desde esta perspectiva no se entendería la ausencia de las autoridades políticas en una reunión pública tan importante para muchos ciudadanos simplemente por ser religiosa. El hecho de asistir no significa una adhesión a la Iglesia Católica, o en otras confesiones o tradiciones. El hecho de asistir es expresión de compartir la alegría de un buen número de conciudadanos a los que también representan.

Si un centro educativo celebra una efeméride, si una entidad cultural o deportiva celebra su fiesta anual y congrega un gran número de personas, si una nueva empresa se inaugura, etc, no se entendería que las autoridades no asistieran argumentando que romperían la neutralidad respecto a los otros colegios, equipos, entidades, empresas, o respecto a otras entidades sean del tipo que sean. Lo que se está haciendo es participar de un acto que es importante para la vida de la ciudad. Lo que hay que hacer es asistir a todos los actos que sean relevantes, y apoyar a todas las entidades de una ciudad.

En definitiva, pienso que se trata de sumar en lugar de dividir, de ensanchar la participación en lugar de restringirla. Y es que la sana laicidad significa la distinción de funciones, conlleva el respeto mutuo, ayuda a propiciar las sinergias en beneficio de las personas, a las que todos servimos. Es verdad que hay que mejorar todo lo que sea susceptible de mejora, liberarse de las adherencias que pueden ser un lastre para el camino, pero siempre desde el respeto y amor a nuestras tradiciones, desde el consenso fruto de una profunda reflexión compartida, porque un pueblo que no valora ni da relevancia a su pasado y a las raíces que lo han conformado, difícilmente puede construir un futuro mejor.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.