Nunca seáis jóvenes cristianos de vitrina

carlososoro1Mons. Carlos Osoro           Esta semana quiero dirigirme especialmente a los jóvenes. Cuando los que trabajáis estáis planificando vuestras vacaciones; cuando los que estudiáis ya estáis terminando vuestros exámenes y pensáis en dedicar algún tiempo a los demás; cuando muchos preparáis el viaje a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Cracovia; cuando otros padecéis la dificultad de encontrar trabajo, os quiero hablar al corazón. Nunca seáis jóvenes de vitrina. Entrad en el mundo, construid la historia con la novedad del discípulo de Cristo. Retirad lo viejo. Mostrad lo nuevo, que llega a la existencia humana cuando dejamos que Cristo protagonice nuestra vida.

A muchos de vosotros os veo los primeros viernes de mes en la catedral, para contemplar al Señor en el Misterio de la Eucaristía y para escuchar su Palabra, a otros os encuentro en las comunidades parroquiales… Todos sois una propuesta de esperanza para este mundo. Esta humanidad se enriquece con los dones que el Señor ha puesto en vosotros. Gracias de corazón, pues a pesar de las dificultades que en muchas ocasiones tenéis para encontrar salidas justas, que dignifiquen vuestras vidas, y así poder vivir derechos fundamentales para todo ser humano, a vuestro lado siento una alegría especial. ¿De dónde me viene? De Jesucristo, fuente de la alegría y de la esperanza. De ver cómo nada ni nadie os quita de vuestro corazón esa propuesta de vivir en la esperanza alcanzada por quienes os fiais de Nuestro Señor. Y ello lo manifestáis en el compromiso de vivir como miembros vivos de la Iglesia.

Gracias por ser esos jóvenes que sabéis muy bien que a este mundo, que se ha convertido en una aldea muy pequeña, le hace falta un cambio en lo esencial que solamente puede dar Jesucristo. Os agradezco que evangelicéis a otros jóvenes, tanto con palabras como con obras. Es apasionante dar la noticia de que Jesucristo Nuestro Señor es Quien, con su Resurrección, ha triunfado sobre todas las cosas y ha dado claridad, firmeza y fuerza al ser humano y a la historia que hacemos los hombres. ¡Qué bien lo habéis entendido y contemplado los jóvenes en ese pasaje del Evangelio donde Marta, la hermana de Lázaro, le dice al Señor: «Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano»! Los que habéis conocido al Señor queréis y deseáis que Él esté en vuestra vida y sabéis que va delante de nosotros y nos acompaña.

Quiero haceros una propuesta clara: nunca tengáis la tentación de ser cristianos de vitrina. De esos que no quieren contagiarse con nada ni nadie y se guardan a sí mismos. Haced que vuestra vida sea este canto que hace el salmista: «A ti, Señor, levanto mi alma» (Sal 24). Sí, «a ti levanto mi alma». Cuando el Papa san Juan Pablo II proclamaba este salmo explicaba que, con ello, decimos que nos queremos poner en la vida a la altura de Dios, a su alcance, en las medidas que Él nos da. Es una propuesta a vivir en la esperanza. Con vuestra vida, con vuestro compromiso en vuestras comunidades cristianas, en las parroquias, asociaciones y movimientos, viviendo con ese ritmo y con ese canto, sois ya una propuesta de esperanza. ¡Qué alegría saber que sois lo que siempre quiso el Señor: «Sal y luz de la tierra». Y lo sois cuando, al percibir la ternura, la misericordia y la bondad de Dios, se hace vida en nosotros los que dice el Evangelio: Tu ternura, tu misericordia son eternas. Tu bondad es eterna, nos la has hecho experimentar a todos nosotros en tu Resurrección.

