Espíritu Santo

morgairuzubietacelsoMons. Celso Morga       Queridos fieles,

Quiero dedicar estas líneas especialmente a todos los jóvenes y adultos que han recibido el sacramento de la confirmación durante este curso en nuestra Archidiócesis. Hay dos afirmaciones de la Sagrada Escritura que os quiero comentar brevemente. La primera está en la Carta del apóstol san Pablo a los Corintios, en el capítulo 12, donde habla de los carismas o dones que aquellos primeros cristianos recibían de Dios: curaciones, profecías, don de lenguas… San Pablo les dice que todos los carismas tienen que servir para el bien común, que son para el bien de toda la comunidad, no para la vanidad o el egoísmo o el desorden. Por ello, el discurso acaba con el capitulo 13 donde está el famoso himno a la caridad: «os mostraré el camino más excelente: aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe…».

Pues bien, al inicio de toda esta enseñanza sobre los carismas o dones en la comunidad cristiana, san Pablo pone como el principio y fundamento, el don de la fe: «nadie puede decir: “Jesús es el Señor” sino movido por el Espíritu Santo» (1Co 12,3). Esta es la afirmación fundamental de la fe cristiana: que “Jesús es el Señor”. Es decir, que aquel hombre Jesús, que caminó por nuestra tierra, convivió entre los hombres, comió y bebió, padeció la cruz y resucitó es “Kyrios”, es, Señor, es decir, es Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad… Pues bien, esta confesión fundamental de fe nadie lo puede afirmar si el Espíritu Santo no se lo sugiere.

Por eso, el Espíritu Santo no obstante ser “el último” en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad, es, sin embargo, “el primero” que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que consiste en: «que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17,3).

El Espíritu Santo habla dentro de nosotros, no está mudo, es una Persona divina viva. Por eso san Pablo lo contrapone a los ídolos mudos, a los cuales rezaban aquellos primeros cristianos antes de recibir el bautismo. «Cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos» (1Co, 12, 2).

Ni veíais ni oíais, les viene a decir, erais totalmente ignorantes en cuanto a la vida de Dios porque adorabais a ídolos mudos y ciegos. No así ahora que tenéis al Espíritu dentro de vosotros. Ahora tenéis la vida de Dios en vosotros, esa que no acabará nunca y que se trasformará en vida eterna. Es una vida de relación. De dialogo amoroso, de Dios que habla y responde a nuestra súplica, que está pendiente de nosotros, que se interesa por nuestras cosas, por pequeñas y fútiles que parezcan.

Todo ello nos invita a no ser superficiales: ¡cuántos ídolos mudos hay hoy entre nosotros! En nuestra sociedad de la imagen y los ruidos, el peligro es que vivamos siempre hacia fuera; que no haya espacios de oración y silencio; que pensemos en encontrar la felicidad fuera de nosotros, sin darnos cuenta que la verdadera riqueza esta dentro de nosotros: en esa vida de Dios que llevamos dentro!

Esa vida divina que llevamos dentro es una vida de filiación divina, de hijos de Dios, de familiaridad y amistad con Dios. Es el mismo Espíritu del Hijo que Dios ha enviado a nuestros corazones y que clama dentro de nosotros: «Abbá, Padre» (Ga 4,6).

El Espíritu Santo primero nos hace conocer verdaderamente a Jesús como Señor y, después, en Jesús, el Hijo de Dios, nos hace saborear la filiación divina, que somos verdaderamente hijos de Dios en el Hijo. Nos lleva a conocer y tratar a Dios Padre como Padre. Esta vida interior es , en definitiva, vivir en Cristo:«vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,16.19-21).

Pero en esta vida divina que pulula dentro de nosotros hay tropiezos, hay pecados. Jesús se debe enfrentar repetidamente con esa realidad oscura, por ejemplo cuando acoge a la pecadora y perdona sus muchos pecados porque ha amado mucho (Lc 7,36-8,3).

Pero será también el Espíritu Santo, como don de Cristo crucificado, quien nos devuelva la vida divina que habíamos perdido por el pecado. La tarde del mismo día de la resurrección, apareciéndose Jesús a sus discípulos soplará sobre ellos y les dirá: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retuviéreis les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23). Así entendemos esa otra revelación: «nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1Co 2,1).

Lo íntimo de Dios es su misericordia infinita, es decir, Cristo crucificado, el rostro misericordioso del Padre, que el Espíritu Santo nos revela, nos hace gustar, nos hace vivir.

+ Celso Morga Iruzubieta

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 56 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.