La fecundidad del amor

garciaburillojesusMons. Jesús García Burillo          Queridos diocesanos:

Ayer hemos celebrado el Encuentro Diocesano de las Familias. Fue una celebración muy hermosa en la que compartimos todos como una gran y verdadera familia. Conviene que sigamos acogiendo con gratitud el rico contenido de la Exhortación Amoris laetitia del Papa Francisco. Hoy me gustaría detenerme en el capítulo quinto, dedicado a la fecundidad del amor. ¿Qué nos dice el Papa?

El amor auténtico es fecundo: genera vida. Por eso, el amor conyugal no se agota en la donación recíproca de los esposos, sino que se prolonga más allá de ellos expresándose en la realidad de los hijos. Los hijos son un don de Dios. Dios, en su infinita misericordia, se fía de los padres y les hace partícipes de lo más propio suyo: de su poder creador. Por eso, los padres han de acoger y custodiar con responsabilidad y asombro el don de los hijos. No son dueños de la vida de sus hijos, sino custodios y guardianes.

El Papa recuerda que «las familias numerosas son una alegría para la Iglesia» y que, en ellas, «el amor expresa su fecundidad generosa». No obstante, conviene entender de manera adecuada la paternidad responsable, que no es procreación ilimitada sino que implica por parte de los padres un uso responsable de su libertad, teniendo en cuenta tanto la realidad social, como su propia situación.

El embarazo es el tiempo gozoso y a la vez difícil de la espera de una nueva vida. Cada niño es un sueño de Dios fruto de su amor eterno del que los padres han de participar soñando a su hijo. De ahí que el Papa señale que un hijo no puede ser nunca una solución para un problema o ser usado para el propio beneficio, sino que «es un ser humano con un valor inmenso». Los niños han de sentirse esperados y amados gratuitamente y de forma incondicional. El Papa Francisco pide a las mujeres embarazadas que cuiden el gozo de la maternidad a pesar de las dificultades, porque el niño merece y necesita de esa alegría que es fruto de saberse instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo.

El Papa señala también la necesidad y el derecho natural del niño a recibir el amor de una madre y de un padre para su íntegra y armoniosa maduración personal. «No se trata sólo del amor del padre y de la madre por separado, sino también del amor entre ellos». Por desgracia, muchos niños y jóvenes viven hoy un profundo sentimiento de orfandad. Los niños necesitan de la presencia materna, especialmente en los primeros meses de vida. El feminismo extremo, que persigue la uniformidad y la negación de la maternidad, es un grave peligro para nuestra sociedad.

El Pontífice recuerda también el papel imprescindible de los padres en la transmisión de la fe. La protección y orientación del padre a los hijos son tan necesarias como los cuidados maternos. Hoy día, el problema no es la “presencia entrometida” de los padres, sino más bien su ausencia y la crisis de autoridad. Los padres han de estar presentes, pero sin ser controladores ni anular a los hijos.

El Papa no olvida a los esposos que no pueden tener hijos y del sufrimiento que esto les supone. Señala la adopción como camino para realizar su paternidad de una manera generosa. No obstante, la procreación y la adopción no agotan la fecundidad del amor.

Queridos diocesanos, la familia que transmite la fe y hace presente el amor de Dios se convierte en familia fecunda. En cambio, cuando se encierra en su propia comodidad y olvida sus deberes sociales, enferma. La celebración de la Eucaristía ayudará a las familias a superar la tentación de la indiferencia y a reforzar sus deseos de fraternidad y compromiso con los más necesitados.

Con mi bendición y afecto,

+ Jesús García Burillo,

Obispo de Ávila

Mons. Jesús García Burillo
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Nació en Alfamén, Provincia y Archidiócesis de Zaragoza, el 28 de mayo de 1942. Tras finalizar la carrera de Profesor de E.G.B., inició los estudios eclesiásticos en Valladolid, ciudad a la que se trasladó desde muy joven, terminándolos en la Universidad de Comillas de Madrid. Fue ordenado sacerdote en Valladolid, el 25 de julio de 1971. En la misma Universidad de Comillas obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología y en 1977 el Doctorado en Teología Bíblica. Ha desempeñado el cargo de Vicario Episcopal en la Diócesis de Madrid, de la Vicaría III (1985-1996) y de la Vicaría VIII (1996-1998). Fue preconizado Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante el 19 de junio de 1998. Recibió la Ordenación Episcopal en Alicante el 19 de septiembre del mismo año. Preconizado Obispo de Ávila el 9 de enero de 2003, tomó posesión de la diócesis el pasado 23 de febrero de 2003, domingo. CARGOS DESEMPEÑADOS: Capellán de la Residencia Universitaria Torrecilla (Valladolid, 1971-75); Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Villaverde (Madrid, 1977-79); Dir. de la Residencia Divino Maestro (Valladolid, 1964-66); Dir. de la Revista "Ekumene" (1966-71); Coordinador del Movimiento "Ekumene" en Andalucía (1966-71); Secretario General de la Vicaria III (Madrid, 1979-85); Vicario Episcopal de la Vicaría III (Madrid (1985-96); Vicario Episcopal de la Vicaría VIII (Madrid (1996-98). Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante (1998-2002) CARGOS EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL: Miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1999-) y Relaciones Interconfesionales (1999-). ACTIVIDADES: Profesor de E.G.B. (1962-64); Prof. titular en Estudio Agustiniano (Valladolid, 1972-74); Colaborador del C.S.I.C. (1974- 76); Profesor del Instituto Internacional de Teología a Distancia (Madrid, 1977-98); Profesor de Radio ECCA (1977-98). PUBLICACIONES: Destacan entre todas ellas: Catequesis de primera comunión, en colaboración (Madrid: Studio 1968); su Tesis doctoral El ciento por uno. Historia de las interpretaciones y exégesis, (Madrid: C.S.I.C. 1977). Ha colaborado en el Departamento de Producción del Instituto Internacional de Teología a Distancia (1977-1998).