El voto

cortessorianoagustinMos. Agustí Cortés           Sin duda en política hemos de cuidar del hermano. Esto es todavía más claro cuando un análisis profundo de las causas de su necesidad concluye que su pobreza es culpa nuestra.

No olvidamos la complejidad del reto moral que tenemos delante, si queremos votar responsablemente, de acuerdo con nuestras convicciones. Quedan muchos interrogantes abiertos. Sin pasarnos de la raya, es decir, sin perder la ecuanimidad y el equilibrio, hemos de aprender el arte del discernimiento político practicando una sana sospecha. ¿Qué hay realmente detrás de las palabras y de las imágenes por las que llegamos a conocer los diferentes programas políticos?

Algunas guías para discernir bien en política:

  1. En general el político se dirige a nosotros como “pueblo”. Hemos dicho que ha de ser así, siempre que ello signifique superar los individualismos y al mismo tiempo sean respetados los derechos de las minorías y de las personas concretas. Pero ¿no se han de ampliar hoy cada vez más las fronteras? ¿Aunque no usemos la palabra, no hemos de considerar “como paisanos” a todos aquellos que vienen a nuestro mundo de la sobreabundancia buscando trabajo y pan? ¿No existen también “egoísmos colectivos”, que obedecen al lema de “primero los de casa”?
  2. Por otra parte, la mención de los pobres y marginados no está ausente de los discursos políticos. Pero no todos los que hablan de los pobres trabajan efectivamente en su favor. Con la palabra “pobres” en los discursos se puede hacer mucha demagogia. Y con imágenes y gestos realizados ante las cámaras se pueden ganar muchos votos.
  3. Además, un buen escrutador de la verdad en los discursos políticos ha de fijarse, no sólo en lo que dicen, sino también en lo que callan. Sobre todo tratándose de discursos radicales, de esos que parecen decir las cosas muy claras. Porque las diferencias entre las opciones políticas en general se deben a acentos de uno u otro de los valores políticos. Pero, según nos aproximamos a los extremos, ya no se trata de acentos, sino de afirmación exclusiva de un valor, al tiempo que se van silenciando los contrarios, como cuestiones “inconvenientes”. Así, unos hablaran de repartir la riqueza, pero no dirán de dónde la sacarán; otros dirán que hay que producir esa riqueza, pero no dirán a costa de qué o de quién; unos llamarán al cambio, pero no aclararán si ese cambio conducirá a la pérdida de la identidad democrática; otros apelarán a una estricta regulación y al predominio de todo lo “público” y colectivo en nombre de la igualdad, pero no dirán qué harán de la creatividad y la libre iniciativa ciudadana; unos defenderán la libertad, pero no especificarán si piensan en la libertad individual, que desemboca en el triunfo del más fuerte, o de la libertad “colectiva”, interpretada por ellos mismos, desembocando en una dictadura… El caso es que en el mundo de la política hallamos frecuentes contradicciones: países muy prósperos con elevadas tasas de desigualdad y países muy igualitarios con niveles altísimos de miseria…

Lejos de nosotros querer dar la impresión de llamar al escepticismo político. Todo lo contrario. Sólo deseamos invitar al ejercicio libre y responsable del discernimiento político. La Doctrina Social de la Iglesia, a la cual deseamos seguir cuando votamos, nace del Evangelio. El Evangelio no da en esto recetas, pero sí muchas llamadas a tener los ojos bien abiertos: “Guardaos de los falsos profetas… Por sus frutos los conoceréis”  (Mt 7,15-16); “Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10,16).

Está claro que Dios cuenta con tu voto.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.