Libres y responsables

PerezGonzalezFranciscoMons. Francisco Pérez         El Catecismo de la Iglesia Católica habla de la libertad moral que Dios ha dado al hombre para elegir. “A la libertad nos ha llamado Dios” (Gal 5,13) y “la verdad os hará libres” (Jn 8.15) son las expresiones evangélicas que iluminan esta reflexión. Ya las páginas del Antiguo Testamento recuerdan cómo Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, por lo tanto capaz de usar la libertad que Él mismo respeta. “Quiso Dios dejar al hombre en manos de su propia decisión” (Si 15,14); “de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él llegue libremente a la plena y feliz perfección” (GS 17). Dios no fuerza la naturaleza humana. Dice San Agustín: “El que te creó sin ti no te salvará sin ti”.

La libertad es una de las cualidades más deseadas por todo el mundo porque está en lo más profundo de la naturaleza humana. Es un poder que, siguiendo la razón y la voluntad, le hace posible elegir qué acciones quiere realizar y cómo. No hablamos de la libertad en relación con la esclavitud, ni con la función social que cumple para conseguirla en la historia de los pueblos. Los cristianos viviendo en plenitud nuestra condición de personas libres queremos que todos los sean. Aquí hablamos de libertad moral personal para hacer el bien o el mal.

La libertad es un don, una gracia, un gran privilegio de Dios y también una tarea para no perderla y usarla bien. Así lo expresa el Concilio Vaticano II cuando habla de la dignidad de la conciencia moral y la grandeza de la libertad. “Posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo” (GS 17). Cervantes dice que “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los dioses”. La libertad es una disposición moral de la persona. Implica poder elegir entre el bien y el mal.

La verdadera libertad es responsable, es decir, quien la ejerce tiene en cuenta las consecuencias de sus acciones. No es libertad elegir el mal. El mal uso de la libertad “conduce a la esclavitud del pecado” (cf Rm 6, 17). Desde los orígenes de la humanidad la libertad está herida por el pecado. Por eso es necesario un esfuerzo constante para usarla bien haciendo un discernimiento responsable. Cada uno debe responder de sus actos y rogando a Dios le ayude con su gracia.
El Señor pide responsabilidades a Adán después del pecado en el paraíso: “¿Qué has hecho?” (Gn 3,13). También a Caín le pregunta: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4, 10). Así mismo los profetas recriminan a los reyes sus malas acciones. Algunas veces se fomenta una libertad depravada, que nace de una conciencia deformada, laxa o errónea. La historia certifica cuántas desgracias y males han venido a cada persona, a grupos sociales y a la humanidad entera nacidas del mal uso de la libertad, nacido de corazones depravados. El Infierno es fruto del pecado y a Dios nunca hemos de echarle la culpa; es el ser humano quien se hace responsable de sus actos que pueden ser buenos o malos. Al final cada uno dará cuentas de su vida como muy bien nos dice la Biblia.

La gracia de Dios nos ayudará a vivir nuestra libertad con responsabilidad. Nunca la destruye, sino todo lo contrario. Ayuda a atemperar las pasiones. El cristiano antes de elegir ora al Espíritu Santo, que es el Consejero de nuestras almas, para tener acierto. “Donde está Él, está la libertad” (2 Co 3,17). Los cristianos hemos de ser las personas más libres según dice San Pablo: “Nos gloriamos de la libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,21). Hoy se confunde libertinaje con libertad y esto es fruto del relativismo que ciega la auténtica conciencia y desvía del camino que lleva a la eterna realización que es el Cielo.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).