La verdadera alegría

francomartinezcesaraugustoMons. César Franco          El hombre tiende a enorgullecerse de sus propias obras. Todos caemos en la autocomplacencia, y nos gusta el incienso del reconocimiento público. Negarlo sería hipocresía. Jesús advierte del peligro de buscar la gloria unos de otros y no la de Dios. Títulos, homenajes, honras humanas, es el modo que tenemos los hombres para pagar servicios, destacar hallazgos, o simplemente dejar constancia de hechos laudables y meritorios. Nada de malo hay en ello si el hombre no se hincha con la vanidad o el deleite interior de pensar que todo le es debido. Los santos han huido del elogio, la adulación y las honras mundanas. Como vulgarmente se dice, se han puesto el mundo por montera, han practicado la humildad y han buscado siempre la aprobación de Dios, no la de los hombres. Dicen que cuando san Juan de Ávila agonizaba, una piadosa mujer que le tenía por maestro le recordaba todo lo que había hecho por Dios y por la Iglesia, y el santo replicó: no seré yo quien le recuerde a Dios todo eso.

En el evangelio de hoy, Jesús recuerda a los setenta y dos discípulos, antes de enviarles a predicar, que han sido investidos de un gran poder para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo.  Es una forma simbólica de revelarles que participan de la misma autoridad y poder de Cristo, quien empieza por decir que ha visto a Satanás caer desde el cielo como un rayo, metáfora que alude a su derrota. ¿Quién no se alegraría de un poder semejante? ¿No es el argumento de tantas películas de héroes y superhombres que vencen el mal ante la admiración del mundo? ¿No lucha el hombre por ser coronado de gloria y poder como una forma de autoafirmación y de pasar a la posteridad?

Jesús, sin embargo, advierte a los suyos de que no deben poner su alegría en ese poder recibido, aunque venga de Dios. También él fue tentado por Satanás con la vanagloria de signos portentosos, que mostraran su mesianismo. Sus discípulos no deben alegrarse porque los espíritus se les sometan y triunfen sobre los poderes malignos. «Estad alegres, les dice, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». ¿Qué diferencia hay entre uno y otro motivo de alegría? ¿Acaso la victoria sobe el mal no debe alegrarnos? ¿Y la salvación final no depende en definitiva de nuestras obras buenas? Sí y no. Es claro que la lucha contra el mal llena de gozo y produce la mayor satisfacción a la que el hombre puede aspirar, la que está en el fondo de toda obra verdaderamente humana, que el mundo premia con aplauso y homenaje. Pero, en la batalla contra el mal, el hombre no triunfa con su propio poder y eficacia. Es superior a sus fuerzas vencer el mal moral, el mal que se personifica en el espíritu diabólico. En los crímenes del terrorismo, por ejemplo, y las masacres de inocentes sabemos que hay un poder oculto, siniestro, que ningún poder humano puede vencer por mucho que lo intente. Es el mal personificado en el ángel caído que busca perder al hombre, incluso a los amigos de Cristo, a sus enviados, contra los cuales se revolverá siempre con la envidia homicida del origen, que acabó con la pureza de los primeros padres. Contra ese poder, sólo puede Cristo y los suyos en la medida en que sean conscientes de que también ellos están sujetos a la posibilidad de la corrupción, como bien sabemos por experiencia propia y ajena. Por eso, Jesús, recuerda a sus discípulos que la verdadera alegría no está en los milagros que puedan hacer, en los éxitos apostólicos, sino en la conciencia de que sus nombres están escritos en el cielo, es decir, en la misericordia divina que ha tenido a bien salvarlos de antemano, protegerlos de todo mal, y destinarlos por pura gracia a la vida sin fin.

 

+ César Franco Martínez

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).