Haciendo balance de nuestra fe

melgarviciosagerardoMons. Gerardo Melgar          Han pasado 10 meses desde que comenzáramos en septiembre un nuevo curso. Con el sucederse de los días y las horas, del trabajo, el estudio y los exámenes, los buenos ratos y los menos buenos, hemos llegado al comienzo del, bien merecido, tiempo de vacaciones.

Toda persona responsable, al final de una etapa, suele echar la mirada hacia atrás, para poder descubrir cómo ha sido el trabajo, el rendimiento, los frutos obtenidos, lo que no le ha salido como esperaba y aquello de lo que sí está contento o insatisfecho.

Si esa revisión la hacemos, con toda la normalidad como personas, como estudiantes y trabajadores, hemos de hacerla también de nuestra vida y de nuestra vivencia y compromiso cristiano. Nunca para desanimarnos si descubrimos algo que no nos gusta cómo ha sido, y sí para aprender de ello y mejorar.

En la fe, en el crecimiento como creyentes, no tenemos unas notas o resultados académicos que nos obliguen necesariamente a hacer una reflexión; tampoco tenemos unos resultados de cuentas con los que podamos percibir nuestros resultados positivos o negativos.

En la fe se hace necesaria esta mirada atrás para poder comprobar si hemos crecido en ella; si al final de un nuevo curso nos vemos creyentes más maduros; si hemos aprovechado todas las oportunidades que se nos han dado de formarnos como creyentes; si vamos avanzando en nuestro compromiso cristiano en medio de una sociedad laicista y sin Dios; si en nuestra familia Dios tiene cada vez más el puesto que le debe corresponder; si queremos un poco más a la Iglesia; si nos sentimos responsables de la misión de toda la iglesia y, por lo mismo, de cada uno de los que la formamos; de ser portadores y heraldos del mensaje y de los valores de Jesús a todos los hombres.

Cuando hemos terminado un nuevo curso deberíamos escribir en nuestra libreta o agenda personal los caminos por los que vemos que hemos de seguir avanzando, los medios que deberíamos seguir poniendo para conseguirlo, y trazarnos el itinerario a seguir desde ahora.

La fe es una cuestión que se nos escapa fácilmente, si uno no se propone una y mil veces cómo lograr ir dando pasos hacia adelante. El mismo avance en la vivencia de la fe nos hace caer en la cuenta de lo que nos falta por nuestra parte, y lo que necesitamos para ir consiguiéndolo y haciendo vida en nosotros.

El tiempo de vacaciones es un tiempo muy propicio para pensar; para hacer balance de tantos aspectos de nuestra vida; para revisar cómo nos van las cosas en todos los sentidos; para dedicar un poco de ese tiempo del que disponemos plenamente al no tener el agobio del trabajo diario y además hacerlo con serenidad, nunca para desanimarnos, sino para darnos cuenta de lo que está sucediendo en nuestra vida para mejorarlo en el próximo curso y poner en orden nuestras cosas; para no dejarnos llevar del primer impulso, o de la comodidad primera a la que nos llaman las voces de sirena del mundo, y poder vivir con un poco más de autenticidad la identidad y exigencia de nuestra fe.

El Señor ha dejado en nuestras manos un mundo para que lo trabajemos y que, cada día, se parezca más al sueño de Dios sobre él, para que se aproxime más al proyecto del Creador sobre él mismo. Esta es tarea de todos: sacerdotes, religiosos y laicos. De nosotros depende. Seamos responsables y seamos testigos de Dios en el mundo, en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestras relaciones, para poder avanzar como creyentes y cristianos maduros, viviendo y contagiando nuestras vivencia y testimonio de fe a los demás, de tal manera, que cada uno como cristiano, con su especial forma de vivir, esté llevando el mensaje salvador al corazón del mundo.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.