Las opciones definitivas

ruizmartorelljulianMons. Julián Ruiz Martorell          Querido hermano en el Señor:

Te deseo gracia y paz.

A nuestro alrededor encontramos personas generosas, capaces de grandes esfuerzos y de enormes sacrificios. Comparten su tiempo, sus fuerzas, sus energías, sus capacidades, sus cualidades y destrezas. Pero les asusta el reto de una opción definitiva, prolongada sin interrupción y sin cesar.
Hay jóvenes con alma grande que experimentan una llamada interior del Señor, que les invita a un seguimiento más directo y personal. Estarían dispuestos a dedicar parte de su vida a responder a esta llamada. Pero se atemorizan pensando que más tarde, tal vez, podrán replantearse su decisión.

Sigue habiendo quienes se interrogan sobre la posibilidad de entregarse a la vida consagrada, porque han conocido el gozoso y atractivo testimonio de algunas personas que irradian felicidad, luz y bondad desde su consagración.  Se dicen en su interior: “Tal vez, yo también…”. Pero se inquietan ante la posibilidad de que se trate de un espejismo pasajero.

Algunas personas sienten que han encontrado al amor de sus vidas. Después de diversos encuentros y de variadas experiencias, las “mariposas en el estómago” les indican que esta vez va en serio. Pero temen el desafío de un compromiso definitivo, totalmente y para siempre.

Conocemos a quienes están dispuestos a trasladarse más allá de nuestras fronteras, no simplemente para vivir una aventura, sino desde un sano espíritu de solidaridad, y hasta de justicia, para colaborar con alguna organización no gubernamental, o para participar en una experiencia directamente misionera. Pero durante un tiempo concreto, bien delimitado, sin dar el paso a una opción de por vida.

¿De dónde procede este temor a las opciones definitivas? Estamos instalados en la cultura de lo provisional. Nos gusta experimentar, probar, cambiar. En ocasiones, nos dejamos arrastrar por vientos oscilantes, pensando que somos más genuinamente libres, y no apreciamos que, en lugar de movernos, somos movidos, y hasta zarandeados, por los demás. La duda y la desconfianza se instalan en nuestras entrañas y ya no es posible salir del atasco.

Las personas nos vamos haciendo, no estamos ya hechos de una vez para siempre. Con la gracia de Dios, nos vamos convirtiendo en lo que realmente somos, a base de mucho esfuerzo, de no pocas equivocaciones y de multitud de rectificaciones. Y todo ello en sintonía con el proyecto de Dios, haciendo nuestra su voluntad, y caminando en una dirección que Él nos indica, a través de un sendero en el que nunca no deja abandonados.

El carácter definitivo de nuestras opciones no procede de nuestras capacidades, ni de nuestra tenacidad, sino de la potente atracción del Señor que nos llama hacia Él a través de una concreta vocación (sacerdotal, de vida consagrada, misionera, matrimonial). Dios es fiel, es leal. Recordemos que Dios no elige a los capaces, sino que capacita a los elegidos.

No es saludable vivir asentados en la duda continua. Vivir es también arriesgar. Pero no es un riesgo ciego, sino iluminado por la tenue luz de la fe, que va creciendo cada día, y que despeja dudas, asegura la confianza, robustece la decisión y fortalece los pasos que, uno tras otro, se pueden dar en la dirección adecuada.

¡No tengamos miedo a las opciones definitivas! Salgamos al encuentro del Señor que nos ama, nos elige, nos llama y nos envía.

 

Recibe mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.