Concretemos la misericordia

atilanoRodriguezMartinezMons. Atilano Rodríguez          Muchas personas, cuando hablan de la misericordia de Dios, la perciben como una realidad abstracta y lejana. El papa Francisco nos recuerda, sin embargo, que la misericordia divina es una realidad muy concreta. Es como el amor de un padre o de una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por la suerte de sus hijos. Dios no sólo mira al ser humano y le acompaña durante su peregrinación por el mundo, sino que se conmueve interiormente y se compadece de él (cfr. MV 6).

Ante la actuación compasiva de Jesús con los publicanos y pecadores, los evangelistas nos muestran la actitud hostil de los escribas y fariseos. Estos, dominados por la envidia, son incapaces de admitir que el Señor invitase a los pecadores a formar parte de su familia puesto que no cumplían los preceptos de la ley. El cumplimiento de unas normas había provocado la dureza de su corazón y les había llevado a considerarse superiores a los demás. Ante esta actitud de superioridad, Jesucristo les recordará que no basta cumplir la ley para salvarse. La alabanza que sale de los labios debe coincidir con los sentimientos del corazón.

En ocasiones, algunos cristianos, sin darnos cuenta, podemos actuar también de forma similar a los escribas y fariseos en las relaciones con nuestros semejantes. A lo largo de la vida, todos corremos el riesgo de considerarnos mejores que los demás por el hecho de cumplir a la perfección nuestras prácticas religiosas. Para no incurrir en esta tentación, deberíamos permanecer  muy atentos a la voluntad de Dios para comprobar  si la relación espiritual con Él nos ayuda a abrir el corazón a sus enseñanzas y a cuidar de los pobres y marginados.

Cuando nos paramos a examinar las relaciones con nuestros semejantes, podemos descubrir que, en ocasiones, nos faltan entrañas de misericordia y sentimientos de compasión hacia ellos. Por ello, al ponernos ante Dios, además de pedirle perdón porque no nos duele el corazón al contemplar las necesidades de nuestros hermanos, tendríamos que darle gracias porque, a pesar de nuestros pecados, nos sigue amando y acepta nuestro humilde servicio en la acción evangelizadora de su Iglesia.

Asimismo, deberíamos revisar nuestro compromiso en la acción pastoral pues no es posible anunciar el Evangelio a los demás desde la frialdad o la indiferencia, sin conmovernos interiormente al contemplar el amor entrañable de Dios hacia todos sus hijos. Como primer paso para el anuncio explícito del Evangelio, los cristianos tendríamos que mostrar siempre entrañas de misericordia hacia nuestros semejantes. No basta dar cosas a los demás; ante todo es preciso mostrarles un amor desinteresado.

En todo momento hemos de pedir a Dios que nuestro trabajo pastoral y nuestra misión en su viña no nos cierre a su amor ni nos aleje del amor a nuestros semejantes. Si somos buenos  cumplidores de los mandatos divinos y fieles intérpretes de lo que siempre se ha hecho, pero nuestro corazón está lejos de Dios y de los hermanos, será preciso que examinemos  nuestra vida cristiana a la luz de la Palabra de Dios y que emprendamos un camino de sincera conversión hacia Él.

Con mi bendición, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.