“Os necesito a todos, con ilusión renovada”, anuncia Mons. Escribano en Calahorra

escribanosubiascarlosmanuelEl pasado sábado 25 de junio, Mons. Carlos Escribano Subías tomó posesión de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño en una solemne Eucaristía en la que fue acompañado por numerosos obispos, sacerdotes y cristianos venidos de toda La Rioja y de las Diócesis aragonesas donde ha ejercido su ministerio sacerdotal y episcopal.

La Catedral de Calahorra acogió a su nuevo Obispo con fraternidad eclesial y calor familiar, en una celebración litúrgica que destacó por su sentida plegaria y el canto vibrante de toda la asamblea, consciente desde el primer instante del momento histórico que estaba viviendo y de la efusión del Espíritu que allí se derramaba.

Fue el nuncio del Papa en España, monseñor Renzo Fratini, quien después de leída la bula del nombramiento episcopal firmada por el Papa Francisco, le invitó a sentarse en la Cátedra y le entregó el báculo de pastor, convirtiéndose así en nuestro nuevo Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño.

Desde la Sede episcopal del principal templo de la Diócesis, recibió el saludo de los vicarios, religiosos, jóvenes y una familia con cinco hijos, que representaban a las diferentes vocaciones bautismales y consagradas de nuestra Iglesia local.

En su primera homilía habló como padre y maestro de la fe, confesando que desde este mismo instante quiere ponerse a la escucha “para que sea el Señor quien vaya suscitando lo que más conviene en la edificación del Pueblo Santo de Dios”.

Confesó también como es consciente de que viene a una Iglesia en marcha, en la que muchos han entregado por ella la vida y lo siguen haciendo. A lo que añadió con gran convicción: “Tengo ganas de encontrarme con vosotros y comenzar a recorrer juntos el camino que nos lleve a seguir vislumbrando espacios para poder anunciar el Evangelio en nuestra España de hoy”.

Tuvo en primer lugar un especial recuerdo para los sacerdotes, a los que aseguró que son “los que mantienen la presencia de la fe de un modo abnegado y, en ocasiones, heroico”. “Cuento con vosotros para seguir anunciando la presencia de la Buena Noticia del Resucitado y pido al Señor que sean muchos los jóvenes que en nuestras comunidades se animen a seguir a Jesús desde la vocación sacerdotal”.

A los religiosos y religiosas dirigió también unas palabras de afecto, confirmando que “vuestros carismas y la fuerza de vuestro servicio nos enriquecen sin cesar”.

A todos los fieles laicos también animó a mostrar la belleza de “la vocación al amor que nos lleva al seguimiento radical de Cristo”, invitando especialmente a los jóvenes a ser protagonistas de la evangelización: “No sólo sois el futuro de nuestra Iglesia, sois el presente. Tenéis un lugar y la Iglesia os necesita: descubrirlo”.

Con gran afecto pastoral se dirigió a los pobres, “en los que podemos encontrar a Cristo mismo”. “En nuestra capacidad de ayudarles a sanar sus heridas devolviéndoles su dignidad, nos jugamos la credibilidad de la Iglesia… A los enfermos, a los que os sentís solos, a los que estáis lejos de los vuestros, a los encarcelados, a los que padecéis en vuestra persona y en vuestra familia el zarpazo de la actual crisis, un abrazo fraterno y solidario de vuestro obispo”.

(Víctor Jiménez – Diócesis Calahorra y La Calzada-Logroño)

Homilía de Don Carlos en su toma de posesión

¡Alabado sea Jesucristo!

Srs. Cardenales, Srs. Obispos, hermanos sacerdotes, autoridades civiles, militares y académicas, queridos hermanos.

Doy gracias a Dios que me envía a trabajar con vosotros en medio de su Viña, aquí en la diócesis de Calahorra, La Calzada – Logroño. Después de los años de ministerio sacerdotal trascurridos a orillas del Ebro y junto al Pilar de la Virgen, el Señor me envío a servir en la querida diócesis de Teruel y Albarracín.

