«Favorecer la cohesión social»

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella         En una reciente rueda de prensa de Cáritas diocesana de Barcelona, dije que «para la Iglesia lo más importante no es el dinero, sino los rostros, las personas». He tenido el placer de ver confirmada esta orientación personalista del trabajo social que hace la Iglesia en las conclusiones del estudio sobre la acción social de la Iglesia y su aportación a la cohesión social de Cataluña, desarrollado por la Cátedra de Inclusión Social de la Universidad Rovira Virgili y la Fundación Pere Tarrés-URL, con la colaboración del Campus Docente de San Juan de Dios, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

El retrato general que ofrece este trabajo es el de una Iglesia cercana al sufrimiento de las personas. En Cataluña hay 785 entidades sociales de la Iglesia, que durante 2014 atendieron a 426.976 personas que, por diferentes circunstancias, tuvieron que pedir ayuda, y encontraron respuesta gracias a la labor de 18.850 voluntarios y 3.297 personas contratadas. El estudio, que se presentó el pasado 4 de junio, muestra que muchas de estas entidades lo hacen desde los valores evangélicos y que, para muchas personas, son «el rostro de la misericordia de Dios Padre».

Quisiera remarcar que me parece muy significativo que los resultados del trabajo revelen esta dimensión personalista de la labor de estas instituciones y su aportación a la cohesión social. Se trata de entidades que aceptan que la persona es el centro y el fin de toda la vida económica y social. Se esfuerzan en mejorar el día a día de las personas y hacen que bastantes familias puedan llegar a desarrollar dignamente las capacidades de sus miembros. El acompañamiento personal es uno de los principios inspiradores de su actividad. Las oportunidades que ofrecen son sobre todo de carácter sociolaboral (inserción en el mundo laboral) y socioeducativo (educación y formación continuada), lo que hace que su trabajo tenga un carácter inclusivo, especialmente porque actúa sobre una parte de la población muy castigada. El 64% de las entidades sociales de la Iglesia consideran que su acción contribuye a la cohesión social.

Mayoritariamente son entidades que tienen poca dependencia de las administraciones públicas por lo que se refiere a la financiación, que en su mayoría proviene de fuentes privadas, personas o empresas, y, por lo tanto, estas entidades contribuyen a aliviar el gasto social de carácter público y suplen la falta de políticas familiares.

Prácticamente todas las entidades estudiadas cuentan con voluntariado. Y tanto entre el voluntariado como entre las personas contratadas la mayoría son mujeres (tres de cada cuatro personas). Por ello, se puede decir que la asistencia que se presta desde las entidades sociales de la Iglesia está organizada y protagonizada claramente por mujeres. Quizás sería oportuno que la Iglesia sacara algunas consecuencias de ello…

¡Que Dios os bendiga a todos!

 

+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.