Mons. Pérez Pueyo: "Ser sacerdote es una de las formas posibles de ser feliz y fecundo en el mundo"

Barbastro-Monzón Mons. Pérez PueyoInvitado por el Secretariado de Pastoral Vocacional de la diócesis, ha estado en Menorca el Obispo de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Pérez Pueyo, quien ha dirigido la última jornada de formación del clero diocesano del presente curso, en la que explicó su proyecto para vocacionar la diócesis y expuso el tema “El sacerdote, alma y motor de la vocación de la Iglesia”.

¿Cuál fue el punto de partida de su aportación?

Pues expuse, en primer lugar, la necesidad de sentirse agradecidos a Dios por el don recibido. Cada uno de nosotros, al margen de lo que seamos: sacerdotes, consagrados o laicos, hemos sido llamados por el Señor y hemos de responderle con nuestra disponibilidad para amarle, seguirle y ser sus colaboradores. Y, aunque la realidad que hoy vivimos es difícil, no hemos de desanimarnos, sino que hemos de procurar ser aquello a lo que hemos sido llamados por Dios.

Por tanto, ¿cómo hemos de afrontar el momento presente?

Con esperanza y confianza, porque esta obra es del Señor y, aunque las dificultades son obvias, en un tiempo presente de grandes sobresaltos, Dios siempre tiene la última palabra. Él necesita de nuestra disponibilidad y colaboración; por ello, es muy importante que las tres grandes familias que constituyen la Iglesia – sacerdotes, consagrados y laicos- se sientan por igual implicadas en esta tarea de evangelizar y propiciar, con el testimonio, el nacimiento de nuevas vocaciones.

Cómo valora la evidente crisis actual de vocaciones entre los jóvenes?

De entrada, yo estoy convencido de que no se trata propiamente de una crisis de vocaciones, porque Dios siempre sigue llamando, sino que lo que se da es más bien una crisis de respuestas a su llamada. Los jóvenes de hoy son, en general, generosos y solidarios, lo que ocurre es que, en el contexto actual en que viven, no les resulta nada fácil poder canalizar esta actitud. A los jóvenes hay que decirles y mostrarles que ser sacerdote es una de las formas posibles de ser feliz y fecundo en el mundo.

¿Para que florezca una vocación debe haber un ambiente propicio y un necesario acompañamiento?

Sin duda. Si recordamos una época anterior, las parroquias, las familias y la escuela eran tres ámbitos naturales en los que los jóvenes crecían en la educación en valores cristianos. Sin embargo, hoy, los focos de valores son tan dispersos y los núcleos de socialización tan diversos, que los jóvenes adolecen de espacios donde poder crecer y formarse adecuadamente. Por todo ello, es muy importante que encuentren personas que les escuchen, animen, orienten y acompañen en el crecimiento de la fe. La vocación no es más que un decirle sí a Dios cada día; Él ya se encarga de hacernos sensibles a las necesidades de los hermanos. La sociedad está muy necesitada de los valores cristianos, que la humanizan. Yo suelo decir que la Iglesia es un bien ecológico y el sacerdocio una necesidad imperiosa en cualquier comunidad, porque ambos nos ayudan a descubrir la propia vocación y a ponerla al servicio de los demás.

(Diego Dubón – Diócesis de Menorca)

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