Francisco pide «una efectiva fraternidad en el respeto de la diversidad»

RV16563_LancioGrandeEl Obispo de Roma acogió con afecto, el sábado 11 de junio a los participantes en el Congreso dedicado a las personas minusválidas, organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, a quienes recordó el 25° aniversario de la institución del Sector para la Catequesis, para esta categoría de personas, de la Oficina catequística nacional italiana.

Un aniversario que – como dijo el Papa – impulsa a renovar el empeño a fin de que las personas minusválidas sean acogidas plenamente en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos eclesiales. Por esta razón, Francisco les agradeció las preguntas que le dirigieron mediante las cuales demuestran su pasión por este ámbito de la pastoral.

Ámbito pastoral que – como dijo el Santo Padre – requiere una doble atención: por una parte la conciencia de educar a la fe de la persona discapacitada, incluso con graves discapacidades; y, por otra, la voluntad de considerarla como sujeto activo en la comunidad en la que vive.

El Pontífice también destacó la importancia de estar atentos a la colocación e implicación de las personas discapacitadas en las asambleas litúrgicas, puesto que participar en ellas, con su propia aportación a la acción litúrgica mediante el canto y demás gestos significativos, contribuye a sostener el sentido de pertenencia de cada uno.

“Se trata – dijo Francisco – de hacer crecer una mentalidad y un estilo que quite los prejuicios, las exclusiones y marginaciones, favoreciendo una efectiva fraternidad en el respeto de la diversidad que hay que apreciar como un valor”.

El Papa se despidió de estos queridos hermanos y hermanas agradeciéndoles cuanto han hecho durante estos veinticinco años de trabajo al servicio de las comunidades que son cada vez más acogedoras y atentas a los últimos. Vayan adelante  con perseverancia – les dijo – y con la ayuda de María Santísima, nuestra Madre. “Yo rezo por ustedes – añadió – y los bendigo de corazón; y también ustedes, por favor, recen por mí”.

(María Fernanda Bernasconi – RV)

En un ambiente cordial y con la disponibilidad que lo caracteriza, Francisco respondió espontáneamente a las preguntas de algunos de los participantes en el encuentro, antes de entregar el discurso que había preparado.

Entre preguntas y respuestas, risas y cantos, el Papa escuchó atentamente las preguntas que le hicieron tres de los participantes en el encuentro, dos muchachas y un párroco.

Todos somos diversos, las diversidades son la riqueza

La primera joven habló al Pontífice de su experiencia de “diversidad”, del miedo de no saber administrarla y la conciencia de comprender que, finalmente, cada uno pone en el campo lo que tiene. Y el Papa respondió:

“Tantas veces tenemos miedo de la diversidad. ¿Por qué? Porque afrontar una persona que tiene una diversidad “grande” es un desafío y cada desafío nos atemoriza. ¡No! dijo, las diversidades son precisamente la riqueza, porque yo tengo una cosa y tú tienes otra y ¡con estas dos hacemos algo más bello, más grande!, aseguró. Es verdad que hay diversidades que son dolorosas – prosiguió – pero también están aquellas diversidades que nos ayudan, nos desafían y nos enriquecen”.

De ahí el consejo del Santo Padre: “no tengan nunca miedo de las diversidades porque son el camino para mejorar, para ser más bellos y más ricos.”

Poner en común lo que tenemos

Francisco indica entonces el camino para vivir juntos en la diversidad, con las propias diversidades: poner en común lo que tenemos. Y lo hace usando la imagen del ‘estrechón de mano’ entre dos personas:

“Cuando yo estrecho la mano, pongo en común lo que yo tengo, contigo. ¿Si uno estrecha la mano es sincero, no?- pregunta. Te doy la mano, te doy lo mío y tú me das lo tuyo. Y esto nos hace bien a todos, caminar con las diversidades porque las diversidades son un desafío que nos hacen crecer”.

La discriminación es algo feísimo. Todos tenemos derecho a ser mejores y a recibir los Sacramentos

El Papa vuelve a la primera pregunta de Serena, que le hizo notar que no todos los diversamente hábiles son recibidos con alegría o participan en los sacramentos y en la vida de la Iglesia, y dice:

“La discriminación es algo feísimo” asegura. E indica el camino de la conversión a párrocos que no acogen a quien es diverso.

“Si tú eres diverso, también tú tienes la posibilidad de ser mejor”. Y continúa: “¡Todos tenemos la posibilidad de crecer, de seguir adelante, de amar al Señor, de hacer cosas buenas y de entender la doctrina cristiana, y todos tenemos la misma posibilidad de recibir los sacramentos!”

Francisco es interrumpido por una niña que se le acerca. “Viene, viene – le dice – ¡ésta sí que es una valiente! ¿Me das un besito? Le pregunta. Y tomándola como ejemplo, afirma: “Ella no tiene miedo, se arriesga, sabe que las diversidades son una riqueza. Nos ha dado una lección”.

Y dirigiéndose nuevamente a Serena, le dice:

“En la parroquia, en la misa, en los sacramentos, todos son iguales, porque todos tienen el mismo Señor: Jesús; la misma mamá, la Virgen”.

Un apostolado de la ‘oreja’, de la escucha

El Santo Padre vuelve a la primera pregunta, la de un párroco romano, acerca de cómo se puede educar a las comunidades en la acogida:

“O todos o nadie” dice Francisco. “Acoger y escuchar”. “Recibir a todos” y “escuchar a todos”. El Papa afirma que en la pastoral de la Iglesia se hacen tantas cosas buenas, pero, dice,  “hay una cosa que se debe hacer más, que deben hacer los sacerdotes, los laicos, pero sobre todo los sacerdotes: ‘el apostolado de la oreja’, ¡escuchar! Recibir y escuchar a todos”.

Finalmente. el agradecimiento del Pontífice “por este diálogo”, “por esta belleza de las diversidades que hacen comunidad” y “todas hacen a la unidad de la Iglesia”.

(María Cecilia Mutual – RV)

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