Cristo no quita nada, lo da todo

francomartinezcesaraugustoMons. César Franco      El Jesús de los evangelios no es siempre el manso predicador de las bienaventuranzas, que las proclama sin exigir su cumplimiento. Las pronuncia para quien quiera escucharlas y acogerlas, como el Maestro que enseña la verdad sabiendo que tiene fuerza por sí misma para abrirse camino entre los hombres. Cuando se trata de seguirlo, Jesús no acepta condiciones, ni tratos de favor, ni componendas. En el evangelio de hoy, tres personas se dirigen a Cristo pidiendo seguirle, y sus respuestas no dejan lugar a dudas sobre la radicalidad del seguimiento. Advierte que los pájaros tienen nido y las zorras madriguera, pero él no tiene lugar donde reclinar la cabeza. A quien le pide tiempo para despedir a su familia, Jesús le dice que quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el Reino de Dios. Y, lo más escandaloso, es que incluso exige renunciar al deber sagrado de dar sepultura al padre: deja que los muertos entierren a sus muertos, le dice a un tercero.

Este dicho de Jesús es, leído literalmente, inconciliable con el cuarto mandamiento de la ley de Dios, por lo que ha suscitado multitud de comentarios, que no podemos sintetizar aquí. Baste decir, no obstante, que esta afirmación de Jesús no obliga suponer que el padre del interesado en seguirle estaba de cuerpo presente, en espera de sepultura. Pero la repuesta de Jesús no pierde por ello su dureza. ¿Cómo entender el sentido de estas palabras?

Quien se detiene en lo que Jesús exige, suele olvidar lo que da. Cristo no quita nada, lo da todo, dijo Benedicto XVI. La autoridad de Jesús exigiendo seguirlo sin condiciones revela su conciencia de señorío sobre la vida y la muerte, como confiesa nuestra fe. Es el Dios que puede pedir todo. Todo lo que tenemos es suyo. Le pertenecemos en razón de la creación y de la redención. Y él nos pertenece también a nosotros de forma única y definitiva porque ha querido ser todo nuestro. Tú eres, dice un salmo, el lote de mi heredad. Puede pedirnos los bienes, la familia, la vida incluso. Porque no nos la quita de forma absoluta, sino que nos la pide para devolverla centuplicada. Quien deja a su padre, a su madre, a su mujer y a sus hijos por él, dice Cristo, recibirá cien veces más y la vida eterna.

En sus comentarios espirituales, Kierkegaard dice que debemos prestar atención a quién es el que invita a vivir dependiendo sólo de él. El que dice “venid a mí”, o “sígueme” no es un ser cualquiera, un hombre mortal como los demás. Es el que se proclama a sí mismo Resurreccion y Vida de los hombres. En la cultura actual se ha perdido el sentido de la trascendencia. Vivimos instalados en la provisionalidad, en el “carpe diem” del goce inmediato. En cierto modo, nos hemos incapacitado para superar, incluso conceptualmente, la muerte, y por eso nos aferramos al terruño, a la herencia paterna, al afecto familiar, esponsal o filial. No entendemos que Dios pueda pedirnos todo porque todo procede de él y, en último término, todo retornará a él. Y se da la paradoja de que Cristo pase delante de nosotros y le pidamos tiempo para despedidas, para entierros, o nos asuste vivir sin seguridades materiales, como vivió él. Por eso, hasta los jóvenes que, por naturaleza, son radicales, aventureros, antes de decir sí a Cristo, prefieren sus seguridades: terminar una carrera, probar la vida, calcular sus días (como si fueran suyos y dispusieran su destino). ¡Qué insensatos somos! Tenemos la Vida a la puerta, llamando para hacernos felices y darnos la plenitud ansiada, y no nos atrevemos a abrirla. Optamos por la muerte. Por eso interpelan y sorprenden tanto las palabras de Jesús: ¡deja que los muertos entierren a sus muertos!

 

 

+ César Franco Martínez

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).