Hoy, en medio de este Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre me envía a esta querida tierra riojana a ejercer mi ministerio episcopal. La celebración de este Jubileo extraordinario de la Misericordia nos está ayudando a descubrir la fuerza del Plan de Dios sobre cada uno de nosotros, sobre la Iglesia y la sociedad y su exigente esfuerzo en hacerlo realidad a pesar de las dificultades que surgen en la historia y en el camino. Pero es Señor es fiel, su misericordia eterna y hoy nos alcanza también a nosotros en este momento singular para esta Iglesia diocesana. Tengo la convicción de que el don de su Misericordia nos ayudará a seguir descubriendo su designio de amor que iluminará nuestro compromiso evangelizador en la Rioja.

Vengo a una diócesis cargada de historia y de creyentes recios que han sabido mantener viva la llama de fe. Los santos Emeterio y Celedonio, San Millán, Santo Domingo de Silos y santo Domingo de la Calzada, los misioneros san Jerónimo Hermosilla y san Ezequiel Moreno y todos los mártires de nuestra Iglesia nos ayudan a seguir confiando en un Dios providente, que seguro nos muestra caminos adecuados para la evangelización. ¡Cuántos frutos ha dado a la Iglesia en nuestra querida diócesis de Calahorra, La Calzada – Logroño!

En un día como este quisiera no hacer grandes propuestas, sino ponerme a la escucha para que sea el Señor quien vaya suscitando lo que más conviene en la edificación del Pueblo Santo de Dios. Soy consciente de que vengo a una Iglesia en marcha. En la que muchos de vosotros habéis entregado vuestra vida y lo seguís haciendo. Tengo ganas de encontrarme con vosotros y comenzar a recorrer juntos el camino que nos lleve seguir vislumbrando espacios para poder anunciar el Evangelio en nuestra España de hoy.

Esa escucha de la que os hablo hace que hoy resuene con especial fuerza la palabra que ha sido proclamada del Evangelio de San Juan. En ella, Cristo solicita de cada uno de nosotros la fuerza del amor, que debe traducirse, en nuestra historia personal, en una actitud de servicio constante. Por tres veces Cristo reclama a Pedro su amor y le confirma en la misión de servir. Hoy quisiera hacer mía esa triple propuesta de Jesús y traducir esa petición de amor, en una actitud de servicio constante.

Servir en primer lugar a la Iglesia de Calahorra, La Calzada – Logroño. Servicio que intentaré desarrollar con la estrecha y fraterna colaboración de mis hermanos sacerdotes de esta diócesis. Ellos mantienen la presencia de la fe asumiendo el ministerio que la Iglesia les encomendó de un modo abnegado y, en ocasiones, heroico. Sé que junto a la gente de vuestras parroquias, a quienes saludo en vuestra persona, habéis rezado mucho por mí. Muchas gracias queridos hermanos. Cuento con vosotros para seguir anunciando la presencia de la Buena Noticia del Resucitado entre nosotros y pido al Señor que sean muchos los jóvenes que en nuestras comunidades se animen a seguir a Jesús desde la vocación sacerdotal.

Servir a la Iglesia en la Rioja de la mano de los religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa. La experiencia de estos años de ministerio episcopal, me ha enseñado lo importante que es vuestra presencia en una Iglesia diocesana; vuestros carismas, la fuerza de vuestro servicio nos enriquecen sin cesar. Con el Año de la Vida Consagrada aún reciente, os exhorto a seguir construyendo el presente con pasión y el futuro con esperanza.

Servir a la Iglesia riojana con todos los fieles laicos que sentís en lo más profundo de vuestro corazón, el hecho de ser misioneros en medio del mundo por el gran regalo de la fe recibida en el bautismo. Un saludo a los que formáis parte del laicado asociado en Movimientos, Asociaciones, cofradías o hermandades o que colaboráis activamente en la vida de vuestras parroquias: estamos llamados a ser auténticos evangelizadores con el Espíritu. Os necesito a todos, con ilusión renovada, para seguir anunciando con alegría al mundo que merece la pena ser cristiano, mostrando la belleza de una vocación a la que todos hemos sido llamados: la vocación al amor que nos lleva al seguimiento radical de Cristo. Queridas familias cristianas cuento con vosotras para seguir trabajando en esta apasionante tarea que la Iglesia ha puesto en nuestras manos. Queridos jóvenes, sentíos protagonistas de la evangelización de la Iglesia. No solo sois el futuro de nuestra, sois el presente. Tenéis un lugar y la Iglesia os necesita: descubrirlo.

