Beber en los manantiales

manuel_herreroMons. Manuel Herrero          Ya estamos en pleno verano. El calor va apretando. Pero el verano nos ofrece muchas posibilidades y oportunidades que no podemos dejar de aprovechar. ¿Quién no sueña, en una tarde de calor, con estar debajo de un árbol, junto a un manantial de agua fresca o debajo de una parra, a la vera de un pozo de agua fresca, y disfrutar la tranquilidad de conciencia, sentirse en paz con la naturaleza, gozar de la compañía de la familia y los amigos y vislumbrar la presencia del Creador, alabarle y darle gracias?

El verano es tiempo de cosecha. Vemos las cosechadoras por las carreteras llevando tras de sí unos cuantos coches y por los campos, levantando una nube de polvo. Mi pensamiento se dirige a los agricultores que han arado, abonado, sembrado, esperado el frío, la nieve, la niebla, las lluvias, hasta ver cómo brotaba la semilla, aparecía la flor y cuajaba el grano. Que ellos y sus familias puedan recoger el fruto de sus trabajos, dolores, cansancios y amores. Que sean reconocidos en sus derechos, valorados sus trabajos y productos y recocidos por la sociedad por su aportación a la misma. Y una sugerencia, si se me permite: que no tiren la toalla, ni caigan en la tentación de dejar el campo, ir a las ciudades y al extranjero como única posibilidad de desarrollo y vida digna; que sean fieles a su vocación de ser agricultores, es decir, cultivadores del campo, dejando allí su huella e impronta.

Una pregunta me hago a mí mismo y a los lectores: ¿Qué sociedad estamos haciendo y dejando a las nuevas generaciones, cuando los jóvenes no ven otra posibilidad de vida digna y tienen que emigrar, apuntarse al paro, renunciando a sus raíces, a sus pueblos y hogares? Deberíamos todos repensar estas cosas, no dejarlas sólo a las políticas del comercio y tratados internacionales a las políticas nacionales y europeas, donde se buscan muchas veces no el bien común, sino intereses de países poderosos, grupos de presión y personas influyentes y adineradas. Y esto no es tener nostalgia irracional de épocas pasadas y mejor que no vuelva; es intentar no olvidar y revitalizar .Considero que esto es un ejercicio de realismo porque el hombre, sea varón o mujer, no puede renunciar a sus raíces, a su manantial. No podemos renunciar a la tierra, al campo; sería negarnos a nosotros mismos. ¿Qué alimentos íbamos a compartir, qué aire respirar y qué agua beber? ¿Cómo íbamos a ayudar a tantos millones hombres que pasan hambre, que mueren de sed, que tienen los mismos derechos, que demandan justicia y apelan a nuestra fraternidad, concretada en solidaridad?

No podemos hacer oídos sordos. Y menos un pueblo que tiene profundas raíces cristianas, como es el palentino, que son profundamente humanas. Estamos en el Año de la Misericordia. Y misericordia es tener el corazón abierto a las miserias del otro, de los otros y de pueblos enteros, no sólo para verlas y entenderlas, sino también para incorporarlas a nuestro corazón y nuestra acción. Así nos lo recuerda Manos Unidas.

Alguno, al leer estas reflexiones en voz alta, pensará: Y ¿qué tiene ver esto con beber en los manantiales? A mi modo de ver mucho: los manantiales, en la montaña, en la fértil vega o en el secano, donde sea, brotan de la tierra y nosotros, como diría nuestro Miguel de Unamuno del Cristo de las Claras, «somos tierra de la tierra»; sí, erguidos, mirando al horizonte, al futuro, pero con los pies en el suelo, en la tierra. Sin ella no somos.

+ Manuel Herrero Fernández, OSA

Obispo de Palencia

Mons. Manuel Herrero Fernández
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Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria). Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid. Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados. Ha desempeñado los siguientes cargos: • Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia. • En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”. • En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014. El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.