Sois propuesta para vivir en la esperanza cuando tenéis ese corazón que palpita al unísono del de Cristo y vivís con la pasión de un corazón grande, con capacidad para superar las tribulaciones que puedan llegar a nuestra vida con la gracia y con la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la creatividad que da tener ese corazón. Con esa capacidad para saber vivir la vida recibiendo el perdón del Señor y regalando lo que hemos recibido a todos los que nos encontremos en el camino. ¡Sed jóvenes propuesta de esperanza! ¡Sed jóvenes valientes que salís al mundo y a todas las situaciones que viven los hombres para hacer un cambio! Pero con la certeza de que no queréis hacerlo con la fuerza de los hombres, sino con esa que viene de haber acogido en vuestra vida el amor de Dios. Y que, cuando vean lo que hacéis y cómo os comportáis, podáis decir aquellas palabras del apóstol san Pablo: «No soy yo, es Cristo quien vive en mí». Expresad sin miedos lo que os da el Señor: ensancha nuestro corazón, pone en él las medidas del suyo, nos da una manera de existir y de vivir que hace ver a los demás que lo viejo ha pasado y lo nuevo ha comenzado. Sed novedad, la que da Jesucristo. Como decía el Papa san Juan Pablo II, poneos a la altura de Dios y siempre a su alcance.

Tened el atrevimiento de sacar a los jóvenes de las tumbas, como lo hizo el Señor con Lázaro. Hoy muchos están muertos, están vendados y tienen la corrupción en sí mismos. Y necesitan de otros que los acompañen, les muestren la vida de Cristo, que es la Resurrección, y les quiten las vendas que no les permiten moverse ni ver. Sois necesarios, pero siempre siendo discípulos misioneros, que acompañan y buscan a quienes están en las tumbas. No consintáis que este mundo se convierta en un cementerio. Ya veis lo que hizo el Señor con Lázaro, que llevaba ya cuatro días enterrado. Haced ver que hay solamente una persona que da la vida al hombre: Jesucristo. Dejaos interpelar por Él como Marta después de reprocharle que su hermano no habría muerto si hubiese estado ahí. Qué fuerza tiene lo que le dijo el Señor: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. ¿Crees esto?». ¿Lo creemos nosotros? ¿Tenemos la valentía y la convicción, que nacen de la fe, para decírselo nosotros a los que nos encontramos por el camino que están en la tumba, muertos, vendados? «Él es la Resurrección y la Vida. Él está vivo, da la vida. Él entrega la resurrección, saca de las tumbas. Él quita las vendas. Él quita la corrupción que pueda existir en nuestra existencia. Él te entrega una novedad que nadie puede dar». Cuando nos pregunta si lo creemos, ¿decimos como Marta: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo»? Creemos que solamente Jesucristo saca de las tumbas a los hombres. Solo Él tiene capacidad para eliminar la crisis verdadera, la real, no las manifestaciones que pueda tener la crisis como las que nosotros percibimos y padecen los hombres. Hay una más profunda cuando el ser humano vive sin conocer a Dios. La ocultación de Dios, relegarlo en nuestra vida y no ponerlo en el centro de nuestra existencia, nos incapacita para quitar vendas a los demás y para sacar de las tumbas a los hombres. Por eso, tiene más trascendencia de lo que parece vivir desconociendo a Jesucristo, que es Quien nos ha revelado quién es Dios y quién es el hombre.

Comprometámonos a ser una propuesta para vivir en la esperanza en y desde la Iglesia, que es la nueva Jerusalén, que sabe que desciende del cielo, que es obra de Dios, que se embellece con la vida del Señor y que se adorna con su vida. Una Iglesia que regala el rostro de Dios a los hombres, sin miedo a hacérselo presente ni a decirles que este Señor que nosotros anunciamos es el único que da presente y futuro al hombre y a la humanidad. Una Iglesia que puede decir en medio de esta historia: Ya no habrá muerte ni luto, ni llanto, ni dolor, porque el primer mundo ha pasado, pues por el Bautismo hemos nacido a la vida eterna, tenemos la vida de Dios. Y esta vida eterna es la que anunciamos, es la vida que regala Dios a través de la Iglesia, es la vida que predica a los hombres como algo absolutamente nuevo. La Iglesia que es consciente de que Cristo, como nos decía el Libro del Apocalipsis, es Alfa y Omega. Sed jóvenes de propuesta de esperanza para este mundo.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
Acerca de Card. Carlos Osoro 326 Articles
Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.