Servir en segundo lugar a la sociedad riojana. Quiero tender la mano en esta mañana a las autoridades aquí presentes y a las instituciones que representan. Mano que querría colaborar en construir una sociedad más justa, conforme a la dignidad de la persona, buscando múltiples fórmulas de colaboración y entendimiento en busca del bien común de toda la sociedad. Tengo la certeza de que la Iglesia aporta mucho en la construcción social: los valores del Evangelio, la visión trascendente de la persona humana, el compromiso solidario con los necesitados o la gran herencia cultural que nuestra fe nos ha legado a lo largo de los siglos y que nos permite entender plenamente nuestro presente, no pueden, no deben, quedar relegados en estos momentos de la historia de nuestra nación.

Servir en tercer lugar a los pobres. Son muchos los rostros de la pobreza que se muestran hoy en nuestra sociedad. Tengo la certeza de que en el rostro del que sufre podemos encontrar a Cristo mismo. Los últimos, los más débiles y vulnerables son siempre los predilectos de Jesús. También deben ser los nuestros. En nuestra capacidad de acercarnos a las periferias existenciales y en ayudarles a sanar sus heridas devolviéndoles su dignidad, como nos recuerda el Papa Francisco, nos jugamos la credibilidad de la Iglesia. Gracias a todos los que con vuestro trabajo entre los pobres os convertís en caricia y ternura de Dios. A los enfermos, a los que os sentís solos, a los que estáis lejos de los vuestros, a los encarcelados, a los que padecéis en vuestra persona y en vuestra familia el zarpazo de la actual crisis, un abrazo fraterno y solidario de vuestro obispo.

El lema de mi episcopado, como muchos de vosotros ya sabéis es: “buscad primero el Reino de Dios y su justicia”. Estas palabras sacadas del Sermón de la Montaña se convierten para mí en una enseñanza que pretendo que se trasforme en un modo de vida, que quiero compartir hoy con vosotros. Es la experiencia de que sólo Dios salva, solo la relación con Él vivifica, engrandece y lleva a plenitud el corazón y la vida de la persona. Esa experiencia me ha ayudado en estos años en Teruel. Como dije entonces, digo hoy con convicción renovada. Desde Cristo: todo. Sin Él: nada.

Muchas gracias a todos los que, desde Zaragoza y Teruel os habéis desplazado esta tarde para acompañarme y rezar por mí. Que Dios os premie todo el bien que me habéis hecho estos años.

Gracias al Santo Padre Francisco por la confianza que ha depositado en mí al nombrarme vuestro Obispo. Gracias a mi antecesor, D. Juan José Omella por su cercanía en estas semanas ayudándome a empezar a quereros con sus actitudes y con sus palabras. Querido Juan José sabes que los fieles de esta Iglesia te siguen recordando y rezan por ti en tu nueva encomienda al servicio de la Archidiócesis de Barcelona. Gracias al Señor Nuncio Apostólico a quien ruego trasmita nuestro filial saludo al Papa y a todos los hermanos obispos, especialmente a los de la Provincia eclesiástica de Pamplona que hoy me reciben y los de Zaragoza con los que tan a gusto he trabajado en estos años, que os habéis hecho presentes hoy en Calahorra para acompañarme en este día importante para mí y para toda esta Iglesia diocesana.

Gracias de corazón a todos los que habéis preparado esta celebración. Se de vuestra gran dedicación y esfuerzo.

Y permitidme que me dirija a mi familia para darles las gracias por compartir conmigo la vida y la fe.

Queridos hermanos de Calahorra, hago mías las palabras que me fueron dirigidas las dos veces tome posesión como párroco en parroquias zaragozanas. Me decían con fuerza: “Carlos, hoy no solo tomas tu posesión de la parroquia, son ellos también los que toman posesión de ti, pues te pones incondicionalmente a su servicio”. Con la ayuda del Señor Jesús, de nuestra madre la Virgen de Valvanera y la intercesión de los santos, me presento ante vosotros y me pongo a vuestro servicio. Que Dios os bendiga.

+ Carlos Escribano Subías

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