La familia amplia

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol           El capítulo quinto de la exhortación apostólica del papa Francisco Amoris lætitia, ‘La alegría del amor’ titulado «Amor que se vuelve fecundo», es una aproximación muy interesante a las relaciones en el seno de una familia e incluso con las familias de alrededor.

Primero habla del derecho del hijo a tener un padre y una madre, «ambos necesarios para una maduración íntegra y armoniosa». Unos padres que tienen con el hijo gestos de amor «que pasan a través del don del nombre personal, el lenguaje compartido, las intenciones de las miradas, las iluminaciones de las sonrisas».

Luego apunta al derecho de los padres a ser honrados por los hijos, como prescribe el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, que coloca este amor inmediatamente después del amor a Dios. «Este vínculo virtuoso entre generaciones es garantía de futuro y de una historia verdaderamente humana».

En tercer lugar, menciona a los ancianos, y aquí recoge la expresión del Salmo 71,9   «No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones.» La Iglesia no puede aceptar, en nombre del progreso, una mentalidad de indiferencia o desprecio de la vejez. Los abuelos son pieza fundamental en la transmisión de valores; incluso, como hemos visto en estos años de crisis, en el soporte de familias con necesidades cediendo generosamente parte de sus exiguas pensiones.

El papa Francisco se refiere en otro punto a la fraternidad como un valor extraordinario entre hermanos que se aprecian. Aún va más allá y habla de primos, tíos, suegros, parientes. Y acaba diciendo que esta familia amplia debe integrar también con mucho amor a las madres adolescentes, a los huérfanos, a personas con discapacidad, a solteros, separados o viudos que viven en soledad.

Todo esto no va en contra de que se mantenga la necesaria intimidad en la pareja, que necesita de espacios para este amor entre el tú y el yo. Sin que falte este trato íntimo, es una llamada a evitar el egoísmo, no poniendo límites a la grandeza de corazón para ayudar a quienes más lo necesitan.

En culturas como la africana, y otras del Tercer Mundo, el virus del individualismo no ha entrado tanto como en Europa. El amor y la ayuda se extienden a los parientes, incluso a los vecinos con los que se comparten momentos de compañía y de bienes. Ya sabemos que la vida moderna, y más en las ciudades, dificulta esta apertura, pero el amor vence todas las barreras, generacionales y externas.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.