Acercarnos al pobre y al excluido, pide el Papa Francisco

AFP5445733_LancioGrandeMiles de fieles y peregrinos de diversos países volvieron a reunirse, el cuarto miércoles de junio (día 22) en la Plaza de San Pedro para participar en la tradicional audiencia semanal del Santo Padre, durante la cual el Papa Francisco prosiguió con su serie de catequesis sobre la Misericordia en el Nuevo Testamento.

En esta ocasión, el Obispo de Roma se refirió a la “Misericordia que purifica el corazón”. Y lo hizo con la introducción de un pasaje del Evangelio de San Lucas, que relata el ruego que un leproso hizo a Jesús: “Señor, si quieres puedes purificarme”.  Un hombre que – como explicó Francisco – no sólo pide que lo cure, sino que también lo purifique, es decir, que lo sane integralmente, en el cuerpo y en el corazón.

Porque como destacó el Papa, efectivamente la lepra era considerada una forma de maldición de Dios, de impureza profunda, por lo que el leproso debía estar alejado de todos, lejos de Dios y lejos de los hombres, puesto que ni siquiera podía ir al templo. Sin embargo – prosiguió Francisco hablando en italiano – y a pesar de esto, aquel leproso no se resignó ni a la enfermedad ni a las disposiciones que lo convertían en un excluido, porque reconoció el poder de Jesús, seguro de que todo dependía de su voluntad.

Y esta fe – añadió el Pontífice – es la fuerza que le permitió romper todas sus convicciones y buscar a Jesús, para arrodillarse ante Él llamándolo “Señor”. De modo que su súplica – dijo el Papa Bergoglio – nos muestra que cuando nos presentamos ante Jesús no es necesario hablar tanto, sino que bastan pocas palabras, siempre que estén acompañadas por la plena confianza en su omnipotencia y su bondad.

De ahí que el Papa haya afirmado que encomendarnos a la voluntad de Dios significa ponernos ante su infinita misericordia, puesto que no existe otro lugar en el que nos sintamos más seguros.

En cuanto a la disposición de Jesús, que tras haberlo curado le pide que no hable con nadie de eso, el Santo Padre explicó que esto nos permite ver tres aspectos: Primero, que la gracia que actúa en nosotros no busca el sensacionalismo; segundo, que al verificar oficialmente la  curación con los sacerdotes y celebrando un sacrificio expiatorio, el leproso vuelve a ser admitido en la comunidad de los creyentes  y en la vida social y, en fin, que presentándose ante los sacerdotes el leproso les da testimonio de Jesús y de su autoridad mesiánica.

Al concluir su catequesis el Pontífice afirmó que la fuerza de la compasión con que Jesús curó al leproso llevó la fe de ese hombre a abrirse a la misión. De ahí su invitación a pensar en nosotros y en nuestras miserias… con sinceridad. Dado que tantas veces – dijo – solemos cubrirlas con la hipocresía de las “buenas maneras”. Por lo que es necesario – añadió – estar solos, ponernos de rodillas ante Dios y pedir: “Señor, ¡si quieres, puedes purificarme!”.

(María Fernanda Bernasconi – RV)

Texto completo del resumen de la catequesis que el Papa pronunció en español 

«Queridos hermanos y hermanas:

La súplica que el leproso dirige a Jesús: «Señor si quieres puedes limpiarme», manifiesta el deseo profundo del hombre de una auténtica purificación que lo una a Dios y lo integre en la comunidad. Esta petición, fruto de la fe y de la confianza en Dios, encuentra la respuesta en la acción y en los gestos de Jesús, que, sintiendo compasión, se acerca, lo toca y le dice: «Quiero, queda limpio».

Jesús nunca permanece indiferente a la oración hecha con humildad y con confianza y, rechazando todos los prejuicios humanos, se muestra cercano para enseñarnos que no tenemos que tener miedo de acercarnos y tocar al pobre y al excluido, porque en ellos está el mismo Cristo. Con sus actos, Jesús no busca el sensacionalismo, sino que cura con amor nuestras heridas, modelando pacientemente nuestro corazón conforme al suyo. El gesto mesiánico Jesús culmina con la inclusión del leproso en la comunidad de los creyentes y en la vida social: así se llega a la plena curación, que además convierte al sanado en testigo y anunciador de la misericordia de Dios».

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica; ¡veo que son bastantes! Que movidos por la humildad y la confianza de la petición del leproso, nos sintamos todos necesitados de la sanación del Señor, y aprendamos a acercarnos al pobre y al excluido reconociendo en ellos al mismo Cristo. Muchas gracias».

(GM – RV)

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