Mons. Casimiro López: "Donde más me siento pastor es en la visita pastoral, en las parroquias, en el encuentro con los fieles, con las comunidades y escuchar las necesidades de las personas"

IMG_9312– ¿Qué balance hace de estos 10 años como Obispo de esta diócesis?

He intentado en la medida de lo posible trabajar por la comunión con el Señor y también entre nosotros. Se han dado pasos, evidentemente, pero queda aún camino por recorrer, se ha ido sembrando y la tarea es aún ingente. Se hace muy necesaria la evangelización interna y externa y seguir trabajando, sobre todo, desde el aliento que nos da el Señor Resucitado, fortalecer la fe, que es fundamental y que es algo que resalto mucho en las visitas pastorales: «Vengo a ayudaros a caminar, además de a conoceros, a confirmaros en la fe, a orar y a seguir adelante ante las dificultades que siempre existen».

– ¿Cuáles han sido las mayores alegrías que recuerde haberle dado Segorbe-Castellón?

Ha habido muchas. El haber ordenado alrededor de 30 sacerdotes, con una media de 3 sacerdotes por año, eso es una alegría. Cada ordenación cuando les ves después de todo un proceso llegar al final y ser ordenados es un motivo de alegría.

Motivo de alegría son también las visitas pastorales, fundamentalmente el encuentro con los enfermos, el encuentro con los más necesitados, los que están en las cárceles, el jubileo con 1.500 niños, el haber concluido las obras de la Concatedral, el haber celebrado el 50 aniversario de nuestra diócesis en la actual configuración, los dos Años Marianos de Lledó, y muchos otros momentos, como cuando voy  a las parroquias y se me acerca una persona y me dice que le ha tocado una palabra del evangelio o de la homilía. Le ha tocado el Señor, que es lo fundamental. En todos estos momentos me siento satisfecho, no por mí mismo, sino porque el Señor ha llegado a los otros y les ha tocado el corazón.

– ¿A qué retos se enfrenta actualmente como obispo?

Son muchos y continuos. Esencialmente en el contexto social en el que nos encontramos. Yo creo que hay que trabajar, y mucho, para ayudar a los bautizados a continuar en la fe, desde donde hay que plantear también la vocación al ministerio ordenado y también al matrimonio, a la familia cristiana, y a la vida consagrada.

Un tema que también es urgente es el acompañamiento a los matrimonios, la pastoral familiar, a lo que va muy unido la pastoral de jóvenes. Y otro reto es la misión en un contexto de cierta indiferencia hacia la fe, de un laicismo excluyente donde los cristianos debemos ofrecer a Jesucristo y debemos salir, como dice el Papa, a las «periferias» para anunciarlo. Y para todo esto debemos recuperar la esperanza y la ilusión. A veces las circunstancias externas, el alejamiento de la fe y las prácticas de algunos cristianos, nos desalientan.

– Año de la Misericordia. Le hemos visto en celebraciones jubilares por arciprestazgos, de jóvenes, de niños, de sacerdotes, de enfermos, de religiosos,.. y uno muy especial del cual le hemos oído mucho hablar, el que vivió en las prisiones de Albocácer y Castellón, ¿Por qué le han marcado tanto?

Allí palpas, experimentas, ves, sientes la presencia de Dios misericordioso y cómo va tocando los corazones. La cárcel me ha tocado de manera especial porque cuando uno celebra la misericordia de Dios con los presos, que se sienten prácticamente despojados de todo, decirles «no, tenéis vuestra dignidad, Dios os ha perdonado, acoged su perdón» y verles cómo se abrazan a la cruz. Y luego un gesto sencillo, y que me parecía casi obligado, el de darles un abrazo a cada uno después de haber abrazado ellos la cruz y verles llorar te das cuenta de que ahí Dios está actuando. Me hizo percibir y experimentar cómo el Señor toca el corazón de las personas y cómo ellas se sienten en el inicio de una recuperación. He tenido alguna carta de algún interno que me ha contado su experiencia y eso es palpar la misericordia de Dios con los más necesitados. Ellos han de penar el delito que hayan cometido, sí, pero es un tiempo para la recuperación desde el encuentro con la misericordia de Dios.

– De toda su labor pastoral, en el día a día, ¿Qué es lo que más le gusta hacer como obispo?

Donde más me siento pastor es en la visita pastoral, en las parroquias, en el encuentro con los fieles, con las comunidades y escuchar las necesidades de las personas también las más materiales, el ir a visitar a los enfermos, estar con los catequistas,.. Aunque luego evidentemente la vida de obispo tiene reuniones, a veces visitas con los sacerdotes, etc.

– «In servitium comunionis», «al servicio de la comunión» es su lema episcopal, ¿Cómo ha caracterizado este lema su ministerio episcopal?

Mi lema tiene doble perspectiva. La Iglesia es sacramento de comunión con Dios y entre los hombres. Nos marca mucho el individualismo también a nosotros que somos personas de nuestro tiempo. Y hay que trabajar mucho para que haya un verdadero sentido de comunidad. Y después no puede haber una comunión completa si no sale a la misión. No es fácil a nivel humano crear comunidad. El Papa Francisco lo dijo claramente: «la espiritualidad de comunión comienza por aceptar a quien tengo  a mi lado como un don para mí» y eso ya comienza a ser complicado cuando tenemos que trabajar día a día con nuestras virtudes y nuestros defectos, comenzando por el mismo presbiterio, los mismos sacerdotes, que se quieran como verdaderos hermanos, que trabajen juntos,.. y lo mismo con los movimientos. Es decir, que tenemos que ver la riqueza que cada uno supone para el resto.

– ¿De qué manera influye el pontificado del papa Francisco en su labor pastoral?

Como para todo cristiano, el Santo Padre es siempre un referente. San Juan Pablo II me nombró obispo, Benedicto XVI me nombró obispo de Segorbe-Castellón, un gran teólogo con una capacidad impresionante, y el papa Francisco que también me está influyendo. De él hay 3 cosas que debería resaltar: Francisco desde el inicio utiliza mucho el binomio «discípulos misioneros», y la iglesia es la comunidad de discípulos misioneros y con esto nos ha lanzado a la misión, pero sin olvidar nunca ser discípulos, personas evangelizadas, convertidas al Señor. No puede haber un discípulo que no sea misionero, ni un misionero que no sea discípulo.

Hay otra cosa, el Papa es muy concreto en decir las cosas, tanto cuando toca temas de espiritualidad como temas de práctica y de imagen. Y después, esa Iglesia en salida de la que tanto habla. Éso me está marcando mucho, acentuar que somos servidores, que estamos al servicio de Aquel a quien servimos, que es Jesucristo el Buen Pastor y de las personas que Él pone en nuestras manos.

(Diócesis Segorbe – Castellón)

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