¿Por qué suceden algunas cosas en nuestro mundo?

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez           ¿Por qué no se consigue solucionar el problema de los refugiados del Medio Oriente a Europa? ¿Cómo es posible que siga habiendo víctimas ahogadas en el Mediterráneo? ¿Por qué aquella llamada “primavera árabe” se ha convertido en masacres de inocentes? Algunos piensan que algunos poderosos medios  no dicen nunca la verdad, por ejemplo en el caso del conflicto sirio. Una pregunta lacerante es dónde compra el mal llamado “Estado islámico” sus armas o dónde consigue su dinero para ello. ¿Quién compra el petróleo que estos yihadistas confiscan en el territorio que han conquistado? Entre otros, la Unión Europea, de modo que este Estado consigue millones de dólares, con los que compra sofisticadas armas para matar a tantas víctimas.

Es curioso también que países como Arabia Saudita o los Emiratos árabes no ayuden en nada a desplazados de Afganistán, Pakistán, Irak, Siria, etc., cuando la mayoría de esos refugiados son musulmanes. ¿No sería mejor atender a esas víctimas en las partes más seguras de sus países y no desplazarlas a Europa desarraigándolas del lugar donde han vivido, como en el caso de los cristianos, desde hace 20 siglos? ¿Sabemos realmente qué es un desplazado? ¡Cuántas incógnitas! Y, en el caso de los desplazados o refugiados cristianos o de otras minorías no musulmanas, ¡cuánto silencio!

¿No hay solución, preguntamos con frecuencia en este y en otros conflictos? Puede haberla y debería haberla. Lo que ocurre en Siria y en Irak, entre otras cosas, es que interesa (¿a quién?) que en el llamado Creciente Fértil se llegue a un vacío de cristianos, cuando realmente en estos países de mayoría musulmana, los cristianos han sido un elemento de armonía, de nivelación de grupos, de oposición al odio entre facciones encontradas. De este modo hemos llegado a desencadenar la mayor crisis de refugiados desde la segunda guerra mundial.

Pero se dan respuestas; hay, pues, alguna respuesta, en medio de situaciones atroces de odio y de venganza. Curiosamente, una de estas respuestas viene de una monja carmelita libanesa: Madre Agnès Mariam de la Croix, nominada en 2014 para el premio Nobel de la Paz. Ella ha estado con nosotros hace escasamente una semana. Nos ha hablado de su lucha por el pueblo sirio, por la paz y la reconciliación. Con este fin fundó el movimiento “Mussalaha” (“Reconciliación”) y trabaja sin descanso para alcanzar la paz, favoreciendo el diálogo en esta zona conflictiva, negociando el alto el fuego, poniendo en ocasiones en peligro su vida.

Pese a la persecución, extremadamente dura para los cristianos, éstos no han perdido la esperanza. La respuesta de Madre Agnès es la reconciliación a través del perdón. Es una tercera vía entre las respuestas para acabar con el conflicto. Es consciente de que es muy difícil conseguir acabar con el conflicto, pero la vía es justo la reconciliación, que lleva consigo el perdón. La Madre Agnès está convencida del valor del patrimonio para mantener la memoria de la identidad cultural de los cristianos en Oriente medio; por ello fundó la Comunidad de la Unidad de Antioquía para la restauración del patrimonio árabe-cristiano.

Pero no se trata de salvaguardar un patrimonio artístico, considerado desde su lado estético. Se trata de personas, cristianas o no, que necesitan vivir no ahogadas por la intolerancia y el odio, ante la indiferencia de las grandes potencias y la lógica “ilógica” de la guerra y del terrorismo atroz. A través de proyectos de desarrollo sostenible en el Líbano, Siria e Irak, la organización de la Madre Agnès ayuda a personas desfavorecidas. Pero también, con el beneplácito de sus superiores, esta Carmelita fundó el Centro católico de información “Vox Clamantis” en el desierto de Damasco, con el objetivo de ofrecer una acertada información sobre lo que acontece en Siria, y crea el grupo Internacional de Apoyo a la Reconciliación en Siria (ISTEAMS). Algo muy valioso en un mundo de mentiras.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.